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MANUEL CARDENAS FONSECAMANUEL CÁRDENAS FONSECA

Este periodo de intercampañas, en donde parece que los ciudadanos podemos tomar un respiro de los millones de spots de los candidatos, nos permite reflexionar sobre lo que se ha vivido desde el inicio de la jornada electoral, lo que nos ha molestado y lo que se muestra extraño y poco viable en las disposiciones legales que parecen no cumplir los propósitos para las que fueron creadas, sino por el contrario, tienen resultados en sentido distinto a lo que supuestamente se perseguía.

¿Realmente tenemos el sistema electoral que necesitamos y merecemos los mexicanos? ¿Queremos seguir con un sistema electoral que no sólo permite sino propicia la simulación y el engaño? ¿Queremos un sistema en donde el más astuto es el que saca raja de las imprecisiones? ¿Queremos mantener una autoridad electoral timorata y una justicia electoral a modo? Yo creo que ya es hora de contar con un sistema transparente, claro y que no requiera de interpretaciones de las instituciones electorales, ni de órganos jurisdiccionales. Cuando la ley es precisa no se da paso a interpretaciones ni a acomodos que favorezcan a algunos en perjuicio de otros.

Dudo que cuando se hizo la nueva ley, los legisladores actuaran de buena fe y su intención fuera reconocer los problemas que se enfrentaban en la democracia electoral e incorporarlos en la normatividad en la materia. La realidad en la aplicación de la norma, nos confirma que la sociedad siempre está en constante cambio y que los partidos políticos siempre encontrarán un recoveco de la ley para interpretarlo a su favor y tener miles de millones y no cambiar.

Lo que llevamos de este proceso electoral, que ha entrado supuestamente en un falso impasse promovido por la norma, nos hace reflexionar sobre lo que debemos cambiar y lo que no está funcionando, para no generar mayores suspicacias entre la población y lograr mayor confianza y credibilidad entre los ciudadanos en sus instituciones, en sus leyes y en quienes los gobernarán.

Siempre he afirmado que lo que se deja a la interpretación da paso a la opacidad, a la desconfianza, a la discrecionalidad y al abuso. Preferible tener normas claras y precisas, aunque no nos gusten tanto, a contar con normas que se puedan interpretar a conveniencia de algunos o por la mente privilegiada de doctos.

Son muchas las dudas que nos asaltan después de haber vivido este período de precampañas, pero por falta de espacio en este artículo sólo me referiré a algunas de ellas.

Queda claro, al menos para mí, que la supuesta regulación de las precampañas, ha generado más problemas que soluciones y ha dejado la puerta abierta a la simulación y a un innecesario uso excesivo de recursos, sobre todo, en tiempos oficiales de radio y televisión. Estos tiempos, aunque sean oficiales tienen un valor en pesos, que no podemos subestimar.

La regulación legal de las precampañas que se estableció en 2007 (ya existía en varias entidades federativas con anterioridad) tuvo como propósito el frenar el activismo político temprano, que iniciaba aún antes de que la Institución electoral declarara el inicio del proceso. Por eso se comenzaron a sancionar (al menos en la ley) los actos anticipados de precampaña, con el objetivo de propiciar una mayor equidad en la contienda y una mayor competencia democrática al interior de los partidos.

Los hechos han demostrado que esto no se ha logrado en lo absoluto. La actividad político electoral comienza mucho tiempo antes de iniciado el proceso electoral y al interior de los partidos cada vez más se opta por precandidatos únicos que eviten los conflictos internos y permitan cerrar filas

Pero si el objetivo de las precampañas es que los militantes y simpatizantes de los partidos logren conocer a sus precandidatos y elijan a quien consideren que mejor los representa, es decir en estricto sentido es un proceso interno de los partidos y no implica contrastar con otras fuerzas políticas, entonces resulta absurdo que se otorguen tiempos oficiales de radios y televisión nacional para hablarles a sus militantes, cuando sus mensajes serán vistos y escuchados por todos los mexicanos.

También me preocupa, como a muchos mexicanos, este periodo llamado de intercampañas, en donde existe indefinición sobre qué harán los aún “precandidatos”. Lo bueno es que nos libraremos de los spots de los “precandidatos”, pero no de los partidos que encontrarán la manera de seguir promoviendo a quienes lo representan.

De acuerdo al INE tampoco habrá parálisis electoral, porque los precandidatos seguirán en medios de comunicación y actos ciudadanos, siempre y cuando no pidan el voto. Así que ahora los vemos en todos los noticieros de radio y televisión rebasando esa línea poco clara entre lo que se puede y no se puede hacer. Seguimos en la simulación con la complacencia de instituciones, autoridades y partidos. Y luego queremos que la sociedad respete la ley mientras los políticos, permanentemente la están interpretando para favorecer sus intereses.

Lo cierto es que las intercampañas no tienen razón de ser, como se ha demostrado en los hechos, y sólo contribuyen a enrarecer los procesos electorales en el país, y a generar mayores esquemas de simulación entre los contendientes y mayor desconfianza entre los ciudadanos.

Otro hecho grave es que a muchos ciudadanos que pretenden ser candidatos independientes, se les está viendo como corruptos y violadores de la ley. Qué triste situación que estas candidaturas que surgieron por la pérdida de confianza en los partidos políticos y que se les considera fundamentales en el fortalecimiento de la democracia mexicana, hoy se les califique, o se les descalifique por algunas autoridades electorales, como corruptas y peor que a los partidos políticos.

Este momento de intercampaña nos sirve, más que a los precandidatos y partidos, a quienes observamos lo que está pasando en este proceso electoral, la necesidad de plantear cambios en nuestras leyes electorales, para dejar atrás la simulación y la discrecionalidad y dar paso a un mejor sistema electoral que dé certidumbre y confianza a todos los mexicanos.

Hay mucho por modificar, sin la trampa y la mentira, espero que no esperemos hasta el próximo proceso electoral para impulsar los cambios que se requieren.

¡Muchas gracias y sean felices!

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