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ALFONSO ARAUJO

AlfonsoAraujo

LA NUEVA NAO

“La influencia hacia el extranjero es parte esencial de la campaña de China para asentar su poder global. Ésta incluye la expansión militar, la inversión directa, el acaparamiento de recursos y el dedicar esfuerzos a influenciar las normas y regulaciones internacionales. Sin embargo la influencia de opinión es la más opaca y la menos entendida. La estrategia de Beijing es primero cortar la discusión crítica de su gobierno y luego influir en gente poderosa en EU para que ayuden a promover su narrativa. Países como Australia, Nueva Zelanda y hasta Canadá han sido sorprendidos por revelaciones recientes de esfuerzos chinos por corromper a sus políticos, universidades, empresas y think tanks. Los políticos y líderes en EU apenas están empezando a entender el problema y a presentar intentos de respuesta. 

Todos los países buscan apuntalar su influencia en el extranjero, por medio del soft power y el uso de propaganda. Pero la combinación china de tecnología, presión, exclusión e incentivos económicos es mucho muy superior a cualquier cosa que EU haya afrontado en el pasado. Cuanto antes se reconozca esta realidad tendremos una mejor oportunidad de responder”.

Este es un extracto de un artículo en el Washington Post de esta misma semana, mientras que éste es el subtítulo de la página principal del número semanal de The Econoist:

“Esta semana examinamos el Sharp power de China: las tácticas que usa para manipular e influenciar opiniones fuera de su territorio. A medida que China asciende, desea reformar el mundo de acuerdo a sus intereses”.

No es de sorprender esa evaluación, que por otro lado es cierta. Lo que molesta es el tono de ambos artículos, en los que pintan estas prácticas como inherentemente malas. 

Tendrían que morderse la lengua hasta arrancársela, porque si sustituimos “China” por “EU” en ellos, el saco queda perfectamente. De hecho no hay ningún país en la historia que haya desplegado la cantidad de recursos que EU ha usado desde la Segunda Guerra Mundial hasta ahora, precisamente para hacer eso.

Usando desde el soft power de su cultura pop y la propaganda implacable de su estación de radio Voice of America, hasta el financiamiento de golpes de estado y la corrupción de gobiernos en casi 80 por ciento de los países del mundo. Lo que muestran estos dos artículos no son una práctica reprobable de China, sino pánico ante encontrarse otra vez (desde que la URSS cayó) a un adversario de su tamaño. Así es con los bullies.

El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China.

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