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ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Ernesto alcaraz v

COLUMNA VERTEBRAL

Este escollo dramático que entorpece el progreso implica que ningún partido puede soslayarse ante las dimensiones alcanzadas. Su cuota de responsabilidad incumplida, parte desde 1997, lapso en que  todos han ejercido el poder en los tres niveles de gobernanza. Entonces, a la Clase Política Nacional le corresponde asumir el problema y ser salvaguarda de la seguridad y el orden social. No a la violencia y a la criminalidad.  

            La gente quiere que se recuperen las calles, se proteja sus domicilios, salvaguarden su integridad física y aseguren el patrimonio productivo empresarial y familiar. Y el  énfasis se ubica en la acción gubernamental para su solución. Las cifras anunciadas no resuelven el problema, sólo nos inquieta y atemoriza cuando el escozor y la incertidumbre invaden nuestra convivencia familiar y social.

Por eso, atender la Inseguridad pública no alcanza con una declaración “de banqueta” sin contenido ni viabilidad. Para ese tipo de propuestas y descalificaciones las escuchamos en el café, en las cantinas y en la reunión de amigos. Y hasta con la cubeta nos damos. No es la “Amnistía” la solución. Una propuesta tan compleja de la que ya se dijo todo lo que se tenía que decir por panegiristas y fusileros, es mejor que ahí quede.

La inseguridad es un problema serio y muy enredado que requiere de la colaboración de los más calificados expertos en la materia y de insumos personales intachables y con vocación para servir a la sociedad. No es cosa de una persona con buena intención quien imponga el orden y tranquilice a la población. Porque si de intenciones vamos, los de enfrente no se andan con miramientos ni con disculpas por dañar a la sociedad y a sus familias. La exigencia social generalizada es aplicar el Estado de Derecho y la ley contra cualquier tipo de delito, sin exclusiones ni excepciones.

¿Habría dudas? Aquí va la respuesta. En una autocrítica inusual el General Salvador Cienfuegos, de la SEDENA, dijo “que la solución a la inseguridad no puede darse en un espacio jurídico y legal de “puertas giratorias: “Si se consigna por la autoridad civil, el juez lo absuelve. Si el Ejército captura y consigna, no tiene facultades”. En el clavo. Pero aparte de la exigencia pública habría que reconocer que hay muchos casos domésticos que influyen en el problema y es responsabilidad de nosotros, los padres, atenderlo. El conflicto es de salud pública porque no sólo afecta a la ciudadanía, toca ya a la población y a la juventud, pues según cifras recientes, hasta niños de 12 años delinquen. El Bulling no les basta, van por retos mayores. ¡Una adversidad social que nos involucra a todos!

Y este arrebato delincuencial está dañando ya las fibras emocionales de las autoridades, quienes se justifican tirándose “la bolita” unos a otros: “Que las políticas públicas son ineficaces y la descoordinación de las fuerzas policiacas, ante la percepción social, resuena y acusa al Gobierno y al Estado en general.  

Y luego la réplica defensiva: “Los gobernadores no hacen su trabajo con eficacia y responsabilidad”, aduce la autoridad federal, a lo que algunos ejecutivos estatales se escudan aduciendo que es en las gendarmerías municipales donde se inicia la escalada delictuosa. Supongamos que así sea. ¿Qué hacer entonces? ¡Qué hablen los expertos!

Lo grave es que luego de 20 años padeciéndola hemos llegado a índices de criminalidad que no nos debemos permitir. Se requieren propuestas atinadas y viables que tengan sentido y orientación de justicia. No se vale absolver a nadie fuera de la ley cuando lo justo es exigir castigo para el victimario y justicia para las víctimas. Este espacio de desolación y tristeza no se puede cambiar con que la víctima perdone a su agresor. Así que,  al criminal castigo y cárcel…nada que perdón. Al ladrón, castigo, y que regrese lo robado. Sí, también incluir a los servidores públicos rateros. Pero a todos.

Sin duda, AMLO es un experto en la movilización ciudadana y eficaz receptor de la inconformidad social. Durante su proselitismo acredita deslices políticos y frases ofensivas. Hoy ofrece una propuesta desafortunada y muy cuestionada. ¿Ingenua  declaración? No lo creo. Sin duda busca echarse a la bolsa al electorado inconforme por la inseguridad y la paz deseada, y no lograda, porque para sus fieles seguidores es válido darle crédito a su propuesta. Bueno, no de todos, ya algunos se pronuncian en contrario.

Necesitamos tranquilizar nuestras emociones y procesar correctamente la información e igual acumular una buena dosis de orientación sobre lo que podamos aportar para protegernos del peligro que nos acecha. Porque se está haciendo costumbre criticar todo, sin proponer nada. Se polarizan tanto las visiones y las emociones se distorsionan que llegan al apasionamiento y a la discordia, sobre todo, cuando los sentimientos hostiles y las preferencias insatisfechas no alcanzan a indemnizar una derrota o una tragedia. Ya ni el Deporte se salva de la confrontación y la violencia en los estadios, y en las cabinas de radio y televisión, cunde la confrontación y el repudio. Lo vemos, oímos y leemos casi a diario en los análisis de los comentaristas.  

Por ejemplo: Varios de ellos le arrimaron “leña a la lumbre” en grandes proporciones, porque las “Chivas” cayeron casi al sótano de la tabla general y Jorge Vergara fue el verdugo. Pero cuando quedó campeón, fue contra todo…y a pesar de Vergara.  Y porque América no llegó a la final y Cruz Azul no fue invitado a la fiesta grande provocaron un aluvión de críticas y descalificaciones contra sus clubes y agresiones directas contra sus técnicos. ¿Imaginémonos si AMLO no gana la  Presidencia? Se observa que la mesura no habita en nosotros para mantener la consideración y el respeto por los demás. Parece que las puertas están cerradas. ¡Hay que abrirlas!