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COLUMNA VERTEBRAL
ERNESTO ALACARZA VIEDAS

Ernesto alcaraz vSin duda que la corrupción afecta en lo general al Estado Mexicano e irrita a su  población. Los procesos acumulados por desvío de recursos que no son resarcidos, impactan en el erario y hace pensar que los casos acreditados quedarán impunes. En tanto la sociedad se mantiene expectante esperando que se recupere el Estado de Derecho y se haga justicia. Todos perdemos. Pero en esa querella ciudadana contra el gobierno en sus tres niveles suele suceder que actuamos por igual malquerientes e infractores de la Ley: “Soplamos masivamente para que el fuego de la corrupción se apague, pero prendemos cerillos a diario para avivarlo a conveniencia”. Que se cancele en ellos y viva en nosotros. La corrupción ha permeado a la sociedad en su conjunto. 

No se trata de justificar el desorden financiero ni las truculentas formas de hacerse de los dineros del pueblo, como tampoco solapar las complicidades con el Sector Privado o que hagamos lo propio para sacar ventajas. Se trata de fincar responsabilidades a quien delinque y que la impunidad no sea soporte de la injusticia. Lo inadmisible es que tengamos que llegar a elecciones – cada tres o seis años – para “abrir la caja de pandora” y regocijarnos denunciando y haciendo apología de la deshonestidad pública y privada que condena tanto a fieles tributarios que beneficia a evasores fiscales mayores e infractores de poca monta. De eso es lo que debemos ocuparnos. 

Las “pillerías” que son cometidas a diario y motivan el enojo social deben ser atendidas con medidas preventivas, antes que generen conflictos de interés y complicidad. Porque dejarla pasar una vez es tanto como acumular irresponsabilidades que se amontonan y propaga con mayor fuerza el descontento social. Tenemos auditorías gubernamentales que se realizan a entes públicos y organismos privados, que se aplican  selectivamente pero que no constatan el universo de las anomalías, irregularidades y posibles delitos de fraude o peculado. Son sólo muestras para justificar su razón de ser y decir que el Estado está empeñado en evitar y castigar la corrupción. Pero así vista una auditoría, da lugar que la impunidad esconda una real Rendición de Cuentas. 

Tampoco se trata de cambiar de funcionarios ni de zarandearlos pública y mediáticamente porque no hicieron bien las cosas o no dieron los resultados deseados. El punto es que no sucedan, que se prevean y observen en su inmediatez, y dado el caso de recurrencia, que se corrija y/o sancione. Por tales omisiones, queda claro que hoy son los partidos políticos los que atraviesan por su peor momento pues de sus filas surgieron los gobernantes y  presidentes municipales cuestionados. Igual que ejecutivos federales y legisladores. Todos caben en el mismo costal. 

Para que 32 sacos si contienen las mismas tropelías, se trata de frutas diferentes pero igual de podridas. ¿Una talega propia para AMLO? No, hay que sacarlos uno por uno y ponerlos, entonces sí, en su propio casillero de responsabilidad.  La hora les llegó a todos porque dejaron pasar de largo la eficacia y la eficiencia administrativa y la honestidad personal de los servidores públicos. De ahí el dilema: ¿Quién recibirá el apoyo y quiénes el rechazo? Es precisamente la opción que tendrá que asumir el electorado el 1 de julio de 2018. Los partidos se coaligaron porque por sí solos no ganan. Pero si creen que por el sólo hecho de aglutinarse y querer esconderse en las alianzas el ciudadano va a desatender su apreciación, no lo creo. La verdad es con tantos negativos acreditados, la ciudadanía no tiene, al parecer, la indulgencia mayoritaria hacia  partido o candidato alguno. 

Que AMLO tenga el 95 por ciento de conocimiento, ANAYA el 70 por ciento y que MEADE se mueva entre el 46 y 55 por ciento, no es definitivo. Porque no se trata de aplicar el dicho “más vale malo por conocido que bueno por conocer”, como tampoco aplicar “la tercera es la vencida”, o el cantado “Ya le toca”. No se trata de hacer fila para lograr una aspiración. La competencia electoral es un paso significativo para fortalecer las instituciones, corregir lo que no es productivo y garantizar el bienestar de la población. Pero sobre todo, la gobernabilidad. Compromiso que todos deben asumir.

Se busca mejorar las condiciones adversas por las que atraviesa el País, y para ello, estamos en espera que las propuestas, formas y modos de operarlas satisfagan al electorado mexicano. Y si los candidatos buscan rentabilidad electoral tienen que convencer a la ciudadanía. Con spots mediáticos no alcanza. Unos más, otros menos, todos los aspirantes enfrentan el descrédito de la sociedad y su hoja de vida es cuestionable. Desde luego, habrá victoriosos y otros esperarán una nueva oportunidad. Pero la población ya merece respuesta a resultados sociales positivos de las victorias electorales, decididas por la ciudadanía. 

Hay que decir que el pragmatismo aplicado por los partidos no están dando los resultados electorales. La apreciación ciudadana está fija no sólo en la candidatura presidencial, está en todos los confines del País. Y en las decisiones políticas para cargos electorales en las entidades, la estrategia les está fallando. A todos. Hay mucha efervescencia y descontento por la forma de elegir candidatos o por el perfil de algunos de los seleccionados. Y lo peor, es que las propuestas han sido sustituidas por las  descalificaciones e insultos entre candidatos y dirigentes. Están construyendo un entorno social poco favorable y un ambiente electoral complicado y de precaria civilidad.