50 AÑOS DESPUÉS; 2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA ****

OSWALDO DEL CASTILLOCORTOS REFLEXIVOS
OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

2018: LA LUCHA
Muchas personas que siguen a Noroeste ven el apoyo que están recibiendo esta pareja de ancianos que perdieran todo a causa de un incendio. No digo que no sean buenas estas acciones, pero lo que vemos con ellos dos acerca de su precaria situación económica pasa en innumerables lugares de nuestro extenso territorio mexicano. De pronto queremos que una golondrina haga verano y para que eso pase debemos realmente ser completamente solidarios, no solo con un par de viejos necesitados, sino con todos los que habitamos esta nación. Lo vimos en el pasado reciente con el terremoto del 19 de septiembre del 2017 y ya lo habíamos visto en muchas ocasiones antes. Pero si usted cree que esas muestras incipientes de solidaridad nos resuelven el problema que tenemos ancestralmente estamos muy lejos de ello. En México se necesita otra clase de acciones que beneficien a todos y no estás acciones ligadas a un sentimentalismo pasajero que es usado para aliviar las penas de los más grandes. Con paliativos así no logramos verdaderamente un cambio substancial. Un ejemplo que pudiéramos dar: el programa solidaridad existe porque existe la pobreza y la pobreza existe porque hay personas que no tienen los medios para allegarse de los recursos necesarios para vivir dignamente. Y esos recursos no llegarán porque no hay las fuentes de trabajo para todos lo que habitamos en México. Y no hay esas fuentes de trabajo porque el estado no se ha ocupado de que existan. Lo que si ha habido es el despilfarro, el saqueo, la ineficiencia en la actividad gubernamental que eleva los costos mil veces y agota los recursos que deben ser aplicados en donde se requieren producir. La corrupción ha negado millones de pesos de pequeñas inversiones donde millones de mexicanos pudiésemos estar trabajando y recibiendo los emolumentos que necesitamos. No progresamos porque muchas de las personas que trabajan en el sistema gubernamental no son sensibles a la urgencia del pueblo, porque esas personas tienen un odio contra quien sabe quién, pero ese odio las hace perder en el campo de la efectividad organizacional. Los servidores públicos en su mayoría no tienen el ethos que los pueda distinguir en su desplazamiento laboral. Personas que solamente reciben un salario de a mentiras con el que no pueden comprar lo que realmente necesitan. El pueblo de México está cansado por ver y sentir lo mismo desde hace décadas. La explotación y la manipulación psicológica no dejan a los hombres a comportarse como debieran comportarse, pues pende un castigo mayor si decide ser amable, humano, solidario, cooperativo. En México hemos perdido el sentido verdadero de las cosas buenas. La indolencia en hospitales, en centros de salud, en las dependencias gubernamentales, en las asociaciones, en los clubes, en las organizaciones empresariales, se ha propagado como un cáncer que pudre lo que toca. El afán de la materialización nos está llevando a perder el sentido humano de las cosas, el sentimiento agradable del servicio, la satisfacción de una buena atención o simplemente sentirse acompañado donde te encuentres parado. Todo lo anterior tiene un culpable, aunque no lo creas, así es, y ese culpable se llama sistema. Si, es el sistema que nos arrebata la esencia misma del ser, es el sistema que nos empobrece porque al no ser solidario vacío lo que soy, porque dejo hacer y dejo pasar todo lo malo que en algún momento nos lastimará a todos por igual. El sistema está podrido desde su misma base. Por lo anterior al caminar por la ciudad me topo con muchas Beatrices y muchos Remigios. Así sea.
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