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manuel cardenas fonsecaMANUEL CÁRDENAS FONSECA

América lleva siglos atrás del desarrollo social europeo y no dejan de verse, de una manera u otra, más que liderazgos y caudillismos bizarros (valientes). Sin embargo, son nuestra realidad habida cuenta de cómo se ejerce el poder desde los cargos públicos disponiendo de los programas y de las imágenes para enloquecer a las multitudes y que los vean debidamente acompañados cómo y con damas de la caridad.

En Europa está muy bien acotado el qué y cómo del cónyuge del Jefe de Estado y/o de gobierno, sea varón o mujer y si se pasa de la raya no hay impunidad para el que detenta el encargo o para quien lo acompaña como consorte.

Ya Estados Unidos de América desarrolló la imagen de Hillary pero la sociedad no cayó en la trampa (al menos la mayoría de los votantes no lo hicieron) quién después de primera dama -como se les da en llamar (ufff)- y ejerciendo el poder de manera fáctica, brincó con la información obtenida a cargos de poder burocráticos y pretendió gobernar a pesar de ser encubridora de las peores bajezas desde el poder de parte de su marido William.

Pero Estados Unidos de América no es América Latina y menos México y la costumbre de manejar la imagen de la cónyuge para dar “asistencia” a los desvalidos, usando la estructura de gobierno y los dineros del pueblo sin ninguna restricción ni obligatoriedad de rendir cuentas ni ser sujeta de la ley de responsabilidades, ha permitido que las esposas pasen de ser mera figura decorativa del ejercicio gubernamental a verdadero poder fáctico (lo que no ha ocurrido con los cónyuges cuando la mujer llega al poder por méritos desde el origen).

Sin duda, en América Latina la historia es otra, desde Nicaragua hasta Argentina y, volviendo a México, los hechos, las leyendas urbanas y los comentarios de sociales pasan desde la señora de López Portillo hasta “Marthita”, y, ahora, quisieran meter en ese costal a Margarita, quién tuvo vida política propia antes de que su esposo fuera más destacado que ella en encargo político partidista y gubernamental.

Imagino que Luis Echeverría no encontró mejor manera de mantener lejos a su esposa que creando el espacio en la burocracia sin responsabilidad alguna para ella en la disposición de los bienes públicos y, allí, sugiero, empezó esta descontextualización de ser sólo cónyuge que hoy nos trae casi postrados por la ilegalidad de la actuación.

Cada vez hay mayor evidencia del crecimiento de esta práctica, que no tiene que ver con género y que se aleja cada vez más de la historia de las “juanitas”, y que lo que realmente representa es el mantener el poder en manos de una familia y el construir famas y candidaturas al amparo de “figuras” y prácticas no reguladas ni fiscalizadas.

 A pesar de todo ello, nadie ha querido entrarle al tema, y cuando planteo en mesas de negociaciones y acuerdos previos para ver si transita el cambio legal y poder acotar el tema debidamente en el ámbito federal, resultan más ronchas que cuando pido que los servicios de las iglesias sean debidamente fiscalizados para su pago de impuestos.

Nuestra historia plantea mujeres que llegaron al poder con méritos propios y ejercieron la acción de gobierno sin ser consortes, primeras damas o ejercer estas funciones para de allí brincar, del poder fáctico y la disposición de bienes discrecionalmente, a competir para gobernar.

Sin embargo, es tiempo, urge, que en los congresos estatales y la próxima legislatura federal establezcan claramente regulaciones en la materia que acoten y dejen claro que sí y que no. En otros países con sociedades más responsables se acota hasta el gasto en vestuario y presentaciones.

Ya tenemos candidata a gobernadora en Puebla, en todo su derecho pues no hay limitación alguna para haber ejercido el poder ampliamente y sin restricciones al lado del cónyuge gobernador y, sin más mérito que ser la cónyuge que pudo presentarse a la sociedad como la entrega dádivas y salva vidas, buena gente que no estuvo sujeta a la ley y, saben qué, muy probablemente ganará.

En Sinaloa, si esto no se legisla responsablemente, en forma inmediata, y se sujeta la participación bajo regulaciones tales que al cónyuge se le considere servidor público y entonces sujeto a la ley de responsabilidades, a la transparencia y la rendición de cuentas, tendremos, en  próximas elecciones, cónyuges, maridos, esposas, consortes o como les quieran llamar de alcaldes y gobernadores (mujeres y hombres), provenientes de esa figura tan amorfa y discrecional que es el Sistema Integral de la Familia que, hasta hoy, sólo ha sido explotado, hasta donde sé, por mujeres, ya que los hombres no se han animado, en la plena discrecionalidad y peor que cualquier mesías y vende patrias montándose en la lástima y el lomo de los jodidos.

Sinaloenses: ¿Están preparados para tener gobernador o gobernadora proveniente de explotar sin regulación alguna el gasto público vía triangulaciones o donaciones?

Sinaloenses: ¿Saben el costo a pagar si se lleva al poder la mezcla de falta de entendimiento de la función primigenia del Estado con dosis de frivolidad? Ya hemos visto y estamos sintiendo la herencia y el costo de hombres llevados al poder que gobiernan desde la frivolidad o la hormona mezclada con la neurona y sus frustraciones sociales y de personalidad (de hace ya varios sexenios).

Piénsenle bien y, si así lo quieren, pues que así sea.
¡Muchas gracias y sean felices!

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