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OSWALDO DEL CASTILLOLas desigualdades y el descontento de los mexicanos han llegado a un límite insuperable. Las precampañas han evidenciado de una manera, por demás burda, cual es el verdadero interés por llegar a presidencia de México. De lo anterior podemos inferir, por la forma tan especial de hablar de un precandidato por el otro, que la denostación entre ellos es la parte importante que tienen que decir unos respecto de los otros. Las propuestas no han sido claras pero las denuncias de corrupción por ellos, entre ellos, han sido muy abundantes además de objetivos, de tal manera, que la gestión oficial de los servidores públicos es únicamente para extraer los recursos del erario a los bolsillos de ellos. Las acusaciones de quien es más corrupto han quedado a la vista de todos. NADIE SE ESCAPA. Quién es más o quién es menos, eso es lo menos importante, aquí lo importante es que finalmente la cloaca ha quedado al descubierto. Recordando lo que Fox hizo cuando fue presidente de México: abrió la puerta de la cochinada y ahora nadie la ha podido cerrar. Para asombro de muchos, México ha ganado la membrecía para gozar del club de los corruptos. No lo digo con orgullo y no creo que usted lector lo tome así, simplemente que hemos arribado a la categoría de corruptos posicionándonos en los primeros lugares. Asumo que el verdadero problema lo hemos hecho nosotros primeramente, pues de estos casos nos dimos cuenta hace mucho tiempo y no quisimos remediarlo. Aquella vieja declaración “roben pero hagan” se convirtió de pronto en el juramento del servidor público, no dejando duda alguna que así lo harían y hasta la fecha la han cumplido a pie juntillas. En contraste a lo que Peña dijo de que este asunto de la corrupción se encuentra encarnado en el pueblo de México siendo ya una cultura que México arrastra desde muchos años antes. Sin contravenirlo, pero si precisando, que esa declaración es en parte cierta, pero no en el pueblo de México, sino en los servidores públicos, en cuyo caso, son ellos los que han tratado de pervertir o corromper al pueblo de México con las tortas, las láminas de cartón, los sacos de cemento, varillas para la construcción, televisores, estufas, lavadoras, baldes, escobas y trapeadores, y hasta dinero en cuentas bancarias de a poquito. El lastre es en verdad pesado y voluminoso siendo una carga con la que es muy difícil caminar mucho menos correr. Contravenir las declaraciones de los políticos en México es realmente una amenaza de muerte. Muchos periodistas han quedado regados en el camino sin poderles hacer justicia a los familiares de los caídos, asumo esa irresponsabilidad y deseo que todos los mexicanos hagamos lo mismo para poner un hasta aquí a todos esos atropellos, que tarde o temprano es posible que lloren los nuestros en un futuro por la mismas causas. Sé que lamentarnos no abona al cambio verdadero de nuestra nación, pero la acción misma debe corresponder a ese hartazgo que vivimos desde mucho tiempo atrás. Deseo, corazón adentro, que el porvenir sea mejor que éste presente y éste pasado lejano o reciente. Ojalá que la intercampaña les sirva a los políticos para repensar las cosas y a nosotros para no cometer los mismos errores que en el pasado nos han hecho mucho daño.

Atte.

Dr. Oswaldo del Castillo Carranza

Responsable