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ARTURO SANTAMARIAARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

Si los lectores de Noroeste le echan ojo a otros medios sinaloenses impresos, radiofónicos, televisivos o en plataformas, pareciera, por los tiempos y espacios que estos dedican, que solo existieran los aspirantes locales a candidatos del PRI-Verde-Nueva Alianza, del PAN-PAS-MC, y si acaso, Manuel Clouthier, como independiente.

Predominan los columnistas que dedican casi todos sus comentarios, cuando abordan el tema, a hablar de lo que acontece en el PRI, como si estuviéramos en la época del partido casi único. Algunos prácticamente dan por hecho que los nombres que escojan Quirino y Peña Nieto para las candidaturas federales van a ser electos.

No quiero pensar que hacen propaganda disfrazada a favor de los tricolores, pero sí que ven la realidad de una manera muy parcial e, incluso, precipitada.

Quizá piensen que por el hecho de que gobierna el PRI y que Quirino ganó su elección de manera muy cómoda, tales condiciones automáticamente les confieren un triunfo seguro en Sinaloa para el próximo primero de julio. Y sí, claro, la maquinaria gubernamental del Tercer Piso y de las alcaldías tricolores, más las representaciones federales y poderosos empresarios, van a operar con dinero, personal y logística a favor de su partido, pero eso no dicta ni asegura triunfos electorales, si contemplamos cómo han ido evolucionando las campañas hasta el momento. 

Cualquier ciudadano atento sabe que los candidatos a la Presidencia de la República impactan mucho en los procesos locales a la alta o a la baja. Incluso hay nombres que generan más votos que cualquier aparato gubernamental o partidario y eso altera las dinámicas políticas locales. Esto, al menos en Sinaloa, se ha visto significativamente en tres ocasiones: en 1988, con Cuauhtémoc Cárdenas, en 2006 y 2012 con López Obrador. Los votos que ellos promovieron superaban con mucho a los que sus partidos lograban en elecciones exclusivamente locales.

Tal dinámica ha sido mucho menos visible en lo que han obtenido PRI y PAN en Sinaloa, porque estos partidos solían tener clientelas electorales más establecidas. Cárdenas y López Obrador seguramente les han arrebatado votos a ambos partidos, pero su voto, al parecer, provino, en los esencial, de los que en otras elecciones se abstienen o de la franja volátil del voto.

En el actual proceso electoral, a pesar de que solo han transcurrido seis años en relación a las elecciones que ganó Peña Nieto, hay elementos diferentes a nivel nacional que construyen un panorama mucho más complejo y difícil de controlar, sobre todo para el partido en el poder.

En 2012 la televisión jugó un papel central en el triunfo del hijo consentido de Atlacomulco, en 2018 lo es mucho menos a favor de Meade; ahora probablemente influyan más, sobre todo en los milenials, las incontrolables redes sociales. En 2012 se cumplían dos sexenios de gobiernos blanquiazules con pocos resultados positivos y millones de los nuevos votantes lo hicieron por el PRI pensando que lo harían mejor que los panistas. El PRI tiene menos gobernadores que en 2012 y, por lo tanto, goza de menor capacidad para incidir en las clientelas electorales estatales. 

El desprestigio de Peña Nieto es tan grande que se lo ha trasladado a su partido y debilitado a Meade. No se ve a un PRI plenamente convencido de un candidato que no es de su partido, y si le creemos al periodista Raymundo Rivapalacio, hay priistas poderosos, como Osorio Chong, que no están operando en su favor o definitivamente en contra. Agréguenle que el candidato no tiene experiencia electoral ni partidaria y que su equipo de campaña está dividido. Estos y otros factores más dificultan en extremo la campaña y operación electoral oficialistas. 

Por otra parte, al menos en Sinaloa y Jalisco, habrá dos candidatos independientes, Clouthier y Kumamoto, que todo indica estarán en la pelea por una curul. Las firmas que recolectó Manuel Clouthier hablan ya de una fuerza considerable, mayor de la que esperaban muchos.

Todo lo anterior influirá en los resultados electorales estatales y municipales, y el PRI no puede sentirse seguro de que ya tiene dos militantes suyos en el Senado, ni la mayoría de las diputaciones federales y estatales en el bolsillo, y menos las alcaldías.

Si se confirma la tendencia visible hasta el momento de que el cierre será entre López Obrador y Ricardo Anaya, no pocos priistas en Sinaloa y otras partes empezarán a saltar del barco y a acercarse a Morena y al blanquiazul. En este momento lo están haciendo hacia Morena, pero en la recta final sólo lo harán aún más hacia los lópezobradoristas y al que vaya firme en segundo lugar.

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