50 AÑOS DESPUÉS; 2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA ****

manuel cardenas fonsecaMANUEL CÁRDENAS FONSECA

La polarización en todos los campos no es algo nuevo y ha sido motivo de discusión y debate durante muchas décadas y desde diversos ángulos. Pero no por ello, deja de ser preocupante cuando vemos que en lugar de contenerse, se está reavivando de manera rápida en el mundo y empieza a tener efectos negativos en las relaciones internacionales y al interior de las sociedades. Esto se refleja en los gobiernos nacionales y se recrudece en los gobiernos sub nacionales por la poca habilidad o experiencia en el gobernador o alcalde, que al ejercer el encargo son más proclives a la arrogancia, prepotencia, vanidad, frivolidad, entre situaciones que pueden presentarse al ejercer el encargo.

Lo más impactante, es que desde las altas esferas de países poderosos y organismos internacionales, que en muchos casos sólo simulan, se está impulsando la polarización, como una herramienta para mantener el control económico, político y social, en pocas manos, como pareciera ser que se busca en él y desde el gobierno federal y el estatal, en el caso Sinaloa.

Polarizar parece haberse convertido en la principal estrategia para ganar espacios políticos en el entorno internacional y al interior de las naciones, y también lo ha sido en materia económica, para mantener las supremacías de unos países sobre otros, o de unos empresarios sobre el colectivo.

Cada vez más con mayor velocidad se está dejando atrás, el sueño igualitario de las naciones y las propuestas de desarrollo compartido y de bienestar para todos. En el orden económico mundial, se está reafirmando y redefiniendo quienes son los que mandan y quienes son los que los siguen.

El Informe de Riesgos Globales 2017 del Foro Económico Mundial ha señalado que la desigualdad económica puede agravar sustancialmente los riesgos globales, tanto en materia económica como política. Pero qué paradoja que sean los propios organismos mundiales que han propiciado la polarización, los que se preocupen por los efectos negativos que está generando (yo provoco el problema, ya “emproblemado”, yo te induzco a que salgas del problema, pero bajo mecanismos que incrementen mi fortuna).

La cruda realidad nos muestra hechos irrefutables: la polarización económica es cada vez mayor; cada vez hay más ricos, pero cada vez hay más pobres, y la mayoría de los recursos del mundo se concentran en muy pocas manos, como lo señalan muchos estudios como los de la ONG británica Oxfam.

El más reciente informe de esta organización no gubernamental señala que el 1% de las personas más ricas concentran una riqueza equivalente a la mitad de toda la riqueza del planeta. Solamente 85 personas concentran tanta riqueza como 3 mil 570 millones de personas que conforman la mitad más pobre de toda la población mundial.

La distancia entre los países ricos y los pobres se ha hecho cada día más grande. Los tratos igualitarios entre países sólo se da en los discursos, pero en la práctica (y lo estamos viviendo ahora en México con la renegociación del TLCAN) se impone el que más tiene o el que más puede.

Hoy seguimos creyendo que Trump es el gran villano de México, pero se nos olvida que Obama deportó más mexicanos que cualquiera en la historia y lo hizo sonriéndonos, e inventó el conocido como “DACA” para salvarse de ilegalidades que llegaron a su término en la actual administración estadounidense y eso sólo es un ejemplo de cómo hizo sentir la supremacía de su país y fue quién dividió a la sociedad norteamericana lo que terminó en una elección, por tanto, dividida (¿así van México y Sinaloa?).

En política la polarización es también una realidad y la hemos visto en las elecciones en diversos países del mundo, en Alemania, en Francia, en los Estados Unidos y en la mayoría de los países de América Latina. Las voces moderadas parecen haber perdido todo poder e influencia y sólo vemos posiciones encontradas y opuestas que no parecen encontrar puntos de coincidencia.

La polarización política se está expresando en el deterioro de las democracias en el mundo y en la pérdida de la confianza y la credibilidad de los ciudadanos en sus gobiernos, en sus políticos y en empresarios codiciosos.

En México lo estamos viviendo, nuestros grupos políticos y empresariales, ante sus incapacidades e insuficiencias, polarizan posiciones y se acusan de todo, tratando de convertirse en los depositarios del descontento social, aunque el descontento también sea contra ellos y sus prácticas.

Hoy no se privilegia el diálogo y el entendimiento, los políticos y sus asesores consideran más rentable la confrontación. Ante un escenario en donde todos tienen culpa y en donde los ciudadanos ya no creen en nadie, ya no se trata de mostrar quien es la mejor opción, sino quién es el menos corrupto, quién es el menos “tranza”  o quién es el menos mentiroso.

Y qué decir de los medios de comunicación que toman su tajada y se aprovechan del descontento social para crear escenarios políticos extremos para sacar beneficios o favorecerse como grupos empresariales/políticos.

Así se construyen agendas políticas sin contenido, monotemáticas, repetitivas, sin propuestas y a todas luces insultantes, se han convertido en “pica pleitos” que a quienes menos atienden es al ciudadano y que no abren espacios para el respeto y el debate civilizado.

En mi opinión, las posiciones encontradas sin sentido, no promueven, ni generan  cambios importantes, sólo dan paso a la lucha estéril y a la imposición de visiones. Eso no es lo que necesita México y  tampoco es lo que necesita el mundo.

Ya no queremos mexicanos o sinaloenses decepcionados y desencantados, que no creen en nada ni en su propia sombra.

¡Muchas gracias y sean felices!
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
www.manuelcardenasfonseca.mx
@m_cardenasf