NO ROBAR, NO MENTIR, NO TRAICIONAR. **** Ya está disponible la Revista Didáktica - Marzo 2018 para descarga. https://bit.ly/2H9TAff

Ernesto alcaraz vCOLUMNA VERTEBRAL
ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Dijo Andrés Manuel López Obrador y se reúsa  participar en las “mesas de encuentro” que promueven los medios de comunicación y organismos privados. Sólo participará en los debates políticos que organice el INE. Una medida precautoria para no poner en riesgo sus bonos ciudadanos. Pero no es la primera vez que se niega. Recuerde que en 2006 no participó en el primer debate organizado por el IFE. E igual, las preferencias electorales le favorecían. Algunas consideraciones debe tener, más que el temor de que se le vayan de a montón.
AMLO tiene muy claro, que por ser puntero lo quieren alcanzar y rebasar, y en el contraste de propuestas pueden lograrlo. Sabe defenderse, pero el debate político no es su fuerte. Prefiere el discurso incendiario y antisistémico, disperso y contradictorio que sacude masas. Y en esta elección, todo se va a valer. Porque todo se ha permitido. AMLO es el más adelantado. En todo: En su eterno itinerario proselitista de precampaña, prohibido por la ley, en los millones de spots de radio y televisión y en recorridos por todas las regiones del País. Ha visitado todos los estados y los municipios más rentables, hasta en 5 o 6 ocasiones. Y quizás más.
También sabe Andrés Manuel que cerca de las dos terceras partes del electorado no está con él y del grueso de los indecisos, que representan el 20  por ciento del Listado Nominal, aún no definen la orientación de su voto. Y no ignora que ese porcentaje de electores, sumados, queremos escuchar argumentos sólidos y viables que oriente al elector en el voto razonado. Desde luego que sus seguidores quisieran verlo sacudir y vapulear a sus contrincantes, para redondear la percepción ciudadana. Pero AMLO no quiere exponerse. Es vulnerable al debate político y sus cuestionadas propuestas lo limitan. Para qué exponerse.
En sólo tres frases manifiesta su contradictoria personalidad: “Ya me estoy preparando para gobernar”. Porque está seguro de su triunfo. Pero lanza su amenaza ante los banqueros de México: “Si hay fraude, a ver quién amarra al Tigre”. O no está muy cierto de la ventaja de las encuestas o regresa a su tradicional sentencia: Si gana, la elección es limpia, si no le favorece, hubo fraude.
“Voy a gobernar seis años, no me reelegiré”. Esconde, sin pedírselo, su autosuficiencia y autoritarismo. Y son de considerarse sus consignas, porque la confrontación ciudadana del momento no da mucho para el entendimiento y la civilidad. La emoción y el fanatismo le están ganando terreno a la razón.
Por eso, nada atraería más a los electores que escuchar sus propuestas en contraste con las de sus adversarios. Sería de mucha valía para activar la razón, la prudencia y la serenidad. La ciudadanía tiene seis opciones para decidirse.   
Por eso llama la atención un promocional del PT, en el que asevera que “Todo México se está moviendo  a la izquierda”. ¿El PT, diciendo eso?  Si apenas con artimañas legales pudo conservar su registro. Y peor, cuando lo más criticado es que la ideología partidaria fue desechada para enchufarse en el pragmatismo electoral. Quien  ocultar con discursos engañosos y falsos promocionales lo que los mexicanos queremos: Desarrollo económico y bienestar social, seguridad y justicia que deriven de gobiernos eficaces.
Que se combata y gane la lucha contra la corrupción y la impunidad. Sancionar al que la promueva y al que entre en complicidad. Y en eso andamos, buscando qué candidato tiene mejores propuestas, y compararlas con las de los demás para reconocer el mejor perfil y razonar nuestro voto. Eso queremos los mexicanos.
Y precisamente de eso se trata esas “mesas de contrastes” que se proponen. Permitirle al ciudadano apreciar al más preparado, al que mejor interpreta los problemas nacionales, quien ofrece mejores expectativas y formas creíbles para lograrlo. Sería una información inestimable para la ciudadanía, que es la que va a decidir y elegir. Y todos, los seis candidatos, tienen que convencer a ese “montón de votantes”- poco más de 85 millones de electores - para que decidan a su favor.
Que el voto se va a fragmentar, es seguro, y que la elección rondará en tercios, también. Sin embargo, no hay que desestimar a la ciudadanía: Somos nosotros, los electores, quienes los vamos a legitimar en las urnas. Que no se nos niegue la oportunidad de conocerlos mejor, para no equivocarnos. Dennos elementos razonables y convincentes para tomar la mejor decisión.   Que los seis candidatos insistan en propuestas de gobierno y recurran al discurso inteligente, es su responsabilidad. Retirar la maledicencia y la descalificación como arma efectiva de campaña. Que ganen votos con debates y propuestas. Que ilustren al elector.
Aunque el menos preparado para debatir sea AMLO, tiene que superar el discurso atrabiliario que consigna hechos y problemas graves que impactan a la ciudadanía, pero  sus soluciones son controvertidas, no convencen. Sabe que un debate político es muy diferente a un mitin de iguales y de simpatizantes al que está acostumbrado López Obrador. El escenario es cerrado y la audiencia es plural y con temas específicos. Sí, “se le van a ir de a Montón”.