50 AÑOS DESPUÉS; 2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA ****

AlfonsoAraujo

LA NUEVA NAO

ALFONSO ARAUJO

 

Mi niña tiene 5 años y está yendo a preprimaria china. ¿Es la imagen de una escuela totalitaria como a veces se propone en los medios? Para nada. Las instalaciones son grandes, limpias y bastante seguras. El personal incluye dos guardias en la puerta y dos maestras por cada salón de 18 niños. 

Las escuelas más tienen una tarjeta RFID para la persona que lleva y recoge al niño, y debe pasar por un lector electrónico a la puerta. Los guardias se saben de memoria el nombre de todos los niños y de ninguna forma los dejan salir si la persona adulta no está con ellos. Además, hay un par de médicos sentados en la puerta viendo que los niños no tengan inflamaciones que puedan ser una infección, y una vez que les ven la garganta, les dan una ficha verde que luego el niño pone a la entrada de su salón.

El horario es de 8:15 am a 4:30 pm. La colegiatura incluye la comida, que dicho sea de paso es bastante abundante e incluye vegetales que a veces en casa se rehúsan a comer, pero que las maestras se afanan en que terminen. 

Otra característica de este horario es que después de la comida (11:45) toman una siesta de una hora y cuarto. Cada dos salones de clase tienen asignados un dormitorio.

Los salones tienen lo que cabría esperar de un salón para niños de esa edad, como juguetes de construcción, implementos de dibujo y otras manualidades.

Pero además hay clases de ajedrez chino, carpintería básica y una gran variedad de “estaciones de juego” que incluyen uniformes, donde los niños aprenden a jugar a los bomberos, policías y otras profesiones; y además aprenden las interacciones típicas de la vida diaria haciendo simulaciones en restaurantes, tiendas, hospitales y otras más. Y por supuesto, con la tradición agrícola china, no puede faltar que cada salón tenga su propio jardín, que los niños plantan y cuidan.

Desde luego, no todo es idílico. El otro día, de regreso de la escuela a casa, mi niña iba sentada tras de mí en su silla de la bicicleta, cantando. No le iba yo haciendo mucho caso, hasta que me llamó la atención algo en la letra que cantaba: una canción anti-japonesa de los 80. 

Me detuve en seco y le pregunté qué de dónde había sacado esa canción, me respondió que la aprendió en la escuela. Así que me puse a explicarle un buen rato que esa canción no debía cantarla y además a decirle de todas las cosas japonesas que le encantan, como Hello Kitty, Hatsune Miku, el tigre Qiaohu o Pokemón. No la ha vuelto a cantar, pero sigo al pendiente.

El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China.

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