NO ROBAR, NO MENTIR, NO TRAICIONAR.

JESÚS ROJAS RIVERA

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Villa Juárez es una comunidad agrícola fundada en la década de los años cuarenta, entonces perteneciente al valle de Culiacán, hoy Navolato, el municipio más joven de Sinaloa. Conozco Villa Juárez, he estado ahí entre sus calles polvorosas y su plaza multiétnica, el asentamiento de migrantes indígenas en Villa Juárez es constante y esta comunidad es considerada de alta marginación por los indicadores del CONEVAL. Tiene 24 mil 152 habitantes distribuidos en casi 30 colonias que van de marginación media hasta la más alta marginación, y más del 80 por ciento de los habitantes en Villa Juárez padecen algún tipo de pobreza.

Drogadicción, alcoholismo, discriminación y múltiples abusos contra la población vulnerable, es el contexto social en que el nació Juan Luis Lagunas Rosales “El Pirata de Culiacán”, el joven de 17 años ejecutado a balazos en Jalisco, que ha sido noticia en el mundo, un fenómeno viral que expuso la crudeza de las redes sociales.

“Así nomás quedó” era la frase que acuñó el personaje señalado por el periodista Ciro Gómez Leyva como “un bufón de narcotraficantes”, tono constante en las descalificaciones y los adjetivos calificativos endilgados al fallecido. Al Pirata todos lo juzgan ahora, pero nadie buscó ayudarlo nunca, siguiendo la regla típica de la doble moral del colectivo mexicano, que juzga y beatifica según le viene en gana.

José “Pepe” Garza le realizó una de las pocas entrevistas “serias” al Pirata de Culiacán que suma hoy más de 3.5 millones de visualizaciones. Entonces Juan Luis habló de su familia desintegrada, del abandono de su madre y su padre, de la crianza en la casa de su abuela. “Tengo carnala pero no sé cómo se llama, mi mamá me dejó de morrillo y tampoco sé cómo se llama”, confesó con lágrimas en los ojos. ¿Quién es el Pirata? se preguntó catárticamente a él mismo, en un breve ejercicio de autorreflexión ante una intimidante cámara que le hacía brotar sudor de la frente. 

Exploro esta parte de la vida del personaje irreverente, insolente e irrespetuoso, para tener un mayor contexto de su vida, que no es ajena a la realidad de miles de jóvenes en las mismas condiciones en nuestro país. El Pirata en su insolencia llevó al absurdo las opiniones de millones de usuarios de redes sociales, quienes literalmente festejaron el asesinato del menor de edad y justificaron a sus verdugos diciendo que se lo merecía por “pendejo”. Este ejercicio de deshumanización colectiva no es la primera vez que se expresa en las redes sociales. 

En las redes he visto festejar por los llamados antitaurinos la muerte de toreros y matadores, he visto festejar la muerte de futbolistas por los “fieles” del equipo contrario, he visto festejar la muerte de artistas por usuarios a los que no les gusta su música. ¿A dónde nos lleva entonces la posmodernidad?

La humanidad está deshumanizándose, dice el filósofo español Fernando Savater, cada día se pierde más el interés por la axiología que estudia los valores y la ética. La normalización de la violencia y la justificación del asesinato son un camino peligroso que nos puede llevar incluso a la extinción de nuestra propia especie.

No son pocos los filósofos, sociólogos y antropólogos que escriben sobre la falta de ética en el individualismo posmoderno, de la frivolidad y la búsqueda de la felicidad irreal e irracional, de la materialización del ser y de la búsqueda de satisfactores económicos sobre los íntimos o espirituales. Eso de lo que acusan al Pirata es exactamente lo mismo que padecen sus acusadores, al punto de la deshumanización ante el dolor ajeno. 

Al día de hoy, nadie se ha pronunciado por exigir justicia por la víctima, porque socialmente “su crimen se justifica”. Para muestra la absurda declaración del Fiscal de Jalisco, Raúl Sánchez Jiménez: “Cualquiera de los ofendidos pudo asesinarlo, porque el personaje ofendía, denigraba y amenazaba personas”. Y tiene razón, en el México de las injusticias, cualquiera puede matar con altas probabilidades de no pagar por el crimen, porque como afirma Amnistía Internacional: “La criminalización de la víctima es el primer paso para la impunidad”. Luego le seguimos...

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