50 AÑOS DESPUÉS; 2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA ****

OSWALDO DEL CASTILLOCORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

2018: LA LUCHA 

Creo que esta capacidad de perdonar viene de tanto daño que ha recibido por quienes no desean conocerlo y a la ligera denostan la humanidad del hombre. Sin duda alguna que Andrés Manuel no es el mismo de hace 12 años que me tocó opinar, no muy convencido de su discurso, mal de él. Aquél hombre que encerraba en su alma el coraje y el odio, hoy no es más de aquello que vimos en un principio. Si bien, no es el dejado, es el hombre que ha hecho lo que pocos han logrado en el campo de la política nacional: mantenerse al frente de una lucha por tantos años arropando los ideales de la justicia y enorgulleciendo a los mexicanos por tanto esfuerzo dedicado a cambiar el establishment mexicano. Al diablo con “sus” instituciones, frase referida a los políticos que se empecinaban en destruir la imagen de este luchador social y recordada por muchos cuando a la intención de los jerarcas políticos del poder quisieron arrebatarle la lucha que mantenía con el viejo y agotado sistema político mexicano, ya de por si corrupto y dañado por todos los serviles incrustados en el modelo priista, del viejo y del nuevo. Hablar de la bonhomía del hombre sin ser testigo de su actuación sería meramente alabanza a un personaje que está a la vista de todos. Transparente en lo posible, y hasta donde podamos mirar, se nos presenta y claro estamos acostumbrados a ver la turbiedad en todo lo que se nos pone enfrente. Y es que no exageramos cuando decimos que el hombre es transparente y quienes lo denostan, son los turbios, al menos de sus pensamientos. Impregnados de presunciones de ser lo que no fueron y que en estas campañas se entercan en presumir su honorabilidad y transparencia, como hoy lo quieren hacer “Mid” y Ricón Canalla, que no soportan la rigurosidad de un escrutinio profundo, ni siquiera superficial. Ser indulgente nos lleva a ser tolerante y aunque Andrés Manuel es criticado por no serlo, en los hechos demuestra y nos demuestra serlo. Sin duda que el perdón juega un papel importante y con ello buscamos sanar de manera personal y a toda una nación que está enferma de cáncer desde hace mucho tiempo. Creo que pronto veremos en los demás discursos estructuras oratorias que hablarán del perdón, pues a decir verdad, Andrés Manuel pone la agenda nacional. La prerrogativa aquí es entender verdaderamente lo que está en juego para el próximo 1ero. de julio, y es nada menos que la sanación de todos los mexicanos. Estamos de acuerdo que exponer un discurso como el de Andrés Manuel, se corre el riesgo de que los demonios lo injurien más, pues bien sabemos que solo el hombre que no tiene culpa puede hablarnos de esa manera. Quien enfrenta la furia del poderoso, en un país como el nuestro, no tiene asegurado su destino y Andrés Manuel lo sabe, pero a la vez lo enfrenta bajo los múltiples riesgos consabidos. Siento la incertidumbre de muchos cuando oigo que ponen en duda el contenido del discurso de Andrés Manuel, y creo entenderlos, pues corrí con la misma suerte años antes de conocerlo. Hoy nos enfrentamos al engaño discursivo por aquellos que temen la llegada de López Obrador. Saben que el pueblo ya cambió y que no está dispuesto a un engaño más. Durante tantos años hemos vivido los ardides de los políticos para mentirnos que nos arrebataron la confianza en los hombres honestos. Finalmente se tendrá la oportunidad de votarlo y el riesgo ya no será tuyo, sino de todos los que estamos en el barco navegando por mares infestados de corrupción y aguas malolientes. Así sea. 

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