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AMBROCIO MOJARDINVISOR SOCIAL
AMBROCIO MOJARDÍN HERÁLDEZ

El pasado 10 de enero, el Gobernador del Estado expresó su voluntad de impulsar la autonomía para la Universidad de Occidente y en la semana que termina ya se dio primera lectura a la iniciativa que con tal propósito se hizo llegar al Congreso. Con ello, la comunidad universitaria recibió un regalo inmejorable y un encargo de grandes dimensiones, que seguramente sabrá atender.

La autonomía universitaria es el principio constitucional con que se busca proteger a la universidad pública para que cumpla, a plenitud, el encargo social de formar profesionales íntegros y de alta calidad. Es una decisión de Estado, que se funda en el reconocimiento de que solo en libertad las universidades pueden ofrecer buena educación superior, impulsar actividad científica de relevancia y diseñar las propuestas para el desarrollo social y productivo, con justicia, que necesita la nación. 

Como se podrá entender, el hecho de reconocerle autonomía a una institución es también darle créditos de madurez a su comunidad. Es confiar en la forma que atienden su compromiso y tener certidumbre de que pueden tener mejores resultados si gozan de más libertad.

La autonomía universitaria supone el ejercicio de al menos cuatro condiciones: 1) Libertad para definir su forma de gobierno y para designar a sus autoridades académicas; 2) Libertad para establecer su modelo educativo y para interactuar con la sociedad; 3) Libertad para ejercer las partidas presupuestales que recibe y los ingresos que genera con su actividad académica, científica y cultural y; 4) Libertad para diseñar su orden jurídico y laboral.

Al dar autonomía a las universidades, el Estado busca que la educación sea un ejercicio de formación en y para la libertad. Se pretende que en ellas la enseñanza, la creación y la recreación del conocimiento se practiquen con absoluta apertura ideológica y que esto enriquezca la visión y actitud social de los egresados.

De acuerdo al sentido de autonomía que se expresa en el Artículo tercero constitucional, las universidades autónomas son instituciones fortalecidas por la diversidad de pensamiento científico y la pluralidad académica que viven. En la formación profesional que ofrecen deben mantener conexión absoluta con las necesidades y condiciones de la sociedad, para ofrecerle alternativas de cambio.

La universidad autónoma es la institución más madura, la de mayor sensibilidad y compromiso con la sociedad que la sostiene. Es el espacio que concentra lo mejor del conocimiento y en el que se debaten las mejores propuestas para el desarrollo social y productivo.

Es de esperarse que la autonomía traiga grandes beneficios institucionales a la Universidad de Occidente. Por ahora mencionaré solo tres. 

En primer lugar le permitirá decidir y consolidar la posición científica y social que crea más adecuada para potenciar el desarrollo del estado y el País. En segundo lugar, podrá proyectar y operar con independencia el modelo pedagógico que considere más congruente con sus propósitos. En tercer lugar, podrá decidir sobre los mecanismos internos para proyectar la ruta institucional que la vuelva una institución eficiente y de gran influencia social.

Enfrentará sin duda algunos retos importantes. Por ahora menciono solo dos.

El primer reto y el más difícil que enfrentará la comunidad universitaria de la UdeO será el de asumir la independencia y volverla su fortaleza. Superar las prácticas y vida interna de una universidad dependiente del estado, a una universidad independiente, tomará tiempo y reclamará paciencia.

Tendrá que evaluar el proyecto educativo que ha estado ejerciendo y redimensionarlo a uno con mayor sentido social y con capacidad para resistir los intereses de control que se le irán presentando. Deberá construir mecanismos para blindarse de los intereses, internos y externos, que quisieran volverla su instrumento político o económico.

La UdeO tendrá que “vacunarse” contra los ejemplos de instrumentalización universitaria, que lamentablemente han cundido en el País y en Sinaloa vemos con la UAS. Sobre todo cuando hay sectores de la sociedad que no solo los toleran, sino que hasta los han aprovechado para tener beneficios ilegítimos.

El segundo reto consistirá en definir un modelo educativo, que siendo congruente con el modelo institucional, permita transitar de lo que hay, a lo que se necesita. Se abre la oportunidad de contar con un modelo moderno y de avanzada, como varios que se conocen en el mundo y la UdeO tiene personal calificado y aliados para intentarlo.

La tarea requerirá de la más amplia, abierta y consciente participación del personal académico y administrativo. Hacerlo por decreto reduciría los tiempos y quizá los costos financieros, pero dejaría vacíos institucionales casi insuperables.

En fin, al concretarse la autonomía para la Universidad de Occidente, ganará su comunidad educativa y ganará Sinaloa. Las nuevas generaciones tendrán más oportunidades de estudio y los sectores productivo y social tendrán más y mejores aliados.

Hacemos votos para que así sea y para que la sociedad reciba este cambio con júbilo. Sinaloa será una de las muy pocas entidades que cuentan con más de una universidad pública autónoma y con oportunidades multiplicadas para tener grandes logros en educación ciencia y tecnología. Solo requerirá de que el júbilo lo acompañemos de compromiso para mantenerla concentrada en su esencia, no distraída para servir intereses que les son ajenos. Se puede y nos conviene. ¿O usted qué opina?

@ambrociomojardi

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