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OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

Cuando eres casado te sometes a una cultura de regímenes estrictos y muy puntuales. La tradición de la boda tiene muchos eventos que se encuentran muy ligados a ceremonias, ritos, costumbres que van haciendo de ese festejo una serie de compromisos a cumplir. La promesa de amar a tu pareja hasta la mismísima muerte y que antes de eso nada los pueda separar, suena como esa serie televisiva de narcos, que una vez que entras, para salir únicamente muerto. La ceremonia contempla varias secuencias de actos humanos que duran o pueden durar minutos, horas y días pero el matrimonio ya no es una ceremonia que se tenga que vivir por cortas temporalidades, por lo que habremos de cambiar este asunto de la boda por un perdurable matrimonio. Por lo anterior, algunas secuencias que se miran en la ceremonia están ligados a ciertos rituales, por el ejemplo, el lazo que se les coloca a los novios en la idea de que sea un matrimonio de muchos años. En igual circunstancia se encuentran las arras, éstas juegan un papel importante pues al entregárselas a la mujer, por parte del novio, se está prometiendo que no faltará el recurso para alimentar a la familia, estos dos aspectos, del matrimonio y los alimentos no conforman o no son ceremonias por tratarse de acciones de mucho tiempo. Algunos jóvenes que desean iniciar este proceso ceremonial de la boda se ven de pronto inmersos en una serie de requisitos que salen, ceremonialmente hablando, del contexto de la finalidad de la boda. Los actos perdurables se convierten en obligaciones que pudiesen ser una carga para ambos. Un ejemplo de lo anterior es la figura que se escoge como régimen matrimonial, que se sale de la ceremonia de la boda para entrar a los aspectos del matrimonio. El matrimonio por bienes mancomunados o por bienes separados genera una disyuntiva que es bueno dilucidarlo en pareja. Habida cuenta que habrá situaciones que puedan generar ciertos conflictos por el o los intereses que tienen cada uno de los contrayentes. Siempre he pensado que en los asuntos de pareja, nadie ajeno a ellos, puede decir que un modelo es mejor que otro, eso entra en la decisión de la pareja al momento de registrar el contrato en el Registro Civil. Por lo anterior, los lazos amorosos siempre justificarán las decisiones que se tomen, pues los argumentos para cada uno de los modelos serán puestos a la luz de los intereses de ambos. Sin duda que en estos tiempos de intensa movilidad social, lo económico no escapa en la armonización de pareja que desea tener una felicidad más duradera. La propiedad de las cosas siempre genera cierto escozor que incentive una posible discusión, que si no es bien llevada, el rompimiento de algo a futuro pudiera iniciar con un desacuerdo en este aspecto. La madurez de la pareja puede ser el primer cimiento para construir una relación de mayor alcance, sin embargo, el dinero siempre tiene planes que se salen de los gustos y pretensiones de cada quien. Quien aporta puede sentirse con mayor derecho a tener lo suyo, pero recordemos que no solo es dinero lo que se aporta en un matrimonio, sino el trabajo solidario que va amalgamando una relación fuerte y solidaria. Quienes piensan que el dinero hace la felicidad en un matrimonio construyen sobre pilares de arena. El lazo amoroso o de amor significa que cada acto amoroso en el matrimonio amalgama la felicidad y la hace más durable, por si no se entiende que significan los actos amorosos se lo diré: por parte del varón, ayudarle a la mujer a hacer el cuarto, colocar la ropa sucia en el cesto, tapar el tubo de la pasta dental, lavarle de vez en cuando la loza sucia, trapear con el mechudo los pisos de la casa, lavar el baño o ayudarle a lavarlo, lavar su carro una vez a la semana, nunca te de la luz de una nueva mañana con el problema de la noche anterior. Por parte de la mujer; permitirle al cónyuge que salga de vez en cuando con sus amigos, dejarle tener un hobby, mantener a su perrito con ellos, brindarle el tiempo necesario para la colección de autos que ha mantenido desde niño. En fin, son muchos los actos amorosos que pueden el varón y la dama propinarse unos a otros. Si hay hijos de por medio, siempre ser un factor de ayuda con la criatura. Habremos de recordar que un matrimonio es un campo de batalla donde los enemigos buscan siempre un mayor acercamiento mostrando la bandera de tregua. Dos mundos que buscan mantenerse incólumes, pues de ello depende que la individualidad alcance la comunión necesaria de permanencia duradera. Así sea.     

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