50 AÑOS DESPUÉS; 2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA ****

Ernesto alcaraz vCOLUMNA VERTEBRAL
ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

No es pretensión defender lo que a todas luces es un rechazo colectivo. Simplemente trataré de poner en orden algunas ideas, sin apasionamiento y ser lo más objetivo posible. Aunque sé de la precaria imparcialidad cuando de evaluar a los demás se trata, y menos, si en el entorno transita una campaña política electoral. Pero hay que atreverse a decir lo que se piensa, aún y cuando la irritación social y la confrontación  política lo hagan poco propicio. Así, entonces. 

Creo que deben ser momentos de angustia gubernamental reconocer que sí hay un enojo social  que tiene a Peña Nieto a la defensiva, argumentando, y con razón, que hay avances que no se valoran,  porque se pierden en la hojarasca de las carencias y las necesidades inmediatas. Esas décadas de rezagos e infortunios, que a pesar de sus buenas intenciones, las está pagando con su baja popularidad y aceptación ciudadana. Pero el Presidente Peña desde un inicio señaló que “no buscaba popularidad ni gobernaría con las encuestas”. Entonces, es de entender que sabía a lo que se atrevía. 

Hoy es flanco de todos los ataques, hasta por hechos atribuidos a otros, y responsable de todos los males. Enjuiciamiento que pierde equilibrio cuando se actúa  más por fobias que por el raciocinio. Difícil ejercicio cuando la pluralidad social es de pensamiento, de sentimientos personales y resentimientos sociales manipulados por sórdidos intereses. En la política nada es fortuito y no todo es auténtico. 

Por ejemplo: En la concepción estratégica de la economía, el Gobierno Federal y la Clase Política Nacional (PACTO POR MÉXICO) iniciaron el recorrido de las reformas estructurales. Eran días de acuerdos y de concordia. Los empresarios, financieros y expertos en economía y finanzas las apoyaron con entusiasmo, argumentando, con razón, que para abatir la pobreza, debe haber riqueza. Así, luego de casi tres décadas y que fueran superados intereses político electorales y resistencias ideológicas del pasado lejano –hoy desvanecidas– posibilitaron su concreción. Pero en el proceso de implementación, sus lentos beneficios y la deficiente información sobre los mismos, han rebotado ante las necesidades urgentes de la población provocando desánimo y animadversión gubernamental. Pero se pretende ignorar que existen candados y restricciones externas difíciles de superar: Los precios del petróleo y sus derivados, las gasolinas y el gas, principalmente, se establecen por criterios internacionales, igual que los precios de garantía de granos y hortalizas…Y porque se agotan las reservas petroleras en aguas someras, hay que explorar y explotar otros yacimientos en aguas profundas, para México ni tiene la capacidad técnica ni los recursos suficientes.   

Es cierto que actos de corrupción abonaron para ello, pero esos gobernadores están en la cárcel, y otros, en su búsqueda, captura y castigo. Se aprecia un proceso inacabado porque no se recupera lo sustraído, ni se concreta sanciones a otros delitos cometidos por diversos actores. Y sí, debería  verse la más intencionalidad en el combate a la corrupción. Ante tal enfado la oposición se ha fortalecido y convertido en una fuente de provocación y manipulación, que ha llegado al extremo de confrontar a la población ofreciéndose en campaña soluciones fáciles a nuestros complejos problemas y cambiar el estado de cosas. ¡El engaño es pegajoso, agita emociones y hace perder el raciocinio! 

Desde luego que la población y su ciudadanía tenemos derecho a mejorar nuestros estándares de vida. Soñar no es malo. Lo “peligroso estriba en sustituir la realidad con el ensueño”. Y eso es lo que se está ofreciendo: discursos soñadores, que nada dicen. Propuestas, que no aguantan un análisis técnicamente serio, ni políticamente correcto. 

Y si no, ahí le va un spot de Ricardo Anaya, que más o menos dice así: “Hay dos buenas noticias: Que el PRI ya se va, y la segunda que juntos vamos a construir un México nuevo”. Sin duda entusiasma, pero igual engaña. Porque dos sexenios anteriores de su misma visión ideológica y programática pregonaron lo mismo, y aún sufren severos cuestionamientos. Por su parte López Obrador nos dice que dejemos de preocuparnos por los temas internacionales y por nuestra Política Exterior, porque “pondrá en su lugar al Presidente Donald Trump”. Además, que “los mexicanos no tendríamos que visitar los Estados Unidos, pues en México habrá empleos y bienestar para todos, ya no habrá pobres y la seguridad llegará a las calles y a los hogares”. ¡Intenciones de ensueño! 

¿Qué en la población hay rechazo al gobierno federal? Es cierto. Pero esa vara de medición tiene un signo común en la ineficiencia y corrupción en varios estados del País. Es un síndrome que hace que la desaprobación ciudadana sea horizontal y extensiva, y avisa, que las culpas del enojo social son compartidas. De ahí el rechazo ciudadano a gobiernos de distintos signos ideológicos. Y así se encaminan los pronósticos para 2018. 

Es normal, que al término de una administración se proceda a calificarla con el cruce de los compromisos de campaña y los logros alcanzados. A esto, el Presidente Peña dice que va a cumplir al 100% sus promesas. Pero no se valora porque la consigna colectiva está dada: ¡Nada con Peña Nieto! Pero decir que “México está ante un abismo” es una exageración, típico en una campaña. Por eso no hay que ser ingenuos ni fanáticos ni refractarios a opiniones diferentes. Apelemos a la concordia política y a la civilidad electoral, desde ya, hasta el 1 de julio. ¡A ver la elección con seriedad y el futuro con cuidado! Y que el Voto inteligente y razonado de los electores decida.