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AMBROCIO MOJARDINVISOR SOCIAL
AMBROCIO MOJARDÍN HERÁLDEZ

Las “precampañas” de los aspirantes a las elecciones presidenciales del 1 de julio están por concluir. Con ellas pudimos tener un anticipo del tipo de campañas que se van a vivir a partir de fines del próximo mes de marzo. ¿Qué están dejando para el electorado? ¿Cómo prepararon a la ciudadanía para que reciba la campaña y la elección? 

En primer lugar dejan evidencia de que la clase política sigue siendo pragmática y de que está resuelta a recurrir a lo que sea con tal de ganar la elección. Queda claro que entre la sociedad y los políticos las vías de comunicación son muy limitadas y los lenguajes muy diferentes. 

Las “precampañas” hicieron más evidente que el electorado y los partidos políticos piensan y sienten de diferente manera; entre los intereses de los primeros y los de los de los segundos hay mucha distancia. Quizá por ello, muchos de sus mensajes y recursos de comunicación se concentraron en promover emociones, más que razonamientos. Confirman esto los cientos de “spots” y “gingles” de contenido superfluo que tuvimos que aguantar; algunos hasta usando lenguaje soez.

Eso debe activar la alarma ciudadana y llamarnos a poner más atención. Es inadmisible que se falte al respeto a la inteligencia de las personas y se les quiera manipular de manera tan burda. 

En las precampañas, que en realidad fueron campañas formales, no se vieron intenciones de promover reflexiones y análisis de lo que se vive. Si fueron una jornada solo para convencer a los compañeros de sus partidos, como se declaraba, no lo pareció. Invadieron el ambiente social, sin distingo. 

Si así van a querer convencer a la ciudadanía durante la campaña, poca sustancia nos espera. Los problemas del País son serios y no están para abordarse con tanta superficialidad. 

Muchos dirían que en el proceso electoral no se puede aspirar a grandes análisis; argumentarían que no es el espacio para revisar con eficiencia lo que es importante. Frente a ello, las preguntas que quedarían en el aire serían por lo menos las siguientes: ¿Cuándo es el tiempo? ¿Qué mecanismos tiene la gente para expresarse acerca de lo que vive? ¿Dónde puede hacer sus propuestas para que sean valoradas en el ejercicio de gobierno?

Si formalmente el sistema político cuenta con estructuras y mecanismos para ello. En la realidad nunca están al alcance de la población; se mantienen como instrumento único de los grupos políticos.

Quizá por eso se ven obligados a operar campañas fundadas en estrategias de manipulación, que les permita ganar sin tener que comprometerse mucho; sin dar lugar a grandes reflexiones y sin motivar grandes reclamos.

El psicólogo y lingüista estadounidense Noam Chomsky analiza aspectos como éste y afirma que la manipulación es el recurso más socorrido por los individuos con poder, cuando se reconocen sin autoridad. Dice que la manipulación es el instrumento preferido de las ambiciones huérfanas de convicciones y compromisos. 

En su opinión, las democracias menos desarrolladas han hecho de la manipulación de masas el medio preferido para imponer gobiernos insensibles e ineficientes. Esa manipulación la operan en distintos momentos, pero más notoriamente cuando van a tomar decisiones de trascendencia.

Para enfrentar y prevenir la manipulación de medios, Chomsky invita a estar pendiente de las acciones que se emprenden desde el poder, justo en momentos críticos. Destaco por ahora las siguientes cinco:

Distracción. Consiste en desviar la atención de la sociedad hacia fenómenos, hechos o eventos llamativos pero sin trascendencia. El caso de los pescadores perdidos por meses y recuperados justo antes de la elección presidencial, es un buen ejemplo.

Creación de problemas para ofrecer soluciones. Se aplica para crear emociones negativas en la población y luego ofrecer soluciones que provoca las emociones contrarias. Hay ejemplos de crisis económicas creadas con ese propósito, justo en tiempos electorales.

Aplicación diferida de medidas extremas. Se toman decisiones fuertes pero se ofrecen para operar después de pasado el momento electoral, con tal de reducir la insatisfacción que provocan. Leyes controversiales o medidas fuertes son ejemplo de ello. 

Explotar sentimientos y sentido lúdico. Se impulsan hechos que generan emociones positivas y desestimulan actos de razonamiento profundo. Sucede cuando se promueven grandes eventos de recreación sobre actividades y pensamientos importantes. Organizar o promover olimpiadas y festejos culturales significativos en tiempos electorales pudieran ser buen ejemplo.

Explotar la carencia y la ignorancia. Se aplica con programas extraordinarios de reconocimiento o apoyo inusual para sectores desprotegidos, sin resolver su condición de fondo. El impulso de programas asistenciales de todo tipo, pueden ser ejemplo de esto.

En pocos meses viviremos un proceso electoral sin precedentes. Se someterán a elección prácticamente todas las posiciones políticas, excepto la de Gobernador del estado.

Las precampañas nos anticiparon un proceso de poca sustancia social y política y eso debe ocuparnos. Sería muy sano que la sociedad rechace campañas superfluas y exija eventos que contribuyan a tomar mejores decisiones. Nada nos daría más satisfacción que elegir con libertad y con convicción a quienes nos representen, dejando espacio para evaluar su desempeño y exigirle cuentas.

Para lograrlo tendremos que aceptar nuestra responsabilidad, empezando por ver con ojo crítico lo que sucede en las campañas y votando libremente el día 1 de julio. Pero además, estando dispuestos a exponer nuestras opiniones y a formar parte de las soluciones. En cualquier circunstancia, el que gane necesitará una sociedad más crítica, pero más comprometida. ¿O usted qué opina?

@ambrociomojardi 

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