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AlfonsoAraujoLA NUEVA NAO
ALFONSO ARAUJO

Decíamos la semana pasada que se avecinaba una disputa que podría pasar a mayores si EEUU, además de los aranceles al acero y aluminio chinos, se decidía a poner impuestos adicionales como lo habían anunciado. Durante la semana se dijo que en efecto eso hará ya que China, comprensiblemente, anunció medidas compensatorias. En menos de 24 horas, China anunció de nuevo que si bien no quieren una guerra comercial, tienen “esquemas muy detallados” de cómo aplicar impuestos a más importaciones estadounidenses. Esto es, que no solamente ponen aranceles a lo bestia como lo está haciendo la Casa Blanca, sino que como ya lo demostraron, los pueden enfocar en productos que quizá no sean demasiado importantes en número absolutos, pero definitivamente pegan a Trump donde le duele: en su base rural.

Ahora bien, Trump es un hocicón y muchas de sus bravatas no llegan más que a eso, con su nueva forma de hacer política a través de Twitter. Muchas de sus ideas desquiciadas no llegan a nada, por ejemplo el muro, pero buscan más bien crear confusión. China, por otro lado, no está confundida y no gusta de ese estilo: sus líderes son personas extremadamente metódicas y su forma de diplomacia es muy formalista. O sea, no son dados a hablar a lo baboso, diríamos. Esto puede tener repercusiones en los siguientes meses. Si bien en EEUU poquísima gente pensante quiere una guerra comercial con China, podría ser que al echar marcha atrás, puedan pedir alguna concesión respecto al tratamiento de sus productos y servicios en el país oriental, para sacar algo de esta conflagración. China igual podría otorgarlo, para salvar un poco de cara al gobierno estadounidense. Pero el problema de esta agresión inicial es que no tiene un plan: esto es, cuando alguien se decide a usar un arma tan poco bienvenida como las tarifas, se pide algo a cambio. Algo muy preciso y definido. EEUU parece decir simplemente, “te pongo tarifas para que cambies tus acciones”. Lo cual no dice nada en absoluto; no hay una requisición específica de si se busca un número o una regla en especial en un sector en especial. Si se tratara de un país más débil, contestaría, “muy bien, voy a cumplir lo que quieres, pero, ¿qué demonios quieres?”

No es claro si estas barbaridades diplomáticas se vayan a traducir de hecho en una guerra comercial. Es probable que no, y que pueda llegarse a un acuerdo.

Pero seguimos siendo testigos de una profunda ignorancia en las formas, incluso para pedir las cosas.

El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China.

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