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OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

Si hablamos de vileza o de ser inmoral, hablamos de una parte del hombre que es generalmente repudiada. El poder quien lo ostenta sin estar preparado para él, lo puede convertir en el hombre o en la mujer más detestable del mundo. Al no contar con la inteligencia y la capacidad que se requiere de él o de ella. Estamos claros que algunas veces procedamos a actuar obligados por las circunstancias o por algo más poderoso a nuestras propias fuerzas, de ser así, las consecuencias de las acciones deben colegirse con el daño que ocasiona a los demás. Para que un presidente gane el título de estadista, su actuación debe enmarcarse en las mejores decisiones para el país y desde luego para sus habitantes. Como tal, deberá sujetarse a los lineamientos constitucionales que rigen su actuación en el marco jurídico constitucional, como debe hacerse para el bien de la nación que gobierna. Si a ultranza Peña defiende la Ley de Seguridad Interior, sabiendo de la inconformidad nacional e internacional pudiendo esta ley ocasionar conflictos de abusos a la ciudadanía y exponiendo al estado de derecho a ser violentado, entonces existe un interés mayor que no se encuentra en nuestra nación, sino en el exterior. Vulnerar, por decirlo así, los derechos de los mexicanos alterando de cierta manera la tranquilidad de los pobladores sin considerar la historia que hemos vivido en sexenios pasados cuando el ejército ha intervenido en los asuntos del narco en la sierra sinaloense, por ejemplo, la vejaciones que se imputaban a los miembros del ejército con la llamada “Operación Condor” y muchos ejemplos más, dejando una huella imborrable en esos pobladores que vivieron en sangre propia todos esos abusos. Si Peña insiste en dejarnos en manos de la bota, entonces Él habrá de estar en deuda con México y los mexicanos eternamente. Sin irme muy lejos de lo que los números puedan decirnos, está claro que el ejército no ha podido disminuir los índices de violencia y mucho menos reducido el número de carteles que operan la droga en la nación, entonces también está claro que no es el camino correcto a seguir. Respeto a las fuerzas armadas, pero creo que están destinadas a algo más grande que andar por las calles haciendo lo que les corresponde a las policías de los estados de la república. Las decisiones de los grandes estadistas son recordadas por la bonhomía implícitas en ellas, llevando consigo una fuerte dosis de inteligencia emocional y del conocimiento de la política internacional. La historia del mundo se construye con todos esos seres que son recordados con beneplácito, pero también con los hombres que son repudiados por su pueblo, ¿¡cómo prefiere usted señor presidente ser recordado!? Así sea.

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