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AMBROCIO MOJARDINVISOR SOCIAL
AMBROCIO MOJARDÍN HERÁLDEZ

Yo no sé si usted esté de acuerdo, pero muchos de los problemas que vive Sinaloa en lo económico, en lo medioambiental, en lo cultural y, sobre todo en lo social, reclaman con urgencia la participación activa de sus universidades y de los centros públicos de investigación. Son tan evidentes, de tal complejidad y de tal trascendencia esos problemas, que de manera natural estas instituciones debieran sentirse obligadas a atenderlos.

Sin embargo, no parece que eso suceda. A lo sumo, lo que se ve son esfuerzos individuales de especialistas e investigadores, que muchas veces los hacen contra las políticas de sus instituciones.

Todo indica que nuestras universidades y centros de investigación están atrapadas en actividades internas que les impide ser el tipo de aliado que la sociedad necesita. Parecen más preocupadas por logros de forma como las “acreditaciones” y “certificaciones”, que por lo que sucede en su entorno.

Hay razones para pensar que su actitud es cómoda. No quieren arriesgar su “estabilidad” y hacen lo de las avestruces; cuando perciben “peligro” bajan la cabeza para pasar desapercibidas y esperan a que pase la amenaza o situación que les compromete.

Muchas evidencias lo delatan. Solo describamos unas para respaldar lo dicho.

Uno. Desde hace semanas, o meses, Culiacán está invadido por olores fétidos que aún no se sabe dónde se originan, ni que efectos traerán a la población. 

Muchos ciudadanos se han estado quejando a través de los medios y solicitando se tomen medidas para que se corrija esto, sin respuesta efectiva.

Algunos dicen que es el humo que sale de la quema de restos animales en los rastros, otros dicen que son el mal manejo de granjas porcícolas que están cerca de la ciudad, otros dicen que son las granjas avícolas, otros dicen que son los ranchos ganaderos, otros más dicen que son los drenes azolvados, pero no ha habido una respuesta clara para esto. Mucho menos una medida para acabarlo.

Sinaloa cuenta con decenas de especialistas en ciencias ambientales que bien pueden investigar el problema y hacer propuestas para resolverlo. La UAS, el Tecnológico de Culiacán, la Universidad Tecnológica, la Universidad Autónoma de Occidente y el CIAD tienen excelentes especialistas del ramo asentados en Culiacán, con experiencia y conocimiento suficiente para ello. ¿No se percibirá desde ellas el problema? ¿No se podrá hacer un equipo para poner manos a la obra? ¿Se necesitará que se lo pidan?

Dos. Desde hace décadas, la actividad agrícola del estado es una de las más rentables en el País, con costos medioambientales, sociales y de salud que aún no se han abordado de manera responsable. La contaminación de suelos, agua y aire por pesticidas, a pesar de algunas regulaciones recientes, sigue presente y con ello las consecuencias y riesgos potenciales de problemas muy graves.

Ya varios especialistas en salud pública han relacionado el manejo de agroquímicos con el origen de múltiples enfermedades. Varios reportes científicos recientes relacionan de manera directa enfermedades gastrointestinales, de la piel y alteraciones hemáticas al uso de pesticidas y fertilizantes agrícolas (p. ej. http://revistas.unam.mx/index.php/rxm/article/download/53787/47884). El ejemplo más doloroso es el de la leucemia y diferentes tipos de cáncer infantil, que no podrán ser erradicados mientras se siga con las mismas prácticas en el campo. ¿Tampoco se ve esto desde las universidades y centros de investigación públicos? ¿Será que no es prioridad en lo que perciben como su responsabilidad social?

Tres. Desde hace al menos dos lustros, la actividad minera en Sinaloa ha sido intensa. Varias regiones de los altos están viviendo sus efectos, con beneficios ínfimos comparados con los perjuicios. La economía de esas regiones sigue siendo mala como siempre y su dinámica social no parece haber mejorado.

En contraste, en poco tiempo han experimentado la destrucción de flora y fauna que difícilmente puede corregirse en décadas. Los desechos del tratamiento de los metales extraídos están contaminando los ríos y arroyos, fuente de los mantos friáticos del agua que se consume en los valles y costa. Ya organizaciones de comuneros afectados han levantado la voz y solicitado ayuda para que el problema se corrija.

Seguramente, en la definición de alternativas se necesitará talento, visión y conocimiento sistematizado. ¿Quién mejor que los equipos de especialistas de las universidades? ¿Qué necesitarán para que tomen la iniciativa de apoyar a la solución de ese problema?

Cuatro. En el área de seguridad pública, nuestra entidad tiene décadas sufriendo los embates de la violencia, sin haber encontrado formas efectivas para prevenirla. Lo que es peor, se han ido desarrollando expresiones culturales y prácticas de convivencia que la promueven, o la toleran, al grado de “naturalizarla”.

La ciencia tiene múltiples hipótesis y metodologías para explicarla y prevenirla. De ello pueden dar cuenta muchos universitarios y especialistas del estado. Algunos enfocados en la escuela, otros en la familia y otros más en el sistema público de seguridad. ¿Podrán hacerlo de manera conjunta en esquemas definidos con sus instituciones?  ¿Qué se necesitará para suceda?

Las universidades e instituciones públicas de investigación son centros de conocimiento especializado que se deben a la sociedad que las sostiene. Una especie de reserva, con preparación y experiencia como para abordar cualquier problema.

Se espera de ellas una actitud sensata, fundada en una visión completa de la realidad, pero no pasiva. Por ser el núcleo social con la mejor preparación, su responsabilidad incluye la de ser una observadora permanente de lo que sucede en su contexto y una fábrica continua de propuestas para desarrollarlo.

Eso no parece estar sucediendo en Sinaloa y bien vale la pena señalarlo. De muy poco sirve al desarrollo y bienestar de la población tener instituciones con “reconocimientos” y “altos” grados de preparación, si están distraídas de lo que sucede a su alrededor. Se necesitan instituciones de conocimiento más atentas y más comprometidas con su sociedad; más interesadas en cumplir su deber que en proteger su  “estabilidad” y hacer lo de las avestruces. ¿O usted qué opina?

@ambrociomojardi

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