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JUAN ALFONSO MEJÍA LÓPEZ

JUAN ALFONSO MEJIA

KRATOS

Para Carlos Ornelas, la agenda educativa estará inserta en el año electoral que inicia. Quizás no lo esté de la forma que desean “algunos investigadores de la educación u organizaciones de sociedad civil, como Mexicanos Primero”, pero de que va, ¡va! No se hablará del Derecho a la Educación de las y los niños y jóvenes, “sino que escucharemos expresiones de las trazas políticas” (Excélsior, 3 de enero 2018).

La reflexión de Ornelas surge luego de que AMLO se pronunciara en diversas ocasiones sobre su claro rechazo a la Reforma Educativa (y que del resto de los precandidatos guardaran silencio). De llegar a la Presidencia de la República, nos dice, derogará una reforma que considera de “Peña Nieto” y que además “no es educativa”, en la que por cierto asegura, “los maestros han sido ninguneados”. No puedo estar en mayor desacuerdo.

Argumentos sobran para contrarrestar las afirmaciones del “pre”candidato de la alianza Morena-PES-PT. En innumerables espacios se ha explicado por qué es erróneo reducir un proceso de transformación educativa a una modificación normativa; del por qué es miope querer atribuir el cambio a una administración, cuando el proceso nació antes de la misma y desde afuera de las estructuras del Poder Ejecutivo; y, sobre todo, de la insistencia en amalgamar la vocación del magisterio con el acuerdo corporativo clientelar del Gobierno en turno con los líderes del SNTE y de la CNTE. Es ocioso discutir a este respecto, por lo menos por este medio.

El problema de fondo no está en el carácter “voluntarioso” de las declaraciones, de López Obrador o a quién corresponda “el turno”. Tampoco está en nuestra incansable disposición por renovar la esperanza. Ni siquiera en la ingenuidad, porque algunos queremos creer. En el fondo, la disyuntiva está en el método y los criterios para la discusión.

La falta de evidencia por parte de los aspirantes les hace pensar que están en su derecho a decir lo que se les antoje. No discuto su derecho, sino el nuestro a contradecirlos con información contundente. Los políticos mexicanos no están acostumbrados a argumentar. En estas elecciones que se avecinan, pongamos “el dedo en la llaga”: evidencia, evidencia y evidencia. 

Al tratarse de educación, tengamos claro tres criterios que hoy ninguno de los aspirantes ha demostrado tener. 

Primero, lo que importa son las y los niños y jóvenes (NNJ). Se escucha fácil pero la evidencia en este país, más en tiempos electorales, demuestra que no es el caso. Una y otra vez, el Gobierno, los aspirantes, los estados, las cúpulas sindicales regresan al cálculo político, electoral, sindical y/o financiero. Entonces, vale la pena decir: ¿y l@s niñ@s y jóvenes, dónde están en esa ecuación?

AMLO dice que “echará para abajo la reforma educativa”, lo dice pensando que de esta forma negociará con las cúpulas del sindicato si les regresa “el botín” de las plazas magisteriales. Los aspirantes Anaya ni Meade se han pronunciado todavía, ¿alguno de ellos verá en l@s maestr@s los principales garantes del derecho a aprender de los NNJ en México? Estamos por verlo en su propuesta. 

Segundo, el Derecho a Aprender es un derecho humano y no un servicio, en México consagrado en la Constitución a partir del 2013. Que l@s NNJ estén en la escuela, aprendan en ella y participar de su formación está relacionado con la sociedad que soñamos, no se limita a claves del centro de trabajo, profesores categorizados como “personal”, escuelas definidas por ladrillos” y un largo etcétera; en pocas palabras, que la escuela sea el instrumento para tener un México más incluyente, no es como “pagar la luz”. 

Nuevamente, AMLO es el único que se ha pronunciado, aunque cuando habla de educación piensa en el Estado como instrumento igualitario (Proyecto de Nación 2018-2024). La escuela es la mejor vía y la única oportunidad para millones de mexican@s para contar con mejores oportunidades. Como país, es el mejor camino que podemos adoptar para edificar un país más justo e incluyente. 

Tercero, la transformación a un sistema educativo incluyente, centrado en las necesidades de las personas y en su inclusión parar generar oportunidades de desarrollo, es responsabilidad de tod@s. La experiencia internacional demuestra que la continuidad es necesaria en cualquier proyecto educativo exitoso. A diferencia de los regímenes autoritarios, en los países democráticos que la “transformación continúe” depende del compromiso de otros actores, mucho más allá de la esfera gubernamental. 

La educación es un proyecto social o no es proyecto educativo. Intentar servirse de este proyecto social para intereses particulares es mantenerse en el pasado y no proponerle nada nuevo a México. Hasta ahora, no hemos escuchado de parte de ningún candidato cómo desde la educación combates la corrupción, la inseguridad, la desigualdad social y la pobreza. No lo ha dicho AMLO, pero tampoco el resto de los aspirantes; entonces, ¿cuál es la diferencia entre un campo y otro? Cada vez me convenzo más de que la respuesta es sencilla: ninguna.

2018 será un año de retos y de enormes oportunidades. Que sea como lo deseamos no está en los candidatos, sino en nosotros, responsables de darles un mandato. Qué lugar le queremos dar a la educación los mexicanos está relacionada al México que edificamos para nuestros hijos. No en la generación venidera, en ésta.

Que así sea. 

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Twitter: @juanmejia_mzt