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ARTURO SANTAMARIAARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

La historia de los tránsfugas no es nueva en la historia partidaria mexicana, pero la hemorragia partidaria que se observa en estos días, donde el principal beneficiario ha sido Morena y el PRI el principal perjudicado, no tiene precedentes. Y, bueno, parece que esas fugas partidarias se pueden dar a corto plazo en Sinaloa.

En efecto, si Gerardo Vargas, por el norte, y Jorge Abel López Sánchez, por el sur, no están simplemente chantajeando y llevan sus fuerzas a otros partidos políticos, sus rupturas podrían quitar varios miles de votos al tricolor y ahondar la percepción de que la nave sigue yéndose a pique.

Según Vargas, Malova ganó las elecciones de 2010 y el PRI las de 2016, con su estructura, la cual, presume, tiene “la suficiente fortaleza para en un momento dado hacer ganar a un partido o para hacer perder a otro”. El ex Secretario de Gobierno sobredimensiona su fuerza, pero debe contar con un numeroso grupo de operadores que, en efecto, si se pasan a otro bando, pueden dañar al tricolor.

El PRD, en voz de Audómar Quintero, dijo estar dispuesto a cachar a Vargas; está en “el ambiente” de los amarillos, dijo el Machoprieto. Y como el PRD no tiene nada, los recursos políticos de Vargas serían para el sol azteca como agua en el desierto. Pero, además de beneficiar a los amarillos, los principales ganones serían Anaya y el PAN, a menos que el desprestigio del ahomense sea tan grande que perjudique en lugar de que ayude.

Esteban Zamudio, el líder formal aunque no real del panismo sinaloense también manifestó su deseo, aun antes que Audómar, de que Vargas se refugie con ellos, así que si Vargas no está blofeando y aguanta las presiones de Quirino y del Gobierno Federal, será recibido con los brazos abiertos por la coalición electoral que comanda a nivel nacional Ricardo Anaya.

Jorge Abel López Sánchez critica “los dedazos” y “las imposiciones del PRI” contra él. Dice que lo han hecho en el pasado y lo han vuelto a hacer ahora. No se sabe públicamente de que se haya acercado a otro partido o que un partido lo haya buscado, pero no sería nada raro que eso sucediera. Lo que sí es imposible que las coaliciones panista-pasista-perredista o la morenista-petista-pesista lo aceptaran como candidato a la Alcaldía de Mazatlán; pero no sería imposible una candidatura al Congreso de la Unión o al local.

El caso sinaloense es uno más, aunque de los menos sonados a nivel nacional, de las fugas que están sufriendo PRI, PAN y PRD, donde el principal receptor ha sido Morena.

En efecto, la historia de los tránsfugas no es nueva, pero la que sucede ahora, en una época de quiebres ideológicos y éticos, donde impera el más descarnado pragmatismo, ha rebasado todos los límites.

La explicación inmediata a tal hecho podría residir en que la competencia electoral desde el año 2000 es intensa, cerrada, incluso brutal; por lo que, los partidos políticos, o al menos sus candidatos y dirigentes, hacen de lado escrúpulos, principios e ideologías, para acumular aliados y votos.

En el fondo, ya se ha dicho mucho, hay crisis ideológicas y éticas no tan solo en los partidos sino en gran parte de la sociedad, producto de una época de liviandades valóricas. De ahora en adelante, la política va a ser mucho más cínica y ligera que en cualquier otra época desde que existen los partidos políticos. Al igual que en los equipos de futbol, beisbol o cualquier otro deporte profesional, donde los jugadores ya no tienen identidad con ningún club y juegan con quien les pague más o donde los vendan los propietarios, muchos políticos cambian de color partidario según sus intereses particulares y no porque tengan convicciones de servicio a la sociedad.

Al margen de una explicación más amplia de las fugas y acuerdos que antes eran imposibles entre partidos políticos, lo cierto es que, insisto, el menos beneficiado está siendo el PRI. Si en Sinaloa se concreta la ruptura de Vargas y Jorge Abel la otrora aplanadora electoral ya no será lo que fue en 2016 y menos frente a una oposición mucho más fortalecida.

Quirino en muy poco tiempo y sin un conocimiento a fondo de su partido se hizo apoderó de las correas de mando. Impuso a los 10 alcaldes de relevo de gobiernos priistas, aunque tuvo que aceptar a Mario Zamora, hombre de Mead, no de él ni de Peña Nieto, como candidato a Senador, ni tampoco pudo nombrar a Irma Tirado en la terna para el Senado. Sin embargo, el férreo control que está ejerciendo en el PRI le podría costar la salida de dos políticos que no puede menospreciar y menos en un proceso donde cada voto cuenta mucho.

Es cuestión de unos cuantos días saber si Vargas y López Sánchez hablan en serio o se quedan abanicando en el aire con su blofeo.

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