NO ROBAR, NO MENTIR, NO TRAICIONAR. **** Ya está disponible la Revista Didáktica Agosto 2018 para descarga. https://bit.ly/2wDgMLA ****

ARTURO SANTAMARIAARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

Así como hablamos de lo glocal, para referirnos a la imbricación entre lo global y lo local, lo podemos hacer cuando relacionamos lo nacional con lo local y, entonces, hablamos de lo nalocal. Para ejemplificarlo voy a hablar de un caso muy particular que enlaza Mazatlán-Culiacán-elecciones nacionales 1 de julio.

El pasado fin de semana los vecinos de Playa Sur, un fraccionamiento mazatleco con 40 años de antigüedad, recibimos con sorpresa y alarma una notificación escrita y verbal la cual nos advertía que el día lunes (pasado) se iniciarían obras para remodelar la Avenida Carnaval, la principal arteria del barrio. Nos decían que habría que trasladar nuestros automóviles a otro lugar porque durante dos meses, por lo menos, no podríamos sacarlos de las cocheras debido a las obras, en ese momento era todo lo que sabíamos. La alarma se prendió y dos vecinos, por cierto investigadores del Instituto de Limnología y Ciencias del Mar de la UNAM, cercano a Playa Sur, tomaron la iniciativa de convocar al resto de los moradores del barrio en un espacio público para analizar el caso y pedirle información a los responsables de la obra.

Nos congregamos el martes pasado alrededor de 100 vecinos con el ingeniero de la constructora para que nos explicara los pormenores de la obra en medio de mil preguntas y gritos de molestia. Nos trasladamos a una escuela vecina y ya con más orden nos explicaron qué estaban haciendo. En la mañana ya habían levantado el asfalto de dos tramos, que por cierto se había aplicado tres semanas antes a lo largo de gran parte de la avenida. Nos dijeron que iban a pavimentar totalmente la avenida y a transformar el camellón en andador reduciendo el arroyo vial 50 centímetros de cada lado. Eso bastó para darnos cuenta que los constructores no tenían ni la menor idea de lo que habían planeado.

En el barrio vivimos profesionistas de diferente perfil, entre ellos numerosos ingenieros civiles, arquitectos, guías de turistas, empleados de las navieras, etc. Conocemos a la perfección los movimientos de las personas, el transporte público, las necesidades de las escuelas, de los negocios y el comportamiento de los turistas de cruceros que caminan cotidianamente por las calles donde vivimos. 

Precisamente por ello, les dijimos que el proyecto que presentaban era inviable, equivocado.

Nos decía el ingeniero: “Es que viene de arriba, de Culiacán”, peor tantito, dijimos, no conocen Mazatlán. Lo planearon sin saber, sin consultar, sin investigar. Lo que proponen va a empeorar la vialidad y aumentar los peligros de quienes allí vivimos y de los turistas. Quieren construir un andador que nadie usaría, porque tan solo tendría metro y medio de ancho, y con palmeras, árboles y plantas, lo que imposibilita que sea peatonal; y además reduciría el ancho del arroyo poniendo en peligro a los carros estacionados y, sobre todo, a las personas porque los autobuses urbanos y conductores que no son vecinos del barrio circulan a altas velocidades por esa rúa. Lo peor de todo es que primeramente pensaban en los turistas, y equivocadamente, después en los vecinos que ahí vivimos.

En fin, el ejemplo sirve para ilustrar cómo es que se toman decisiones arbitrarias, sin consulta, sin investigación del comportamiento de vecinos y turistas en este caso, desde la capital del estado. Estas no son políticas públicas sino de gobierno, y además verticalistas. En las políticas públicas se consulta primero a los ciudadanos, se consensuan decisiones que tienen impacto en la población. Una pésima interpretación del concepto inglés “public policy” se ha traducido en México como “políticas públicas” cuando no son más que unilaterales decisiones gubernamentales. “Public policy” implica intervención de la sociedad civil en las decisiones del gasto de gobierno, sobre todo cuando afecta los espacios y la vida pública.

Bueno, pues, esta arbitraria e ignorante decisión, aparentemente insignificante, generó en decenas, quizá en centenas de vecinos de un barrio, de una localidad, una agria reacción no contra la constructora sino contra el gobierno porque lo gritaban, y contra el PRI, porque es el que nos rige desde Culiacán y desde la Ciudad de México. El barrio de Playa Sur ha sido tradicionalmente dominado en términos electorales por el PAN, como numerosos barrios clasemedieros del País, pues en estos momentos lo hicieron más antipriista que nunca. La arbitrariedad, el desprecio a la opinión de los vecinos, el desconocimiento de las necesidades de un barrio, el gasto irresponsable de los dineros públicos porque se gastó mucho dinero en asfaltar una avenida y tres semanas después se levanta en su totalidad; en fin, decisiones erróneas en la más pura tradición impositiva, en una coyuntura política trascendental en el País, sin duda influyen en los votantes para rechazar al partido gobernantes y sus candidatos.

En otras épocas, el PRI, el PAN, PRD o cualquier otro partido imponía decisiones de este tipo en cada colonia, en cada pueblo, en cada ciudad, en cada estado sin que nadie reaccionara; pero la ciudadanía mexicana está cambiando, ya no se deja manipular tan fácilmente. Al parecer esto lo ha entendido Joel Bouciéguez, Alcalde sustituto en Mazatlán, porque está desatando nudos que amarró el relevado Fernando Pucheta. El martes pasado declaró que las decisiones de gobierno se tienen que consensar con la ciudadanía. En el caso de Playa Sur sería bueno que interviniera a favor de los vecinos y se modificara el plan original de la obra que propone la constructora para la Avenida Carnaval.

Lo nacional se construye localmente. Con este ejemplo, vemos con claridad como el PRI, local y nacional, se destruye solito con pésimas decisiones que lo perjudica políticamente. Esto es lo nalocal.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.