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OSWALDO DEL CASTILLO

El editorial de diciembre es prácticamente el resumen de todo el año y hacer ese ejercicio en este momento no me es posible, no porque no cuente con la información necesaria para hacerlo, sino que el humor emocional no me lo permite. Otros diarios locales hacen la reseña anual y colocan en ella la noticia o el acontecimiento más importante del año. Didáktica asume que esa reseña resalta cada noticia en su justa dimensión. Diciembre es para muchos el mes de los niños pues festejamos el natalicio de nuestro Señor Jesús. Resaltar este acontecimiento es de mucha significancia para mi persona pues a saber que Dios se encarna en uno de nosotros, me lleva a pensar que Él desea lo mejor para la raza humana. Hemos pasado por muchas cosas y muchas de esas cosas no están verdaderamente alineadas a los propósitos de los hombres buenos ni tampoco a los deseos de las personas que quieren lo mejor para la humanidad o simplemente para los mexicanos. Estamos enfrascados en una lucha personal o de grupo, pero nunca en una lucha de una sociedad entera. Ciertamente vivimos en células societarias o comunidades agrupadas territorialmente, pero no veo la existencia de una sociedad que vigile el o los intereses de una comunidad entera. Los intereses personales o de grupos se distancian de un propósito general que pueda llevarnos a eslabonarnos en una lucha para el bienestar común y estas circunstancias son aprovechadas por esos grupos incrustados en el poder de la nación. Hemos olvidado que la fuerza, para que tenga fuerza, debe acompañarse de todos o de casi todos y no veo que los mexicanos la tengamos o al menos pretendamos tenerla para el próximo acontecimiento verdaderamente importante, que será el 1ero. de julio. Diciembre vivió uno de esos días que nadie racionalmente consciente desea haber tenido. La promulgación de la Ley de Seguridad Interior ya en manos de la Suprema Corte para estudiar su posible inconstitucionalidad, me parece un golpe bajo que no podremos esquivar. Hubiera sido muy sano que la nación hubiese tenido un tiempo para haberla discutido y analizado profundamente y si se buscaba tener un marco jurídico para que las fuerzas armadas pudieran actuar conforme a la ley, pues en esa discusión se hubiesen planteado los lineamientos jurídicos necesarios para que lo tuviera. La idea no es pensar mal, pero los hechos nos llevan a acertar que en lo que hicieron escondieron razones que buscaban otra cosa menos el bienestar de los mexicanos. El doble discurso del presidente nos pone en una encrucijada y recorrer ese camino sinuoso sin forma de detener los avances inerciales nos llevarán a una colisión sin precedentes. Les deseo un año de lucha intensa, que ésta apenas comienza.

Dr. Oswaldo del Castillo Carranza

Responsable