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MANUEL CÁRDENAS FONSECA

MANUEL CARDENAS FONSECA

Ante la nebulosa causada por el proceso electoral de este año, plagado de desafortunadas declaraciones de diversos aspirantes (que más bien son candidatos); estamos prestando muy poca o ninguna atención a una serie de temas que afectan a nuestro país y que debieran preocuparnos. Lo coyuntural y festivo de este momento (que no por eso deja de tener importancia), vuelve a imponerse sobre lo trascendental y serio.

Parece que no nos ha importado conocer que la inflación acumulada en 2017 alcanzó 6.77 por ciento, la más alta de los últimos 17 años (casi una generación no conocía de ella). Las amas de casa ya lo recienten en los precios de los productos, pero aún no es del debate nacional y quizá lo comience a ser hasta que veamos afectados nuestros bolsillos

Tampoco ha generado gran impacto que 2018 haya arrancado con más de 80 asesinatos en tan solo 10 días, si así “pinta” el inicio, no quiero pensar cómo nos irá el resto del año con la actuación de la sin defensa nacional. Los marinos de tierra y los aviones de papel.

Hasta la polémica Ley de Seguridad Interior recientemente publicada, ha dejado de ser tema de debate; “que la Suprema Corte decida.”. El Tratado comercial que incendiaba comunicadores más frío que un tempano de hielo.

Son tiempos electorales, de buscar “hueso” y de generar renovadas esperanzas en la sociedad. Son tiempos en donde todo pasa y nada se ve, nada importa, sólo quién ganará las elecciones.

Y como diría uno de los precandidatos haciendo uso de una frase desgastada en el ámbito político y propia del campo religioso: “lo mejor está por venir”. Sí de aquí partimos qué miedo pensar hasta dónde llegaremos.

Ante este escenario una de las informaciones que pasó prácticamente desapercibida y hasta fue celebrada por algunos, fue la compra de México de 29 misiles a los Estados Unidos con una inversión de 98.4 millones de dólares. Son misiles y torpedos guiados que se dice que la Marina utilizará contra el crimen organizado. Algunos irónicamente han dicho que quizá se busca equilibrar la balanza comercial deficitaria que tiene Estados Unidos con nuestro país, pero la realidad es mucho más preocupante y cruda.

Este hecho se suma a una serie de acciones que se han desarrollado en nuestro país en los últimos años para que las fuerzas armadas estén “armadas hasta los dientes”. Lo que yo me pregunto es con qué propósito, porque los resultados obtenidos no muestran que con su impresionante crecimiento en la compra de armas por parte del gobierno mexicano, se haya reflejado en menos violencia y delincuencia y en mayores aseguramientos. Todo lo contrario.

Aquí no pueden apelar los creyentes en la economía a los “rendimientos marginales decrecientes”, porque el mercado de la droga en México, y las muertes asociadas a la actividad del crimen organizado (delincuencia) siguen creciendo a la par del incremento de las compras de armamento. Este es un esquema de suma cero en donde el único que gana es el burócrata que compra, el que vende y pierde la sociedad.

Información presentada por el Banco Mundial el año pasado, reveló que México (particularmente el actual gobierno), al contrario de los demás países de América Latina, ha optado por fortalecer el gasto en las fuerzas armadas, incrementando sustancialmente los recursos destinados a la compra de armamento y aumentando el número de las fuerzas militares.

De acuerdo a esta información, México compró armamento en el extranjero, tan sólo en 2016, por un monto de más de 388 millones de dólares; esto representa un crecimiento de 246.4 por ciento respecto a lo que se gastó en 2010.  Con lo invertido en 2016 en la compra de armamento México contribuyó con la cuarta parte de lo gastado en ese año en América Latina en ese rubro.

El incremento del número de elementos también ha sido sustancial en las fuerzas armadas. Hoy las fuerzas armadas están integradas por casi 350 mil elementos lo que representa un 62 por ciento más de lo que tenían en el año 2000.

El Banco Mundial considera que el gasto militar en México alcanza unos 120 mil millones de pesos, lo cual representa el 0.6 por ciento del PIB nacional y es superior al gasto público destinado a ciencia y tecnología. Esto debería preocuparnos a todos los mexicanos.

Pero lo realmente desconcertante es que mientras crece el gasto militar, los gobiernos estatales desvían recursos para ir en “auxilio” de las fuerzas armadas. Que poca abuela. Y si el señor de la sin defensa nacional declara que las policías estatales y municipales están coludidas, que asuma la responsabilidad de decir que están, desde hace varios años, comandadas e integradas por militares y marinos, que no le hagan al monje loco él y el ex secretario de gobernación que aplicaba el control de confianza a contentillo para luego rajarse y aventar la bronca a gobernadores timoratos que no se animaron a reclamarle.

 

Recientes declaraciones de la SEDENA pretenden mostrar orgullosamente los golpes que las fuerzas armadas le han dado al narcotráfico, con aseguramientos de drogas durante el sexenio de más de 2 mil millones de dólares, más de 57 millones de dólares en efectivo, más de 31 armas de fuego, 101 aeronaves, 47 embarcaciones y 44 mil 650 vehículos.

Lo que no nos dice la SEDENA en esta información es que las cifras de esta administración en la lucha contra el narco son mínimas y que han venido disminuyendo con respecto a su predecesor. En aseguramiento de drogas, la mayor cifra alcanzada en este gobierno es 26 veces menor al record que se logró en 2007. De igual forma, el aseguramiento de armas en los últimos 5 años representa apenas una tercera parte de lo alcanzado en los seis años previos. Así podríamos seguir enumerando en cada uno de los rubros y en todos ha habido una sustancial disminución y no porque haya disminuido el negocio de la droga en el país, sino porque se ha mostrado una menor eficacia, pésima eficiencia y ahí imagine usted cualesquiera sean las razones.

Se estima que el mercado de la droga en México tiene un valor de entre 60 y 80 mil millones de dólares anuales, por lo que las pérdidas que los aseguramientos de las fuerzas armadas han hecho a los narcotráficos no afectan de manera importante sus ganancias, ni su negocio que sigue floreciendo en todas las regiones del país. Más bien parecieran entregas para justificar pingües negocios. Vaya, en Sinaloa han dicho que desmantelaron “n” laboratorios (PERO NUNCA DETIENEN A NADIE), por lo que pereciera que son montajes tipo García Luna en la escuela de Cienfuegos.

Lo que tampoco se dice es que muchos de los bienes asegurados (probablemente todos) están aún sujetos a proceso y mientras se resuelve se encuentran solamente bajo resguardo de las autoridades aunque muchos de ellos siendo ilegalmente usados por burócratas.

Desde mi punto de vista no ha habido eficiencia ni efectividad y más pareciera estar involucrados en la “renta” de la delincuencia organizada. A cada rato en los corrillos y los cafés se comenta que fue más el dinero “incautado” que el reportado en el parte de las corporaciones y no se ve una política clara contra la delincuencia organizada.: Drogas, trata; menores; lavado, etcétera, en su mejor auge.

El incremento exponencial para un incompetente ejercicio de las fuerzas armadas, al margen de su ilegal actuación en materia de seguridad pública, ha implicado menos recursos para la seguridad pública y para fortalecer los cuerpos policiacos civiles en el país, y menos recursos para atender las necesidades de la población.

¿Será esto parte de un complot contra la sociedad misma para compensar exigencias de Estados Unidos de América? ¿Será parte de los acuerdos secretos el “dobletear” los integrantes de las fuerzas armadas para tener un mejor estado de terror y luego la militarización formal [de facto ya se siente])? ¡Tan vergonzantes resultados ya hubieran sido más que suficientes para despidos masivos en cualquier gobierno serio!

¡Ah! Pero como profecía  religiosa recuerdo a Clinton (el violador de menores auspiciado por su cónyuge) diciendo: “I betting that the best is yet to come”, vaya apostador (ludópata) adúltero, violador de menores que además usó, como Obama, el engaño a los creyentes. Creo que en próxima entrega me referiré a esa socorrida frase utilizada por hipócritas para engañar  bobos en el mundo terrenal pero de esperanza en la fe.

¡Muchas gracias y sean felices!

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