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Ernesto alcaraz v
COLUMNA VERTEBRAL

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS


El primer debate presidencial entre los cinco candidatos no logró las expectativas esperadas. Sin embargo, más allá de quién ganó, a mi juicio resultó interesante. En principio, porque la estructura del debate fue mejor que cualquiera de los anteriores. Pero igual de improductivo para lo que la ciudadanía quería saber: ¡Qué proponen y cómo piensan lograrlo! Vimos y escuchamos lo que desde hace semanas y meses hemos estado al tanto por voz propia de los candidatos. En cambio, prevalecieron las acusaciones y el deslinde de inocencia de unos y otros.
Renovaron su credo de tener la solución y la estrategia a los problemas nacionales, pero el electorado sigue en la incertidumbre de quién conviene más y podría  enfrentar los retos del cercano porvenir. Obuses y descalificaciones iban y venían sin mayor aporte a lo que el público quiere saber. Un encuentro ríspido y de pocas e incompletas ofertas.
Y así como en el Futbol Nacional está por definirse la calificación a semifinales, este primer debate representa por igual la primera eliminatoria del Proceso Electoral Mexicano. Será de tres tiempos y un global de 360 minutos. Ya agotaron 120 y no hay una clara definición. En ellos todos buscarán la confianza ciudadana y el voto de los electores. Pero deberán ofrecer una clara y precisa estrategia ofensiva para crecer, y una importante defensa, para evitar la caída. Lógico en toda propuesta y su contraste.
El veterano en estas lides es López Obrador, - 18 años aspirando - y por lo mismo, el más popular. Y si bien tener  64 años no es sinónimo de viejo, sí importa, y mucho, estar actualizado y tener los conocimientos suficientes para el ejercicio y responsabilidad y eficacia que el cargo en disputa requiere.
El novel candidato en lides electorales, pero el mejor y más preparado, es José Antonio Meade. Ha demostrado ser el más centrado en sus propuestas.  Anaya se lució como un polemista opositor agresivo. Pero igual, sin oferta que haya convencido. Y los independientes hicieron lo posible, destacando la propuesta de El Bronco: “cortar las manos a los ladrones”.
Lo que preocupa es que la emoción le está ganando terreno a la razón. Aunque ya se expresan reacciones ciudadanas y grupales para influir en el colectivo ciudadano a fin de ahuyentar el sentimiento de desencanto y frustración popular y que el razonamiento incida en la decisión de los votantes. México, sin duda, requiere de un líder serio que inspire respeto y confianza y que pueda con el peso del Poder Ejecutivo. Y sobre todo, que tenga solvencia para gobernar.  
El  domingo Andrés Manuel se salvó, dicen algunos analistas. Que lo tenían acorralado, pero la indecisión pautada y la tardía reacción de sus competidores le permitieron que “saliera por piernas”. Cómo decía Enrique “Perro” Bermúdez, “lo tenían, lo tenían… pero lo dejaron ir”. Pero la actitud personal de Andrés Manuel, al abandonar el Palacio de Minería, recinto del debate, reflejó lo abatido que se encontraba. Al principio se creía que la actitud de brazos cruzados durante gran parte del debate y su negativa a responder a los señalamientos, era su estrategia. Pero su descortesía con los demás contendientes, y su lento caminar y actitud de tristeza al final del encuentro, lo dijo todo: Mostró su derrota. Fue cuestión de observarlo. Nada del AMLO seguro y triunfador. Mostró su vulnerabilidad.  
Andrés Manuel  fue parco en su defensa ante acusaciones y comentarios negativos a su pretensión. Y cuando se decidió, su reacción fue apagada y tardía. Un Psicólogo experimentado lo dictaminó así: La actitud de brazos cruzados observada en AMLO fue una expresión  de temor e inseguridad ante la embestida de sus contendientes. Sabía que lo iban a tundir, pero no tenía muy claro qué actitud asumir ni qué respuestas ofrecer.  Qué se le fueron de a montón, es porque él los provocó: “Ni juntos me ganan”, les dijo.   
Finalmente, se puede advertir que en los siguientes dos debates los indicadores preferenciales se modifiquen. Y se descifre esa paradoja electoral: ¿Por qué López Obrador, está en el cenit de las preferencias ciudadanas cuando sus propuestas de gobierno son inciertas y controversiales, y su discernimiento político incita a la confrontación social? Lo digo, porque más allá del malestar justificado de la ciudadanía, debe entenderse que en estas elecciones no sólo está en juego el cambio de los poderes públicos, sino que se juega el futuro y la gobernabilidad del País.