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Ernesto alcaraz v
COLUMNA VERTEBRAL

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Ya está en el ánimo de los electores un sinfín de preguntas que se vienen repitiendo desde el inicio del proceso electoral y serán temas candentes en los 85 días que restan de campaña. Preguntas cuyas respuestas ya asoman a la reflexión. Éstas son algunas: De ganar AMLO, ¿piensa que nos iría mejor? ¿Conviene al País “descarrilar” las reformas estructurales sobre materia energética y educación? ¿Es la Reforma Energética una usurpación del subsuelo nacional y un atentado a la Soberanía Nacional? ¿Suspender la construcción del Nuevo Aeropuerto es recomendable?

¿Dejará el Estado ser rector de la Educación y se someterá a los intereses contrarios de la sociedad?  ¿Con abatir la corrupción y sanear las finanzas, alcanza el presupuesto para cumplir con todas las políticas asistenciales que se proponen? ¿Pregonar que con el ejemplo personal de un mandatario basta para reencauzar el comportamiento ético de los servidores públicos, la moralidad social y una mayor participación ciudadana?
Otras más: ¿Es benéfico para el gobierno enfrentarse a la clase empresarial habida cuenta que es un factor importante para el crecimiento y desarrollo económico del País? Recordemos que el gobierno no crea empleos, son los empresarios e inversores quienes los producen. Son cuestionamientos que implica razonar, reflexionar y meditar la respuesta, y mejor aún, sean los nutrientes del voto consciente.

Porque nuestro compromiso cívico y el deber cumplido debe residir en escoger el mejor perfil para el cargo en disputa. Sería, de entrada, un riesgo creer que todo está en la decisión unipersonal de quien quiera gobernarnos. Son las instituciones las que deben regular y promover la vida nacional. Tampoco la gobernabilidad es cosa de caprichos y visiones distorsionadas. Además, toda democracia requiere del pensamiento libre y crítico de la ciudadanía, pues no puede funcionar con un gobierno autoritario.

Hay que entender que todos los candidatos, los cuatro, vienen por nosotros y  quieren convencernos para que votemos por ellos. Y nos ofrecen recetas de solución de todo tipo, según sea el problema que les planteemos. Es su función por su aspiración. La nuestra es estar convencidos de sus respuestas.  Seguramente será cruzada la boleta por un solo candidato, que significa en automático, el rechazo a los otros tres. No importa, en toda democracia participativa lo normal es que sólo uno gane. Y somos 89.3 millones de votantes que tendremos ante nosotros ese responsable derecho. AMLO ya dio un anticipo sobre las preguntas que nos inquietan: “No nos puede ir peor”.

AMLO es la figura del concierto electoral pues va como puntero en las encuestas. Pero se “desfigura” cuando de analizar, explicar y detallar sus propuestas se trata, se enreda con lo que declara y descalifica a quienes no piensan como él. Sus acciones traen en sí los “genes” del populista autoritario que manipula el descontento popular y enajena con sus recetas reivindicadoras. Y porque sabe que no podrá cumplirlas, juega con la incertidumbre ciudadana y el engaño. Y si algunos de sus feroces detractores de ayer, que hoy trabajan para él, quieren convencernos  que “ya no es un peligro para México”, tampoco dan certeza que con AMLO, México gana.

No cuestiono ni defiendo a ningún seguidor de candidato alguno. Usted como yo, posiblemente ya tenemos nuestro preferido y la decisión tomada. Tampoco soy nadie para juzgar si es convencido, fiel o convenenciero. Lo que me alarma es que el fanatismo cruzó ya la línea de la sensatez. Para ellos, lo real se ha vuelto etéreo. Los graves problemas nacionales que tanto denuncian y nutren las emociones ciudadanas, serán resueltas en un “tris” con las “recetas simples” de AMLO.

Por ello, se percibe que una importante porción del electorado está en espera de las mejores ofertas presidenciales y de sus fortalezas para defenderlas y convencernos. Para ello, tendremos tres momentos, 3 debates, para entenderlos y orientar con mayor certeza el sentido de nuestro voto. Por lo pronto, paciencia y prudencia.