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OSWALDO DEL CASTILLOCORTOS REFLEXIVOS
OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA
2018: LA LUCHA

Ayer 5 de febrero se conmemoró la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que se hiciera a través del Congreso Constituyente en 1917. ¿Por qué habremos de festejar dicha promulgación? Una pregunta que muchos pudieran hacerse en estos tiempos en que observamos muchas violaciones a dicha Carta Magna. Recordemos que antes de esa promulgación ya teníamos una Constitución Mexicana, la de 1857, pero que en esa anterior no estaban consignadas una serie de premisas importantes que afloraron con la Revolución Mexicana. Dichas modificaciones a la Constitución Mexicana de 1857 obedecieron a la iniciativa de Venustiano Carranza siendo en ese entonces Presidente Constitucional, y una de esas modificaciones fue precisamente en el renglón de los derechos sociales de los mexicanos para que la clase obrera y campesina obtuvieran más beneficios. A 100 años de distancia vemos a un movimiento obrero desaparecido y un campo abandonado. Una Constitución que establecía la defensa de los derechos sociales, de igual forma la defensa del libre pensamiento y creencia religiosa, lo primero en un asunto de repudiar las críticas al gobierno con el castigo y asesinato de periodistas que se han atrevido a denunciar las atrocidades de un mal gobierno. La libertad de credo con ciertas excusas para evitar esa libertad. Dos elementos que hemos estado carentes de ellos por mucho tiempo; libertad e igualdad. Otro elemento importantísimo en la Constitución de 1917 es la contemplación de la NO REELECCIÓN. Habida cuenta de la existencia de esa prohibición los grupos en el poder hicieron trampa generando un sistema tipo dictadura disfrazada. De lo anterior habremos de decir que las clases políticas en México donde reside el verdadero poder se conforma por un número pequeño de familias que se han pasado la estafeta unos a otros manteniendo una simulada escaramuza todo para conservar los privilegios que le otorga el mismo poder de la nación. De muchos es sabido que este asunto del poder reside en los clanes familiares de más de 100 años y ahora con todas las artimañas posibles pretenden conservarlo. Se les va de las manos por el simple hecho que no supieron administrar la fuerza ni la riqueza y con abusos exacerbados en el uso del poder se han ganado el repudio del pueblo mexicano. A 100 años de distancia, usted lector haga su propio balance y decida si les sigue otorgando a ellos el privilegio de mandar. Así sea.   

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