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Ernesto alcaraz vCOLUMNA VERTEBRAL
ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Cuando el pasado se escudriña y se analizan sus circunstancias y entorno, aparecen cosas y acontecimientos que han cambiado de lugar y prescrito con el tiempo. Dicen los expertos que es necesario indagar nuestro pasado para entender el presente y proyectar el futuro. Porque nos permitirá comprender la compleja realidad que nos ha tocado vivir y prepararnos para retos mayores. Lo que extraña es, que si todos los candidatos cuentan con expertos y asesores en política económica, en crecimiento y desarrollo social y en seguridad pública, ¿por qué son tan disímbolas y contradictorias las propuestas que nos ofrecen? ¿Son dos México distintos?
Lo digo, porque se nos están ofreciendo dos Plataformas electorales con modelos de gobierno diferentes. Aunque es justo decir, que los cuatro candidatos inciden en ejes comunes: Desigualdad y pobreza, corrupción y seguridad pública. De lo que aún no convencen, es cómo lo van a lograr. AMLO, por su parte, quiere volver al “Desarrollo Estabilizador”, lo que me parece muy buena intención. Pero – y aclaro es lo que pienso, no soy nadita de experto – él está hablando de la época de don Adolfo Ruíz Cortines, hasta llegar a los 70’s. Es decir, 20 años de seguridad y progreso. En esos años se crecía al 7% anual, estabilidad económica que añoraba cualquier país de la región y de los continentes. Esa etapa del pasado nadie la discute. ¡Qué regrese!
Pero a esta época le sobrevino otra – 70’s y 80’s - de despilfarro económico en la época del “populista”, Luis Echeverría y José López Portillo. Del primero todavía se recuerda el encontronazo con gobernadores que solicitaban redireccionar la política económica del Régimen. Y la contundente respuesta del Mandatario: “La Política Económica se diseña en Palacio Nacional”. Y se acabó cualquier intento de diálogo, contimás, a petición de parte. Y le siguió José López Portillo, que atenido al “Boom Petrolero” aparte del excesivo gasto gubernamental no programado, dio vista a graves síntomas de corrupción. Esta narrativa ya es muy conocida.
Sin embargo, vale la pena recordarla. Porque hoy no tenemos recursos financieros suficientes y los volúmenes de producción y precios del petróleo están a la baja. Pero algo bueno ha sucedido: El País no depende ya sólo de los ingresos del petróleo. La economía se ha diversificado y las exportaciones y divisas del extranjero a México le han dado fortaleza económica al País.  Por eso mi pregunta: ¿En qué etapa del pasado nos quiere anclar Andrés Manuel López Obrador, si las circunstancias y el modelo neoliberal se impuso sobre todo nacionalismo? Vivimos dificultades económicas y sociales que no deben agravarse por el convulsivo proceso electoral que estamos viviendo.
Hay que fortalecernos como Nación respetando los principios democráticos y enmendando lo que se tiene que corregir. Para hacerlo hay que entender que la pluralidad nacional no  debe ser un impedimento, sino su fortaleza, porque encaramos el pensamiento libre y la autonomía de acción. Raíces acreditadas con firmeza, que hoy se agitan ante las nuevas y complicadas acechanzas políticas,  económicas y sociales.
Y lo que se observa hoy es que ni Ricardo Anaya ni Andrés Manuel López Obrador garantizan estabilidad económica, ni son confiables sus propuestas para abatir razonadamente la desigualdad y la pobreza. Porque hemos constatado que los programas asistenciales sólo son un paliativo, un espejismo, más no una política pública que mejore la calidad de vida de las personas. En cambio, José Antonio Meade tiene propuestas claras y al parecer viables, que se cuestionan, porque es la “continuidad” del actual Régimen y porque el partido que lo postula, está muy desacreditado. Pero México es más que un partido político, depende de talento para gobernar y de políticas públicas reales y no sugestivas o engañosas.  
Por eso los electores tenemos la gran oportunidad de diseñar nuestro futuro. Y si la el voto va a darse por la capacidad personal y profesional de los contendientes y por sus propuestas… la decisión final no está escrita. Estoy de acuerdo que debe corregirse lo disfuncional y fortalecer lo que bien opera. Fortalecer las instituciones y no depender de la voluntad personal del gobernante. Hay posiciones muy claras y otras confusas, y es nuestro  compromiso, escudriñar en ellas. Por eso el crédito ciudadano a los perfiles de los presidenciables merece toda la atención y la deliberación de aquí al 1 de julio. Una campaña de 90 días que merecerá atención, reflexión y meditación ciudadana. Y sea la razón y nuestra conciencia las que sustenten el sufragio.