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ARTURO SANTAMARIA
ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

El PRI con la candidatura de José Antonio Meade ha roto con varias tradiciones y normas. La primera fue inclinarse por un candidato a la Presidencia de la República que no pertenece a sus filas. La segunda, no menos importante, es que ha dejado en un segundo plano los actos electorales masivos.

Con la primera, se pensó en Los Pinos, que no entre la mayoría de sus militantes, que ante el desprestigio del tri lo mejor era escoger a un candidato que no fuera de su partido y con fama de honesto porque sus miembros no son vistos de esta manera. Estos preferían a uno de los suyos, como Osorio Chong, pero Peña, Videgaray y la tribu del ITAM, decidieron que fuera un foráneo, como Meade.

A juzgar por lo que hasta la fecha revelan las encuestas, los atlacomulcos e itamitas se equivocaron, aunque, quizá, ningún otro candidato con las características que fueren sacarían adelante al tricolor porque el problema está en el partido y no en el candidato. El PRI ya trae un lastre histórico enorme, probablemente irreversible, y por otro lado, en Los Pinos está, representándolo, el Presidente más desprestigiado en la historia contemporánea de México. Al PRI y a Peña Nieto a nivel nacional no lo aceptan más del 25 por ciento de los mexicanos y esa cifra es la que aproximadamente se le concede a Meade en las encuestas. Es decir hay una correlación casi directa entre el rechazo al partido, a Los Pinos y a su candidato para la Presidencia.

Peña y Videgaray pensaron que bastaba un individuo con fama de honesto y experimentado para sacar al PRI adelante. Las mediciones mes tras mes nos dicen que no. Meade no levanta vuelo aunque la gran mayoría de columnistas y medios estén a su favor. La propaganda tradicional en esta ocasión no ha podido batir a un rival comunicativo alterno e ingobernable: las redes sociales. Pero, sobre todo, no puede ocultar la desquiciada corrupción, la brutal violencia y el fracaso de un modelo económico que a lo largo de más de tres décadas ha profundizado la desigualdad y promovido la concentración de riqueza.

El grueso del electorado mexicano ve a Meade como un miembro de un sistema que no funciona bien y por eso no lo acepta.

Para colmo de males, los nuevos dirigentes del sistema, poniendo en primer lugar a tolucos e itamitas, son tan arrogantes que no escuchan al priismo de abajo ni a los viejos tricolores, lo cual ha minado profundamente al partido.

Meade ha resultado tan poco efectivo que en el PRI se han visto obligados a encapsularlo en ambientes protegidos y descafeinados haciendo de lado los actos masivos. Probablemente no hay antecedente alguno en el que, por lo menos en Sinaloa, en la primera visita un candidato priista haya renunciado a un acto abierto y masivo como sucedió este martes con José Antonio Meade.

Una de dos: 1) no quieren que el cinco veces ex Secretario de Estado hable en eventos masivos porque no sabe hacerlo con eficacia; adormece porque no es un tribuno, no es enfático al grado que parecería carecer de carácter o 2) No habla en eventos públicos porque no quieren exponerlo a rechazos, burlas o la iracundia de grupos ciudadanos.

No deja de ser paradójico que el partido que inventó los acarreos, el partido que presumía a las masas en todos sus actos de campaña ahora los dosifique o renuncie a ellos debido a las características de su candidato a la Presidencia.

Las pocas posibilidades de que Meade y el PRI remonten la cuesta no dependen del candidato ni del partido sino de los errores que puedan cometer sus contrincantes y de la operación electoral del Gobierno. En años recientes el PRI sin esta última no gana ni una. En realidad, cuando el tricolor se queda con una elección lo hace en base a la operación gubernamental.

El otro escenario posible en el que Meade se pueda ver competente es en alianza con Margarita Zavala, siempre y cuando ésta no lo rebase en las próximas encuestas. Si tomamos en cuenta la más reciente de Parametría Margarita está tan sólo a cuatro puntos del candidato del PRI. De ser cierta esta encuesta y la tendencia ascendente de Margarita, no es descartable que la ex panista alcance o supere al gélido neo priista y Peña se viera obligado a descartar a Meade y apoyar a la candidata independiente.

Finalmente, no sobra decir que una de las contradicciones flagrantes del PRI sea criticar el providencialismo de López Obrador y quiera hacer creer a la ciudadanía que Meade por no ser priista y no ser corrupto -aunque sí solape la corrupción de priistas- pueda cambiar mágicamente al partido que lo postula. Meade la tiene mucha más difícil que el Peje porque él solo iría contra todo una ideología del poder que practican cientos de miles de funcionarios y militantes partidarios, hecho que no demostró como Secretario de Hacienda de Peña Nieto.

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