JESÚS ROJAS RIVERA

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Para hablar de reelecciones del Poder Ejecutivo o Legislativo, primero debemos explorar el sistema electoral que los define. Es decir, el conjunto de medios a través de los cuales se eligen los órganos de gobierno. El académico Leonardo Valdés afirma que “el sistema electoral recibe votos y arroja órganos de gobierno y representación legítimos”. Es pues, un sistema de entrada y de salida que funciona no sólo con reglas jurídicas que se disponen en las leyes, sino además de las informales y cambiantes reglas de política que complejizan la fenomenología electoral. La reelección no es un derecho de facto, sino una compleja posibilidad de continuar bajo la regla principal que rige en la política: perder o ganar. 

En el 2018 se estrenará en México la figura de la reelección a cargos de representación popular, los precedentes de este modelo se remiten al Siglo 19 en la Constitución de 1824 donde se planteaba la reelección de diputados y senadores. Según la politóloga María del Carmen Nava, en 1946 el Partido Popular Socialista propuso la reelección legislativa inmediata fundamentándolo en la tradición constitucional de 1824 y 1917, señalando que el principio de la “no reelección” se enfocaba en la figura del Presidente de la República, particularmente por la dictadura porfirista de la que se venía huyendo. 

Vicente Lombardo Toledano y Antonio Caso expusieron en su tiempo los grandes beneficios de la reelección legislativa para la formación de “cuadros parlamentarios” es decir, políticos de carrera que en su trabajo y labor llevaran adelante la difícil pero honrosa labor legislativa que no debe ser, ni por asomo, un asunto de improvisación. Coincido plenamente con tales planteamientos, la reelección legislativa y gubernamental le sirve a México, en tanto sus representantes le sirvan a la mejora de lo público.  

Dadas las últimas reformas electorales aprobadas en el marco del denominado “Pacto por México” se consensó en el 2012 la posibilidad de reelección para munícipes, regidores y diputados locales en una primera entrega. Para el caso de Senadores y Diputados federales, será hasta el 2021 cuando puedan sujetarse a la denominada “prueba del ácido”, siempre y cuando el aspirante busque la candidatura por el mismo partido que lo postuló. Esta cláusula de letras pequeñas fue severamente criticada por expertos y analistas porque se dijo entonces era “una concesión del sistema político para la partidocracia”. ¿Es fácil ser reelecto? De ninguna manera, es sumamente difícil ganar una reelección. En el caso de la reelección de titulares de la administración pública se debe entender que la motivación del elector estará en función de la evaluación de su desempeño y los satisfactores, cubiertos o no, por el ejercicio del gobierno. En los países con posibilidades de ello, las experiencias de candidaturas de reelección no son tan afortunadas, los ciudadanos cobran en la urna los errores y omisiones del gobierno. 

En el tema legislativo las cosas no son distintas, se requiere de un trabajo excepcional por parte del legislador que busca un escaño, incluso de mayor complejidad que el de la elección origen y esto es porque el ciudadano tiene una herramienta de evaluación directa sobre su desempeño, que premiará o castigará según sea el caso. Tal vez por eso, en el sistema electoral mexicano queda sujeto a consideración del partido la posibilidad de la reelección inmediata.

Erróneamente entendida, la reelección no es una concesión a la clase política en funciones para detentar de manera ininterrumpida el monopolio del poder político, por el contrario, es una herramienta de evaluación directa de los ciudadanos sobre sus gobernantes y representantes, es el culmen o precipicio de una carrera política que se sujeta al escrutinio feroz del elector, que puede cargar la decisión con saña o resentimiento, no solo del actor en la boleta, sino del sistema mismo. 

Mi amigo el antropólogo Jesús Gaytán me dijo a reflexión del tema: “Para la reelección mexicana, el primer paradigma a romper es el que inmortalizara Madero en su sentencia antirreeleccionista, pero también aquella que juzga y tilda a lo político con toda la carga negativa. Pero aquellos que lo logren, que rompan el hito, serán grandes líderes sociales y, sin temor a equivocarme, sólo lo lograrán aquellos que fueron capaces de cumplir una función y un valor casi olvidado en la política: el servicio público, como origen y como destino”. Luego le seguimos...

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