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arturo izarraga hARTURO LIZÁRRAGA HERNÁNDEZ

Ya lo habíamos advertido. Cuando iniciamos el apoyo para lograr un mejor servicio de agua potable para la “Colonia 7 de Abril” de la cabecera de sindicatura de Villa Unión y, luego, para los desplazados de la sierra en las colonias marginales de Mazatlán (y ahora que se han regresado), sabíamos que se acercarían a ellos militantes y partidos políticos sólo para fines electorales y cuando se iniciaran los procesos. En aquellos primeros meses ni quien se acordara de ellos. Hasta hubo quien nos recomendó que no fuéramos a la “7 de abril” pues estaba “muy caliente” el ambiente por los balazos que por ahí cruzaban; en cuanto a los desplazados, nos decían que tuviéramos mucho cuidado, pues no se sabe “cómo anden”, dados los estigmas que sobre ellos recaen.

Pues bien, ya este año, antes de que se iniciara el proceso electoral las promesas y “apoyos” comenzaron a llegarles de parte de aquellos que nos cuestionaban. En una ocasión reciente, cuando nos detuvimos en La Guayanera, Concordia, con la intención de interactuar con las personas que ahí se encontraban, los habitantes nos preguntaron con insistencia quienes somos, qué hacíamos ahí. Una vez que respondimos que simplemente llevábamos algunas cosas que habíamos acopiado entre los mazatlecos como un gesto de solidaridad y sin intenciones electorales, nos dijeron: “Es que miren, estos días ha estado viniendo gente a traernos que ropa, que despencitas. Luego se toman muchas fotos con nosotros, y ya para irse nos dicen que votemos por fulano de tal. O por tal o cual partido. Pensábamos que ustedes venían también por algún partido de esos”.

En efecto, aquel día que iniciaba la Cuaresma los militantes ya estaban haciendo campañas en los lugares de la región serrana para ir ganando tiempo al tiempo y votos de los ciudadanos. Los militantes de un partido, el oficial, para consolidar el sufragio para sus candidatos; otro, uno de oposición, para aprovechar el descontento que ya había en contra el gobierno, pues uno y otro se habían olvidado de aquellas personas cuando recién les tocó vivir la tragedia de que fueron objeto. Ya cercanas las elecciones, los activistas políticos se acordaron de las necesidades y carencias de aquella población... Apostando al olvido de aquellos olvidados, pues ahora sí habría que acercarse a ellos y ganar su voto.

En los pueblos serranos, además de los apoyos informales de los activistas, ya empezaron a llegar los formales del gobierno, con evidentes intenciones de que voten por el partido en el poder: están entregando gallinas ponedoras, material de construcción, se hacen estudios de factibilidad para cultivos alternos y los servicios de salud y educación -aunque con deficiencias notables- empiezan a regularizarse: la Sagarpa, la Sedesol y otras dependencias del Gobierno del Estado ahora sí están muy interesadas en las personas. Está bien para los campesinos, pues por lo menos de esa manera se les restituirá parte de los bienes que ellos mismos han generado con su trabajo y que por siempre se les ha escamoteado.

Pero la rabia y el coraje persisten. Después de las tragedias que vivieron, agravadas por la desatención gubernamental, será difícil que aquellos ciudadanos se olviden de sus terribles vivencias y de las deudas que, con ellos, tiene el Estado. El terreno es fértil para los partidos de oposición, sean los de la coalición “Por México al Frente” o sean los que integran “Juntos Haremos Historia”. 

Principalmente esta última, pues podrán aprovechar el posicionamiento que AMLO tiene en todo el país y de quien los campesinos ya tienen conocimiento. El PRI, por su parte, con el apoyo institucional está tratando de volverse a congraciar con ellos y recuperar la confianza perdida: posiblemente logre recuperar “voto verde”, pero no con la magnitud y facilidad con que antes lo hacía.

El enojo, aunque haya quien piense lo contrario, también lleva al aprendizaje del “arte de la resistencia” -como lo llama James Scott-, y los campesinos lo están haciendo. “Roma no se construyó en un día”, me gusta repetirlo ante quienes desearían que, desde ya, se iniciara una insurrección ciudadana como las ha habido en otros países: la apuesta no debe ser sólo para 2018, sino más allá.

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