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JUAN ALFONSO MEJIA
KRATOS

JUAN ALFONSO MEJÍA LÓPEZ

Lo educativo será parte de la agenda electoral, aunque no necesariamente por las razones correctas. Como todo lo que sucede este año en el país, lo electoral pretende reducir cualquier tema a un asunto de “votos”. Resulta inocente imaginar que esta efervescencia no tocará el interés supremo de la niñez y juventud, y su derecho a aprender.

A continuación comparto tres motivos que me llevan a pensar que lo educativo puede definir, si no la elección en este momento, sí al candidato que pretenda enfrentar a Andrés Manuel López Obrador:

Primero, AMLO fue el primero y, probablemente el único hasta ahora, en pronunciarse claramente respecto a la transformación educativa: no la quiere y propone una contrarreforma. Utiliza a los maestros como “coartada”, aunque en realidad coquetea con las cúpulas sindicales para regresarles el control total sobre “el magisterio”. Apuesta por el control corporativo de los docentes, y para ello quiere eliminar el concurso de ingreso y permanencia al Servicio Profesional Docente (SPD). Con su propuesta ya forzó a que sus oponentes se definan, porque polariza al electorado.

Segundo, la elección presidencial se definirá en lo local. Las nueve gubernaturas en juego concentran 40 por ciento del padrón electoral del país. La centralización de la nómina docente en 2014 a través del Fondo de Aportaciones para la Nómina Educativa y el Gasto Operativo (FONE), significó cerrarles la caja chica a los gobernadores. Al día de hoy, el gasto en educación en los estados representa entre el 45 y el 55 por ciento de su presupuesto estatal. Entre 2015 y 2016, se redujo el gasto en comisionados sindicales en un 99 por ciento y para 2017, ya no se pagaba con recursos federales a ninguna persona adscrita al sindicato. Todo esto sucede con la nómina federal en los estados, pero la estatal aún debe ser depurada.

Tercero, la fuerza del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ya no es la misma. Durante años, elección tras elección, el SNTE y la CNTE vendieron su apoyo al mejor postor a cambio de prebendas para los líderes sindicales. Esto ya no funciona como antaño, por la simple razón de que la estructura está “rota”, los concursos de oposición de ingreso y desempeño docente la resquebrajaron.

Para ilustrarlo con mayor claridad, en Jalisco, uno de los estados con el padrón electoral más grande del país, 40 por ciento de las y los directores de educación básica ganaron su nombramiento por concurso, ¿por qué habrían de apoyar cualquier consigna venida desde sus supuestos líderes? Lo mismo sucede con Oaxaca y la Sección 22, cada vez dispuesta a más porque ésta venida a menos.

Los candidatos quieren votos; los ciudadanos queremos gobernantes que garanticen el derecho a aprender de la niñez y juventud en México. El tema educativo puede influir en quien sea el próximo Presidente de la República, busquemos que sea por las razones correctas. Y ahí sí: “haiga sido como haiga sido”.


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