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ALFONSO ARAUJO

AlfonsoAraujo

LA NUEVA NAO

Recientemente realicé varias visitas en China a gobiernos locales y a empresas con presencia internacional. Sus propuestas para realizar proyectos de cooperación comercial en México son en extremo, interesantes, sus presentaciones espectaculares y sus análisis de costos de operación, detallados.

Además, siempre nos regalan alguna corbata o una artesanía local, a lo que por supuesto correspondemos con sendas botellas de tequila o artesanías mexicanas siempre preparadas para el efecto. Todas estas cosas son encomiables y mi lector que ya me conoce pensará que ahora diré que normalmente hay un contraste con el nivel de preparación de las presentaciones de los visitantes mexicanos. En efecto, eso pasa frecuentemente.

Pero hay algo más. En todas las visitas, entre nuestros interlocutores chinos siempre hay por lo menos una persona que habla español perfectamente. El perfil de esa persona es: graduado de una universidad especializada en lenguas, en comercio o en relaciones internacionales; y con estudios adicionales o por lo menos habiendo vivido en España o Latinoamérica.  Y además ya tienen nombres en español como Pedro o Paco. Al final, la reunión se conduce con frecuencia en inglés, que es el idioma que todos los participantes hablan, pero el chino hispanohablante siempre puede preguntar cosas adicionales o clarificar conceptos que la parte mexicana está discutiendo. En el equivalente chino del

Departamento Internacional de una Secretaría de Desarrollo Económico, hay manuales gratis para empresas chinas para hacer negocios en cada país del mundo: hay muchos manuales de EEUU, Francia, Rusia y México. Pero también hay manuales igual de detallados para Trinidad y Tobago, Costa de Marfil ó Malta.

A ojo de buen cubero, la cantidad de mexicanos que estamos en China que podemos llevar una reunión de negocios en chino y hacer la interpretación, de la misma manera y con la experiencia equivalente con que lo hacen los chinos, es de menos de 50; en México un número similar. Una reunión con gobiernos o financieras, alrededor de 15; y unos 20 más en México. Y si bien mi lector pensará que no es un problema tan grande ya que terminamos usando inglés, mi punto es que estos raquíticos números son un indicador pasmoso de la falta de inversión que hacemos en capital humano preparado para China. Urge que nos enfoquemos en serio a desarrollar el conocimiento y la experiencia necesaria para lo que será una relación cada vez más importante para México.

El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China.

 

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