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JesusrojasriveraJESÚS ROJAS RIVERA

El 23 de enero de este año, en Morelos, se fincaba el primer precedente en la lucha contra la corrupción del País, acompañado de dos elementos de la Policía de Investigación Criminal, el Fiscal Anticorrupción de aquella entidad, Juan Salazar Núñez, detenía al ex Rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Jesús Alejandro Vera. Ese acto, pone el ejemplo de para qué sirve la figura de un Fiscal Anticorrupción, otorga la muestra que no son figuras decorativas y que pueden, cuando quieren, hacer valer su autoridad.

Mientras eso sucedía allá por el centro de México, tres días después en Sinaloa, el Fiscal Anticorrupción renunciaba por “motivos personales”. En un documento escueto, sin la mínima intención de aclarar los porqués de su renuncia, Ricardo Aguilasocho Rubio simplemente se bajó.

El cargo al que renunció no es menor, se trata de una de las figuras más importantes en la construcción del Sistema Estatal Anticorrupción, en el que se depositan las más amplias facultades para investigar y perseguir los delitos vinculados a los actos de corrupción de servidores públicos y particulares.

Por eso es que su salida pone a más de uno a especular, porque el abogado Aguilasocho no debió salir así, por ética, debió dar una amplia explicación a la opinión pública y a sus electores, que al final de cuentas demostraron que se equivocaron al darle tan importante responsabilidad en tal cargo.

¿Se pueden renunciar los cargos? Por supuesto que sí, nadie está obligado a despachar a la fuerza, ni a mantenerse en un espacio en el que no se es feliz o se tiene miedo, pero cuando se trata de espacios tan importantes para la vida pública, existen mecanismos enmarcados en la ética de los servidores públicos, protocolos y medios para dejar con dignidad una alta responsabilidad de Estado. 

Por eso es que la renuncia de Ricardo nos deja un mal sabor de boca, de más de lo mismo.

La tarea queda de nueva cuenta en manos los legisladores locales que a más de un año no han podido sacar completo el Sistema Estatal Anticorrupción, más allá de fatalismos, esta es una oportunidad para que “ahora sí” elijan a un Fiscal completo, respetuoso de la ley, pero sobre todo con amplio sentido la responsabilidad y de la ética.

Víctor Godoy se estrenó como Presidente de la Junta de Coordinación Política con esta declaración respecto a la renuncia que es por demás desafortunada: “Son cosas que suceden y lo que tenemos que hacer es actuar y otra vez, nuevamente darle posesión a quien corresponda en ese lugar”.

El Diputado Godoy debe entender que el cargo en cuestión no es para cualquiera y que no son como dice: “cosas que pasan”. La dimensión del hecho va más allá de un “así pasa cuando sucede”, y esto nos debe poner a reflexionar sobre la manera en que la clase política entiende la funcionalidad del cargo y la trascendencia del mismo.

Si los legisladores sinaloenses, no terminan por entender el fondo del Sistema, si siguen legislando sin profundizar en las repercusiones públicas de sus actos, seguirán cometiendo errores que terminarán por dejar limitado el brazo más importante en la lucha contra la corrupción. Aunque como dice un amigo muy querido: “No es que los legisladores no sepan del Sistema Estatal Anticorrupción, es más bien porque saben lo que implica, que deciden hacer sus trabajo con las patas”. Y pueda que tenga razón, al final nadie es alquimista de su propio veneno. Luego le seguimos. 

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