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JUAN ALFONSO MEJIAKRATO
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JUAN ALFONSO MEJÍA LÓPEZ

Las pre-campañas (en términos legaloides) comenzaron y con ellas, los excesos. Esta sería una primera lectura, un tanto superficial para mi gusto, aunque no por ello falsa. El exceso viene de mucho antes, pero este periodo nos permite observarlo con mayor nitidez. 

La sucesión en el poder en México adquiere tintes grotescos. No extraño en absoluto el autoritarismo mexicano de antaño pero lo contemporáneo está a tal grado pervertido, que es posible hablar de “sanas diferencias”. Antaño se trataba de políticos con cierta trayectoria; hombres en su máxima generalidad con años de experiencia en los corrillos del poder. Ahora son “familias” francamente fuera de serie: el titular o patriarca, más el hijo, la esposa, los sobrinos y un larguísimo etcétera. Toda una gama de “parientes” preparados para ejercer el poder; si no fuera así, diría que sólo aspiran vivir del presupuesto. Y seguramente no es el caso, ¿cierto?

En Puebla, Érika Alonso, en otro tiempo primera dama de Puebla, es ahora candidata a la Gubernatura; en Morelos, Rodrigo Gayosso, hijastro de Graco Ramírez se perfila para sucederlo; Miguel Ángel Yunes, otrora Alcalde de Boca del Río, ahora es candidato a suceder a su padre en la Gubernatura; Mariana Moguel Robles, hija de Rosario Robles -Secretaria de Desarrollo Agrario y Territorial del Gobierno de la República- , es candidata a la alcaldía de Milpa Alta; Federico Madrazo, Pedro Joaquín, Fernando Elizondo, Pablo Gamboa y un larguísimo etcétera son nombres y más nombres de hijos de políticos encumbrados que ahora “juegan al poder”. 

Heredar el poder no es algo sencillo y su análisis tampoco. Por el hecho de ser parientes, ¿significa que no pueden aspirar? En caso de haber dejado pasar un mandato, que su esposo ya no sea Alcalde o Gobernador, ¿legitima su arribo? Qué hay de los años en que han acompañado a su cónyuge o familiar, ¿acaso no han servido de nada? También ellos han aprendido un oficio. 

En definitiva, estoy en contra de este tipo de situaciones, pero no niego que “los parientes” tienen un argumento y que los ciudadanos menosprecian el poder de su voto. Sobre este último particular, es donde llamo la atención. 

Las familias talentosas existen y son genuinas; los Kennedy son un buen ejemplo. Evidentemente, pertenecer a una de estas familias es nacer con una “agenda de direcciones” y un camino que los pone en la delantera. 

También es cierto que “nadie” se los regala, todavía deben ganar la elección. Ganan amplio trecho cuando se colocan por encima y delante de sus colegas tan sólo por ser las y los hijos de quienes son, pero eso es así en todos los sectores, no sólo el político. Entonces, ¿cuál es el problema?

Puede sonar un tanto filosófico, pero no lo es; de hecho, es bastante pragmático. Cuando las filias sobrepasan al talento, el mérito es un accesorio. ¿Qué le pasa al esfuerzo en un país en el que no genera una retribución emocional? Mata la esperanza. Siempre creemos que dar un poco más servirá de poco o de nada. 

Los políticos no son de marte, son el reflejo nuestro. Me repugnan este tipo de candidaturas porque dice más de nosotros y nuestra democracia, que sobre los políticos y sus partidos. 

El poder en México se hereda, ¿tiene remedio esta situación? Pregúntenle a AMLO.

Que así sea.

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