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ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

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COLUMNA VERTEBRAL

Considérelas aunque no serán necesariamente los resultados de mañana. Dicen quienes las realizan que son fotos del momento. Pero seguro serán reflejo e información diaria y semanal con flashazos diversos que iluminarán o encandilarán los escenarios electorales e influirán en la conciencia ciudadana. Pero los números se moverán en la medida que la campaña avance y los electores empiecen a reflexionar y a tomar sus posiciones. Y esto va sin destinatario, porque es lo que va a ocurrir.

Los que llegaron al tope irán a la baja y los que empiezan sus recorridos y mejoran estratégicamente sus encuentros ciudadanos tendrán la posibilidad de subir o estancarse. Así que para el 2018 se esperan rebases “dizque ideológicos” por las dos vías: Desde la izquierda transitando por la derecha, y viceversa.  Por el lado de los independientes, por ahora es mejor esperar que alcancen completar sus firmas. 

            Pero de veras que las encuestas nos abruman con tantas cifras tan dispares y contradictorias, y por la actitud de los imperturbables académicos y analistas políticos que las interpretan y ofrecen sus juicios nada ajenos a sus preferencias e intereses. En serio que  la elección presidencial ocupa tiempo y espacio en la reflexión familiar y   se mezcla con mucha frecuencia con los asuntos del trabajo. Es tema diario de discusión.

Pero es interesante interactuar con ellas porque hay diversas opciones ganadoras, personajes que cuadran con la pluralidad de los ciudadanos y de nuestros hijos mayores de edad. Y creo que aquí están las mejores opiniones y análisis. Pero en muchos casos cae en el gozo extremo del humor negro de los mexicanos cuando se escuchan o leen expresiones que no corresponden a la calidad de aspirantes. y dependiendo de quién las emita y el nivel del adjetivo o el desliz discursivo, será la intensidad de la parodia.  

Dice alegóricamente Francisco Abundis de “Parametría”: “Las empresas encuestadoras coinciden… en que no coinciden”. Desde luego que se refiere a los resultados. Pero  hoy sí observan coincidencias: AMLO es el puntero de todas, aunque caen en la desproporción cuando de ventajas en puntos porcentuales se trata y de escenarios poco creíbles, cuando sus cifras están alejadas de la percepción ciudadana.

Y eso sin contar que Andrés Manuel tiene la suya que le da 15 puntos de ventaja sobre cualquier oponente y la seguridad que obtendrá 20 millones de votos. Así visto por él, nadie le ganará. Y ahí está el problema: Que de cuajo rompe con la sana incertidumbre electoral que todos miran y aprecian en este proceso: Que será altamente competitivo y de poco margen al ganador. Y que la moneda está en el aire. Pero para AMLO, no.

Con todo y eso las encuestas siguen siendo un importante referente para conocer la opinión de los ciudadanos. Porque no hay otro método o no lo quieren inventar. Para qué. Si ya tienen 23 años ejerciendo ese monopolio electoral y gozando dividendos.  

Entre las encuestas y nosotros, seguramente daremos, veremos y escucharemos reclamos y rechazos hacia quienes se dicen de izquierda o derecha y contra quienes se identifican con el centro derecha o centro izquierda. Términos deslumbrantes que están en la concepción de las dirigencias partidistas y en los ideólogos y  analistas políticos. Quizás la decisión suya y mía ya la tengamos definida y muchas otras engrosarán el colectivo electoral que ante las urnas, con las boletas en la mano, harán el cruce de sus preferencias.

Pero igual habrá muchos que poco entienden esa rara mezcla de partidos en alianzas por las cuales se moverán hacia donde más les convenga y seguirán siendo y haciendo todo lo posible para que la ciudadanía se aleje cada vez más de ellos. Ese mal fario de los políticos de seguir distante del electorado por persistir en el pragmatismo, cuando sus ideologías son cuestionadas y sancionadas por la ciudadanía.

Es cierto que las encuestas no siempre gustan. Y se hablará bien de ellas o no, cuando les va bien o mal. Y nos confundirán, porque el maniqueísmo se impondrá y las percibiremos a conveniencia de quienes las patrocinan. Pero  finalmente de eso se trata: no importa si las encuestadoras sean serias y si estén o no registradas ante el INE. O que sean empresas “patito” que nacen a raíz de los procesos electorales y de las que no se sabe quién las manda a hacer.  Lo interesante es saber que hay candidatos para todos los gustos y preferencias y que la mayoría va a decidir. Usted y yo podemos promover a quien queramos y votar por quién más nos convenza. Y quien no lo haga no le asistirá el derecho a protestar por algo en lo que no participó o vociferar sobre algo que no le consta.

A las encuestas no tiene sentido ni buen final cuestionarlas. Sólo atenderlas y tomar las debidas y urgentes precauciones: Que no nos debilite ni nos enfurezca, y menos, que nos confronte. Quienes queramos  ejercer nuestro derecho a promocionar a quien sea de nuestras preferencias y votar por quien más nos convenza, con orden y civilidad, hagámoslo.

Y entenderlo bien: Saber leer las encuestas es bueno, porque nos recuerda por experiencias pasadas, que las cifras de hoy, si bien decepcionan o emocionan, no serán los mismos datos de mañana. Nuestra actitud y decisión puede cambiar en cualquier momento y por cualquier partido y candidato. Así pues, transitemos a su ritmo y aparición, pero ¡que no nos abrumen las encuestas!