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alcaraz ernesto
COLUMNA VERTEBRAL
ERNESTO ALCARAZ VIEDAS


    En política Aristóteles ofrecía un principio básico: Que las cosas no pueden ser y ser a la vez. Hablaba de la No Contradicción. Así concebía el destino del pensamiento: Congruencia en lo que se piensa, se dice y se hace. Quienes se apegan a estos criterios generan confianza y certidumbre y motiva la participación ciudadana. Y menos dudas en la toma de una buena decisión al mandato representativo.    
    Hoy, las campañas se desarrollan entre la narrativa chusca, la descalificación y las frases ocurrentes en medios, que incitan el fácil aplauso y hacen causa común entre los simpatizantes y seguidores. Pero es hora que se ofrezcan argumentos sólidos y se profundice en los temas centrales de la agenda nacional, que son básicamente los problemas que padece la población.
Y una actitud crítica, que evite la propuesta fácil por el aplauso generoso, es un logro de largo plazo porque las concentraciones para discursar se programan con gente afín, de seguidores y promotores. Lo que diga no trasciende. Y por la naturaleza de esas audiencias, las actitudes suelen ser acríticas.  
Por eso se dice que la campaña no calienta, que son frías. No, es la temperatura que les conviene y en la que se sienten más cómodos, seguros y protegidos. Pero en el ya cercano 22 de abril tendrán que mostrar a los electores todo lo que tienen y lo que son, cuando contrasten sus propuestas en el primer debate que programa el INE.
Se espera un debate serio y de propuestas, más allá de las descalificaciones,  los señalamientos y las diatribas. Que impere lo primero, sería enriquecedor, aunque serán inevitables los “encontronazos” aderezados  de diatribas y acusaciones.
A los políticos en competencia electoral les es difícil aceptar el debate cuando carecen de cultura política y capacidad técnica e intelectual. Así, Andrés Manuel López Obrador teme verse frágil, porque podría afectar su imagen y pondría en riesgo su posicionamiento ante el electorado. Y lo peor, reflejar que no es indestructible.
Él prefiere auditorios controlados y con seguidores fieles o afines. Que luzca su liderazgo y oratoria… y no arriesgue. Poder jugar con las frases y con las cifras y lanzar sus contagiosas consignas. Se advierte que el debate político de contrastes, no es su fuerte. No se le da. De ahí su preocupación. Pero ya dijo que a los tres va a asistir.  

Ricardo Anaya por su parte, es considerado un debatiente contundente y eficaz. Su agresividad y lenguaje fluido le hacen sentirse seguro. Tiene fortaleza discursiva y coraje político, pero carece de esa experiencia argumentativa del conocimiento de la cosa pública. Y tiene un gran mérito: sabe evadir los ataques y suplirlo por los suyos.  
José Antonio Meade es sereno, tiene vasta experiencia en el ejercicio público y emite con facilidad sus propuestas. En su experiencia administrativa se basan sus ofrecimientos y respuestas razonadas frente al competidor. Y eso le podría aportar un reconocimiento mayor como candidato presidencial. Es su gran oportunidad. Ésta y las que le siguen.
En lo que respecta a Margarita Zavala y al recién “aceptado” candidato, Jaime Rodríguez, poco hay que decir. Margarita no ha delineado un discurso – propuesta  que identifique su agenda electoral y plan programático. Sólo esperar su desenvolvimiento. Y a “El Bronco”, sólo se le conocen consignas y acusaciones a través de Twitter.  
Quizás el debate no se signifique por las propuestas, pues los contendientes arrastran muchos resabios, acusaciones y rencores que inhiben un debate de formulaciones. El INE presume que será un ejercicio libre - previa temática aprobada - abierto y participativo. Lo cierto es que el entusiasmo ciudadano crece. No por las proposiciones,  sino por lo que cada quien diga de cada cual.