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AMBROCIO MOJARDÍN HERÁLDEZ

AMBROCIO MOJARDIN

VISOR SOCIAL

La violencia en el trabajo es un fenómeno grave, que tiene en el mobbing (acoso laboral) a su mejor expresión. Casi pasa desapercibido porque la mayoría de las personas lo asume como simple efecto del estilo gerencial que sigue la empresa y no se le da importancia hasta que sus efectos trascienden los espacios y tiempos del trabajo. 

Múltiples evidencias indican que este fenómeno no solo afecta la productividad laboral, sino que daña la condición de salud en las personas y los ambientes en los que estas se desenvuelven. 

Así como el “bullying” o acoso escolar rebasa los espacios de las escuelas, el “mobbing” rebasa los ambientes del trabajo. Las víctimas sufren los efectos en prácticamente todas las áreas de su vida.

Dependiendo de la fortaleza psicológica de la víctima y de la extensión de tiempo en que ha sufrido el mobbing, las víctimas pueden llegar a desarrollar enfermedades leves como gastritis, insomnio, inseguridad e irritabilidad, o enfermedades graves que incluye afecciones cardiovasculares o diabetes y hasta cometer homicidio o suicidio. 

El “mobbing” o acoso laboral es muy característico de trabajos con altos niveles de competencia interna, un marco ético muy limitado y un ejercicio del derecho muy pobre. Consiste en acciones de hostigamiento recurrente y gradual entre trabajadores (mobbing horizontal), o de una autoridad contra un trabajador (mobbing vertical o “bossing”). 

Quien ejerce “mobbing” por lo regular cursa por inestabilidad personal acumulada. Con su comportamiento busca confirmar identidad o poder, por eso se empecina en hacer que la víctima abandone el trabajo, o cometa el error que amerite su despido. Esta situación puede durar semanas o hasta años y las agresiones van subiendo de tono hasta llegar a la agresión física, o atentar contra sus propiedades. 

Según la psicóloga Marie-France Hirigoyen el perfil social y psicológico de los acosadores laborales incluye a) antecedentes de abuso, b) baja autoestima, c) inseguridad personal y d) poca asertividad para enfrentar la competencia. En contraste, se hacen pasar por personas sociables, solidarias y protectoras.

Desde la perspectiva de la especialista, los acosadores más radicales usan la sonrisa, una cara “agradable” y el acercamiento emocional como estrategia para conseguir control y eliminar competencia. Si no lo logran de primera intención, reaccionan de forma radical y pasan de ser “amables” y “solidarios” a ser fríos y excluyentes. 

Esa exclusión se va agravando hasta llegar a la violencia directa, o se extingue cuando ya no percibe a la víctima como riesgo. Se vuelve hostigamiento y ataques indirectos que se agravan si no obtienen sumisión o retirada; aumenta significativamente cuando la víctima intenta “hacer las paces”. 

Por lo regular, el acosador no acepta una relación horizontal si le queda claro que la víctima prefiere distancia o independencia. No lo hace, porque ve riesgo a sus ambiciones de poder, riquezas, posición social o reconocimiento, que son su motor principal. Entonces, intensifica el acoso para “eliminar” (despido o renuncia) a su víctima y satisfacer sus carencias psicológicas. 

Una forma sencilla de identificar que se vive mobbing laboral es a través de responder las siguientes preguntas: 

¿Recibe tratos inadecuados de sus superiores o compañeros? ¿Le asignan tareas y encargos imposibles de lograr? ¿Le cambian horarios o instrucciones con frecuencia? ¿Le sobrecargan de responsabilidades? 

¿Le esconden información clave para el desempeño de su responsabilidad? ¿Le han negado o escatiman los recursos que son indispensables para el cumplimiento de sus tareas? ¿Le evalúan continuamente y sin previo aviso de manera malintencionada? ¿Le asignan tareas humillantes y ridiculizan su trabajo? ¿Le han bloqueado su desempeño negándole, atrasándole, o condicionándole el acceso a su materia prima? ¿Le han perseguido administrativamente de manera dolosa para encontrar error en su desempeño y castigarle? 

Si la respuesta es sí a una o varias de estas preguntas es muy probable que esté viviendo “mobbing” en su trabajo. Si es así, la recomendación es enfrentar el problema y acudir a un experto del área laboral (derecho o psicología) para recibir orientación. Si es necesario, acuda a una autoridad laboral y pida su intervención.

Muchas veces no se hace por la esperanza de conservar el trabajo o lograr un ascenso, pero eso es una mala decisión. El mobbing no solo seguirá siendo el peor enemigo de sus propósitos, sino que se consolidará como enemigo fuerte para su salud física y mental. Enfrentándolo, muy probablemente se libere de ambos riesgos. ¿O usted qué opina?

@mbrociomojardi; Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.