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OSWALDO DEL CASTILLOCORTOS REFLEXIVOS
OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA
2018: LA LUCHA

Ya sabemos que en los tiempos de las promesas los discursos son hechos para tocar las fibras sensibles de los escuchas. O sea están llenos de los ingredientes necesarios para degustar con disfrute el platillo que te ponen en la mesa. Tiempo atrás dijimos que aquello que parecía descabellado, era casi seguro que lo retomaran los precandidatos para hacer sus precampañas. Hoy el tema en la mesa es nada menos lo que uno de esos precandidatos lo ha venido diciendo desde hace más de 20 años y es nada menos el tema de la corrupción que ya existe en nuestro país de toda la vida. Lamentablemente ni Pepe grillo ni Ricón Canalla, tienen en su haber un expediente limpio en este asunto de la corrupción. Dice un dicho harto popular, “no ofrezcas lo que no podrás cumplir”. Pero ya sabemos que en este asunto de las campañas o precampañas, como usted quiera llamarles, “el prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila”. El público que escucha un discurso, y que lo hace voluntariamente, sabe que lo que está diciendo el pretenso es congruente o no con la acción misma del sujeto que lo proclama. La frescura del discurso está en la forma de decirlo y lo que lo hace creíble es la historia del sujeto que lo dice. Por ello, el énfasis que se le impone en la manera de decirlo puede lograr su credibilidad, además que la persona sienta verdaderamente el contenido de dicho discurso, de allí, repito, que sea creíble o no. Agraviar la inteligencia del escucha con un discurso que ni el mismo sujeto que lo dice lo cree, es una falta imperdonable que se paga con ignorar al sujeto que lo proclama. 

En virtud de lo anterior y con todo lo que conlleva esa acción de ignorar al que profiere dicho discurso, habremos de crecer para que no nos lleven tan fácilmente al ruedo. La intercampaña servirá para revisar puntualmente el contenido discursivo de cada candidato para evitar faltarle al ciudadano y no ser irrespetuoso por el tiempo que éste le dedica a cada uno de los contendientes. Es de sobra conocido que todos dirán lo mismo, y que todos tienen la solución en sus manos. 

El problema de lo dicho es que si todos tenían la solución por qué no la implementaron antes, cuando ellos estaban en la gestión gubernamental. Venir a decirnos lo que nosotros ya sabemos no contribuye en nada a solucionar un problema del cual participaron para su fortalecimiento y propagación. El electorado es ya más maduro en este sentido y difícilmente creerá el discurso proferido en repetidas ocasiones. La fuerza de la letra hablada pierde contundencia cuando sabemos la historia de los sujetos. Y en verdad os digo que aquellos que se ven obligados a concursar salidos de las mismas filas que propiciaron o están propiciando la debacle de la nación y que se ofenden entre ellos mismos; serán más de lo mismo. Por ello, al presenciarlos no solo oímos y vemos los discursos mal elaborados, sino incongruentes con el pasado reciente de ellos. Así sea.    

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