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Ernesto alcaraz vCOLUMNA VERTEBRAL
ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Era de esperarse que los partidos políticos, en aras de ampliar su votación descuidaran sus procesos internos de postulación. Pueden sumar votos, pero lesionan intereses internos. Los partidos de mayor representación electoral integraron alianzas con partidos menores a conveniencia por conservar su registro. No importaron controversias y rechazos de dirigentes y personajes prominentes, y menos, se atendieron  el sentir de sus militancias. Jugaron al riesgo mayor y ahora están en la revisión de costos-beneficios, ante la eventualidad de conflictos internos y de afectación electoral. 

En lugar de construir trazos políticos prudentes y proceder con tacto político, congruentes en sus ideologías, principios y valores fundacionales, asumieron actitudes autoritarias y pragmáticas muy cuestionadas. En algunos casos se están  imponiendo  contra el respeto a méritos políticos. Ya asoman resistencias políticas en los estados, distritos y municipios del País y se advierten presiones que pudieran llegar a la renuncia y al desprendimiento partidista. 

Y es que no era posible pensar que después de décadas de confrontación entre partidos rivales y antagónicos aderezados de infundios, recriminaciones y descalificaciones, surjan de repente afinidades y entendimientos suficientes para entrelazar visiones ideológicas y programáticas contradictorias y una mezcla de posiciones políticas difíciles de ser competitivas. 

Pueden surgir costos mayores por los desatinos políticos. Ahora se le dice al electorado y a la población que es el paso inicial para instaurar, de ganar la elección presidencial, un Gobierno de Coalición que garantice la gobernabilidad del País, figura contemplada ya en la Constitución. Pero queda a juicio y voluntad del próximo presidente. Y lo registrado en gobiernos plurales de ayer y hoy, no arrojan resultados ni favorables, y sí la crítica ciudadana. 

No se trata de satanizar las alianzas, pues todos los partidos se han aprovechado de ese derecho legal contemplado en sus estatutos y en la ley de la materia. No se descalifica el hecho de coaligarse ante la competitividad real de las elecciones, lo cuestionable es la forma autoritaria de cómo se integraron y la abdicación de valores, principios y visiones ideológicas.   

El PRI por tradición ha participado en elecciones federales y estatales con el PVEM y con el PANAL. Aunque éstos en ocasiones han mutado sus intereses hacia el PAN y el PRD, a conveniencias de sus dirigentes – propietarios. 

Pero el PAN, el PRD y MORENA han dado el paso más cuestionado y aventurado en esta elección, por lo que representa ideológica y programáticamente uno y otro. Del Partido Ciudadano poco se puede esperar: Juega con quien le permita mantenerse vigente en las pistas electorales: alcanzar su mínimo de votación, y por añadidura, escaños y curules. El PAN renunció a jugarla libre y jaló al PRD para fortalecer sus números electorales. Pero esa mezcla de intereses no entendida, seguro les afectará. 

Y Morena impone agenda y las líneas discursivas y temáticas, que aventuradas o improvisadas, inviables o fantasiosas, se mantiene en primer término en las preferencias electorales. Es cierto. Pero han surgido datos en esas encuestas, que si bien lo mantienen como puntero, hacen saber que las distancias se acortan y que AMLO si bien no baja puntos, tampoco sube. Aliarse con el Partido Encuentro Social ha causado malestar entre sus más cercanos colaboradores, en  seguidores intelectuales y militantes de izquierda.     

En pasadas mediciones AMLO oscilaba entre 32 y 33 por ciento en preferencias ciudadanas. Hoy suma poco más de 30%. ¿Quiere esto decir que llegó a su tope máximo? Y otra duda: ¿el porcentaje de votación equivale a los 20 millones de votos que Morena quiere alcanzar para ganar con amplitud? Y hay un dato que ronda en el ánimo ciudadano: Cuándo se pregunta ¿quién cree que ganará la elección?, los números indican un empate técnico. Como que el conocimiento y preferencias electorales no son sinónimo de certeza y confianza ciudadana. 

En su momento se sabrá, cuando se calcule el porcentaje de votación que emitirá el electorado, los índices de abstención, y los muestreos últimos en preferencias electorales tanto de partidos como de candidatos.  Porque en la elección los dos son importantes. Que hoy se fijen más por el candidato, es verdad, pero la estructura territorial y el peso específico de los grupos políticos importan, y eso “cuenta mucho”.   

Los desaciertos políticos traen por lo general confusiones electorales y afectación de intereses que podrían manifestarse de distintas formas: El deslinde político y postulación con otro partido distinto, compromisos electorales sin intención de ser cumplidos, y la peor, la simulación que se esconde de toda evaluación. Y a ellas se enfrentarán los partidos políticos, salvo que el reparto de candidaturas haya sido justo, equitativo y aceptado por sus corrientes y grupos internos.