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ARTURO SANTAMARIAARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ
EL PRI A PUNTO DE TOCAR EL TIMBRE DE PÁNICO

Sí el bajo crecimiento económico, la simulación en el combate a la corrupción y la inseguridad en Sinaloa fueran factores decisivos para que los ciudadanos decidieran su voto, localmente el PRI ya estaría en la lona. Eso no necesariamente sucede así porque para una ancha franja de electores esos factores cuentan mucho, sin embargo, para otros cuentan más los compromisos, los amarres o los controles a los que están sujetas las clientelas electorales de los gobiernos priistas. Es decir, los votos del tricolor dependen más de las estructuras de gobierno que del partido y la campaña que emprendan sus candidatos. Es por esta razón que los verdaderos jefes de campaña del PRI siempre son los gobernantes. En 2018 a nivel nacional lo es Enrique Peña Nieto, y en Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel. Lo malo para Meade es que al mismo tiempo Peña Nieto es su lastre más pesado. Y Quirino quizá ya no suma mucho para el PRI en Sinaloa, véase la noticia de que, según Coparmex, sólo el 28 por ciento de los empresarios aprueba su gestión, pero Peña sin duda que le resta.

Es cierto que Quirino no pudo escoger a los candidatos al Senado pero a todos los demás sí. Él decidió, previas negociaciones con algunos jefes fácticos locales y con los jefes nacionales del PRI, quienes serían los candidatos a diputados federales, locales y a alcaldes. Meade le impuso a Mario Zamora y debilitó a Juan Haberman como el tapado de Quirino para la gubernatura, y de paso, al nombrar a Heriberto Galindo como su consejero político, puso a temblar a varios tricolores sinaloenses, al menos de aquí al 1 de julio, que ya habían desahuciado al evorense. Lo tragicómico es que al ex Embajador de México en Cuba le volvieron a salir amigos después de que acompañó a Meade a Culiacán.

Al margen de lo anterior, Quirino guió el proceso de selección de los candidatos de su partido y dirigirá los aspectos nodales de la campaña, por más que declare lo contrario. Si no lo hiciese el atlacomulquense sería el primero en reclamárselo.

Tal y como marchan las cosas, a ningún Gobernador sinaloense se le ha presentado una elección presidencial tan reñida y compleja como a Quirino Ordaz en la de 2018. Si en 2000, 2006 y 2012 el PRI ganó en Sinaloa con cierta holgura, en 2018 podría perder la elección presidencial y varias locales. Quizá gane dos asientos en el Senado, pero tanto los frentistas como los morenistas dicen que ellos son los que van a ganar. Y si fuese verídica una encuesta que circula en las redes y se confirmara el 1 de julio, Morena quedaría en primer lugar, el PRI en segundo, relegando al PAN-PAS-MC a un tercer plano.

Es cierto que a partir de marzo empieza la recta final de las campañas y que en ese momento las encuestas podrán ser más firmes y creíbles, pero por lo pronto las dos más recientes, la de El Financiero y la de El Universal, le dan un amplio margen de ventaja a Andrés Manuel López Obrador en la presidencial, lo cual es una mala noticia para el PRI y el PAN sinaloenses, porque el Peje, si tomamos en cuenta las anteriores elecciones, jala muy fuertemente para arriba a casi todas sus candidaturas federales y locales, Anaya aún no sabemos si lo puede hacer y Meade, por lo contrario, parece empujar hacia abajo. Esto querría decir que Morena podría ganar numerosas curules en el Senado y en la Cámara de Diputados, e incluso ganar abundantes alcaldías y diputaciones locales.

Esa es la fotografía más reciente, pero habrá que esperar a las próximas donde se hayan medido tanto la información periodística que habla de un grave acto de corrupción de Anaya como las pésimas reacciones de López Obrador a la crítica de Jesús Silva Herzog. Y también faltaría medir si la Marcha por la Dignidad de los chihuahuenses encabezada por Javier Corral golpea a Meade y beneficia a Anaya.

Si fuera por la crítica de intelectuales y periodistas que predominan en la mayoría de los medios, López Obrador estaría derrotado y Meade sería el triunfador, pero el grueso de la población piensa, hasta el momento, de otra manera. El Peje sigue siendo impermeable, en una franja de electores que supera el 30 por ciento, a las denuncias y críticas que le hacen sobre autoritarismo, populismo y ser la reencarnación mexicana de Hugo Chávez.

Anaya avanza pero no con mucho vigor y Meade retrocede hasta estar cerca del timbre priista de pánico.

En Sinaloa, los candidatos tricolores y frentistas son más visibles en los medios que los morenistas. Al menos así sucede con los candidatos a senador. Rubén Rocha e Imelda Castro se notan poco, mientras que priistas y frentistas están aventando la casa por la ventana. Ignoro si Morena carece de dinero, no se sabe manejar en los medios o sus precampañas no están bien organizadas.

Manuel Clouthier, en contraste con los morenistas, se maneja mejor en los medios en general y no tan solo en Noroeste donde, como es natural, recibe más espacio. En este caso, sus votos serán exclusivamente de él porque no podrá ser beneficiado ni perjudicado directamente por las tendencias electorales de un candidato presidencial partidario. En todo caso, sus votos podrían emerger principalmente de los decepcionados del PAN, de franjas de las clases medias sinaloenses y sectores empresariales.

En el escenario nacional el ejercicio electoral sinaloense será de los más interesantes porque hay dos actores locales que disputan cargos federales: Clouthier, como independiente, por un lado, y Cuén, con el PAS como principal fuerza frentista, por otro.

Sinaloa no deja de ser políticamente singular.

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