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ARTURO SANTAMARIAARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

Mi solidaridad con Guillermo Ibarra, Tere Guerra y Luis Enrique Ramírez

Frente a la frivolidad y exhibicionismo de Malova, cualquiera es discreto; pero Quirino parece recorrerse al otro extremo. Sin duda, sus personalidades son opuestas. Malova es carismático, teatral, tiene poses y gestos ensayados, mientras que Quirino, espontáneo e incluso retraído, no parece dominar todavía los escenarios públicos.

La retórica del primero es más fluida aunque empalagosa y excesiva en adjetivos. Quirino no es buen orador, es corto de palabras, pero recurre más a los sustantivos. Malova habla mucho y Quirino habla poco. Quizá porque el sinaloíta es un político tradicional y Quirino un político tecnócrata.

El estilo de gobernar no se reduce, por supuesto, a las manifestaciones de personalidad y al currículum. Lo más importante es cómo se relaciona con la ciudadanía, cómo y con quiénes conforman su gabinete, cuál es su programa de Gobierno y cómo manda. Qué tan honesto es y hasta dónde llega su respeto a la ley y a las instituciones.

Los primeros quince días de Gobierno no han sido muy afortunados para el nuevo Gobernador. No ha tenido los mejores reflejos ante el atentado contra un ex jefe policial. No hizo la mejor propuesta para elegir al Fiscal General del Estado. Ni ha denunciado los desvíos financieros del Gobierno anterior.

Su discurso inaugural como Gobernador fue prometedor y en general fue bien recibido; pero fue solo un discurso. Lo importante son las acciones de Gobierno.

Un día antes de que jurara protesta como Gobernador de Sinaloa le concedió una entrevista al diario Reforma y declaró que su prioridad sería el combate a la inseguridad; pero en su discurso del 31 de diciembre el énfasis fue puesto en el combate a la corrupción. Ambas tareas son vitales en el estado y en el conjunto del País, lo importante es tener claro cuál será prioritaria.

Quirino habla poco y lo hace menos cuando lo interrogan sobre la violencia y la inseguridad. Esto sería irrelevante si es que está tomando las medidas correctas para enfrentarlas. Sin embargo, tal y como dice el editorial de Noroeste del jueves pasado, el Gobernador parece que, al igual que Los Pinos, le da prioridad a las tareas punitivas, las cuales, claro está, no pueden dejar de hacerse frente al crimen, y deja de lado la resiliencia, la reconstrucción del tejido social.

Poner por delante la violencia del Estado para combatir la violencia del crimen organizado sin una política social y educativa sólida y coherente sólo avivará la violencia. Parece que diez años fallidos de la guerra contra el narco no han enseñado nada.

De Quirino, como de Valdez, Pucheta y los demás alcaldes del estado se esperaría una política social, cultural y educativa que se acercara a la que nos ha propuesto en sus visitas a Sinaloa el ex Alcalde de Medellín Sergio Fajardo. Él, al lado de otros gobernantes colombianos, con sus políticas imaginativas y seriamente comprometidas con el bienestar social logró reducir sustancialmente el poder del narco y la violencia. Si Colombia antes era un ejemplo negativo, en la actualidad no le regateamos que sea positivo.

Sinaloa, y México en su conjunto, enfrentan una desafío mayor porque no tan sólo hay una crisis de inseguridad, donde el 74.1 por ciento de los mexicanos lo ven así, según una encuesta reciente de INEGI, sino una evidente crisis del modelo de desarrollo. Así que nos vemos obligados a crear una nueva vía económica y social, a la vez que combatimos uno de los índices de inseguridad más altos del mundo. Estamos, evidentemente, ante una encrucijada histórica.

Quirino imitó al Presidente Peña Nieto al plantear que el Ejecutivo propusiera una terna para elegir al Fiscal General y su partido le enmendó la plana proponiendo que fuera un consejo ciudadano quien lo hiciera. No es nada frecuente que los diputados priistas propongan una iniciativa diferente a la de un Gobernador salido de sus filas; pero si no es una maniobra partidaria para que Quirino finalmente escoja al que tenía en mente, pues qué bueno que manifestaran su independencia, al menos en este caso.

Malova metió al gabinete de Quirino varios de sus cuadros políticos y sigue exhibiéndose en el territorio sinaloense. Está bien blindado en el nuevo Gobierno y no guarda discreción. Difícilmente será cuestionado y llevado a juicio y, por lo tanto, Quirino, tan sólo por eso, verá minada su credibilidad.

Posdata

Carlos Felton debe explicar en qué gastó un millón y medio de pesos que la ciudadanía mazatleca generosamente donó para una obra vial. ¿O se va ir así, orondo? Debe esa explicación y muchas más.

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