NO ROBAR, NO MENTIR, NO TRAICIONAR.

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

En la víspera de su día y al pie de la Lomita veo la movilización de los que compraron un pedacito de piso para vender sus productos. La puesta en marcha de un negocio de día y medio de duración y que se repite año con año. Desde el entronque dela calle circunvalación con la Avenida Álvaro Obregón hacia arriba por ambas aceras los puestos de venta, que varían en sus tamaños, empiezan a cobrar forma para la noche de la serenata a la Virgen María o a nuestra Guadalupana. Desde un atole de pinole hasta suculentas frituras se expenden durante ese día y medio. Los cacahuates, las salchichas asadas, los hot cakes, esos que se parecen mucho a los de la verbena, tortas, chimichangas, juguetes para los niños, y lo que nunca falta es ese caballo con el fondo de la Virgen en que los niños vestidos de Juan Diego y de María se fotografían guardando el recuerdo para ese año. Toda una aventura llegar al altar de la Lomita para ponerle una veladora o recitar un rosario para que nos haga el milagro de sanar a uno muy cercano de nosotros, si no, a nosotros mismos o pagar un milagro ya recibido. La tradición de cantarle a la Morena por los famosos de México en la Basílica en la Ciudad de México data de muchos años. El cerro de Tepeyac se viste de gala al recibir a los más connotados artistas y cantantes para rendirle homenaje a nuestra Madre. La tradición de la Guadalupana o de la Morenita nos ha asistido desde niños, quién no recuerda haber asistido a la lomita vestido de Juan Diego subiendo los más de 100 escalones o 121 como dicen algunos, de manera diferente. La Fe es algo que nos mueve y si la tuviésemos del tamaño de un grano de mostaza seguro es que moveríamos esa montaña de problemas que nos aquejan en el diario cotidiano. La verbena no se hace esperar y entre un cacahuate y otro llegas a la explanada del templo. Ves personas serenas y otras desesperadas por algún mal que les aqueja. Los rostros se observan con dolor y algunos con cierta desesperanza. La mayoría de la gente viene de poblados aledaños a Culiacán, otros se dejan venir de los distintos municipios de Sinaloa. En fin, los visitantes son tan diferentes en sus peticiones y tan iguales en sus sufrimientos. Lo cierto es que algo esperan con la venida al templo y seguro es que se les haya cumplido por lo que esperan este día para pagar el encargo. México y los mexicanos es y somos guadalupanos, nuestra tradición cultural nos lleva a tener siempre una imagen de nuestra Morena en casa o en la cartera, aunque  escasos de billetes, si por con un contenido de Fe que pocas veces se entiende en otros países del mundo. Juan Diego, quien fuera el encargado de darnos a nuestra Virgen goza ya de un reconocimiento por el Vaticano, de nosotros los mexicanos siempre. Así sea.

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