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OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

OSWALDO DEL CASTILLO

YO LOS PERDONO

CORTOS REFLEXIVOS

Todo acto humano está propenso a ser perdonado, pero la ley tiene otros planes para el que la infringe. Perdonar implica aplicar la humanidad a la persona que precisa de ser perdonado, de no ser así vana sería nuestra Fe. El perdón sana a la persona, con más razón a la nación. El perdón es consecuencia del amor, quien se jacte de amar va implícito el perdón. Porque el amor todo lo puede, y cuando hay amor todo es armonía; todo se mueve sincronizadamente. El amor no tiene patente, todo mundo puede ser dueño del él. Se puede comerciar con el amor, porque el amor no persigue ganancia alguna. El amor deviene de Dios y el que ama lo hace por medio de Él. Los actos humanos que están desprovistos del signo del amor, son actos con intereses diferentes, en ellos se persigue la ganancia a ultranza, el poder, la rivalidad, el egoísmo. El hombre con ese rasgo de desamor, no alimenta nunca el espíritu, la moralidad se pierde y la mentira prevalece. En el amor no hay imposición ni amenaza, ni condición que obligue a hacer lo que no debe hacerse. Un acto amoroso lleva consigo la ternura del padre y de la madre, del hermano, del buen vecino, del amigo. Una sociedad amorosa se protege a sí misma. Un cuerpo de seguridad amoroso cuida de su rebaño. Una iglesia amorosa defiende su postulado. Un gobernante amoroso ayuda a prosperar su estado y ofrece oportunidades para todos y no para unos cuantos. Un servidor público amoroso atiende con agrado a quien le solicita ayuda sin necesidad de ser recompensado. Quien ama el trabajo, ama a sus jefes y a quien sirve. El Ser amoroso no es temeroso de nada ni de nadie porque sabe que hay algo más importante; que todos podamos ser felices. La nación entera precisa de ser perdonada por el solo hecho de tener olvidados a millones de seres humanos que necesitan apoyos diversos y no los tienen. Porque todos podemos trabajar para todos, porque todos tenemos las mismas necesidades de amar y ser amados. Sí, yo los perdono, pero empezaré por mí mismo, porque necesito de perdonarme a mí mismo, por lo que fui, lo que soy y porque no quiero ser. Deseo ser solidario con mis vecinos, amigos, hermanos, deseo que no les pase nada porque nada debe pasarles. Necesitamos construir un nuevo mundo, un mundo donde realmente nos amemos, nos protejamos, un mundo en que reconozcamos la imperfección de nuestra naturaleza, pero con deseos a diario de perfeccionarla. Por eso yo los perdono. La ley dice otra cosa, hagamos una ley perfecta, respetuosa y digna de todo ser humano. Una ley que no castigue al desprotegido, al desamparado, al que tiene poco o casi nada. ¿Y tú, qué esperas para perdonar?, ¿Y cuántas veces habremos de perdonar? Nada menos que 70 veces 7. Así sea.

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