JESÚS ROJAS RIVERA

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Enrique Krauze es uno de los intelectuales mexicanos más reconocidos en el mundo, historiador miembro de la Academia Mexicana de Historia y El Colegio Nacional, dijo respecto a la polémica declaración de Andrés Manuel López Obrador sobre dar “amnistía” a los delincuentes: “Un guerrillero mata por ideología, un criminal mata por dinero. Amnistiar a un guerrillero es estrategia, amnistiar a un criminal es complicidad”.

López Obrador erró, no es la primera vez que disculpa a la delincuencia, lo hizo antes en Nayarit, cuando las fuerzas federales abatieron en un enfrentamiento al presunto narcotraficante líder de una célula criminal apodado “H2” que mantenía el control del tráfico de drogas en el sur de Sinaloa y el estado de Nayarit. 

La línea discursiva del tabasqueño radicalizó de nuevo a la opinión pública del País. Andrés Manuel pidiendo amnistía para delincuentes con el consentimiento de las víctimas ha sido el tema de discusión en medios nacionales e internacionales. Si en algo es experto el eterno candidato es precisamente en la polarización de la opinión de las masas. 

En Guerreo está Ayotzinapa, donde 43 estudiantes desaparecieron por órdenes del Presidente Municipal José Luis Abarca, un perredista impulsado por Lázaro Mazon líder del grupo político del tabasqueño en aquellas tierras. La idea de que la izquierda mexicana también asesina se impostó en los mexicanos a partir de entonces. Ayotzinapa nos demostró que los vínculos de la delincuencia organizada van más allá de las ideologías y que ningún partido político está exento de sucumbir a la tentación mafiosa.

Resulta interesante escuchar que esta declaración se realizó ahí, en un estado ícono de la corrupción mafiosa que genera violencia desde las instituciones. Si bien es cierto en todo México no hay lugar inocuo de corruptos, Guerrero es la representación máxima de la deformación de la dignidad gubernamental. 

Si lo que el candidato de Morena buscaba era atraer los reflectores lo logró, pero el costo de la declaración fue muy alta, tal como lo afirma Héctor de Mauleón en su columna “El perdón de AMLO”: “Le pregunté al profesor Díaz Navarro su opinión sobre esto. Me dijo: ‘Ojalá a AMLO nunca le secuestren, torturen, asesinen, desaparezcan o quemen a sus seres queridos. A ver si después de eso vendría a Guerrero a ofrecer perdón’”.

Y ese es justo el sentimiento que dejó la declaración en cientos de miles de víctimas de la violencia, aquellas que llevan años exigiendo justicia a los sordos oídos de una autoridad lenta que ofrece a las víctimas y sus familiares solo un 8 por ciento de probabilidades de tener justicia y que los criminales paguen sus delitos.

Así en el México de la impunidad sistémica, la declaración no puede ser bien recibida por ningún sector social, salvo por aquellos a quien va con dedicatoria el agasajo discursivo del precandidato. La otra lectura, la más penosa, es que Andrés Manuel mostró con claridad el interés por congraciarse con los factores del poder local que operan al margen de la ley. 

Veremos más adelante cómo se comportarán las encuestas, porque si de experiencia hablamos, el que explora la amnistía como solución es también experto en demoler sus logros y los puntos de ventaja con los que proceso a proceso arranca en las preferencias. Si de algo no tengo duda es de que Andrés Manuel, el que pide perdón por los criminales, es un gran experto en dinamitar sus propias aspiraciones en lo imprudente de sus declaraciones y lo radical de sus posturas demagógicas. Luego le seguimos...

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