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MANUEL CÁRDENAS FONSECA

MANUEL CARDENAS FONSECA

Parece que no hay mejor momento para ver las incongruencias que caracterizan a los grupos políticos y económicos del país que durante los procesos electorales, más cuando se elige a un nuevo Presidente de la República. Todo indica que donde privan los intereses se olvidan los principios y las creencias.

Ahora no es la excepción, en México, a diferencia de otros países en que sus ciudadanos esperan propuesta y programa, a pesar de que los poderes económicos y mediáticos por años (quizá hasta por décadas) han defendido la necesidad de cambiar viejas prácticas políticas y avanzar hacia esquemas más “democráticos” y transparentes en la selección de los candidatos de los partidos políticos, a la hora de la hora no pueden resistirse al “canto de las sirenas”, y sucumben embelesados a las liturgias de las agrupaciones políticas y expresan abiertamente halagos y reconocimientos gratuitos.

Los dueños del poder, que incluye una de sus variables (dinero), los poderes económicos, grandes empresarios y banqueros y sus agrupaciones, muy pronto olvidaron las críticas que recurrentemente han vertido sobre el desempeño de la economía mexicana: la falta de crecimiento, la ausencia de políticas públicas que impulsen la productividad, el exceso de trámites, el gasolinazo y los pobres resultados alcanzados en muchos indicadores económicos.

Hoy reconocen las virtudes personales y profesionales del seguro candidato priista a la Presidencia de la República, dejando atrás sus críticas al desempeño económico del país, o manteniéndolas sin querer darse cuenta que el encargado de la política hacendaria tanto en la anterior administración, como en la presente, es la misma persona que hoy encumbran y “apapachan”. Tal parece que la investidura de candidato blinda contra todo y saca a la luz virtudes desconocidas e insospechadas.

Aquí se trata de ver la actitud de estos señores del poder y del poder/dinero y no de calificar el desempeño de una persona (José Antonio Meade Kuribreña) que lo menos que se le puede reconocer es transitar por la administración pública manteniendo buena fama pública respecto de su honorabilidad, capacidad y honestidad, que eso ya es mucha cosa.

Se trata de que esos señores criticones ahora se postran y definen su querencia cuando que han venido criticando resultados de programas, de políticas públicas, de crecimiento económico y de rentabilidad de sus negocio$. Si fueran congruentes y honestos entonces debieran decir que la economía del país ha transitado muy bien en los últimos 9 años y que la persona ahora en ciernes de ser el candidato de uno o varios partidos, ha sabido aplicar correctamente esos programas y de allí los resultados obtenidos que para ellos son satisfactorios y por eso piensan en él.

Pero lo que hacen es como decir: la economía está mal, pero quien ha sido el encargado de conducirla es el más apto para hacerlo (sin comentarios); Eso es querer engañarse en sí mismo para no reconocer aciertos y presionar para sacar más raja de la renta del Estado Nacional y eso no es honorable ni ético ni sano ¿Cómo entender que los dueños de los medios de comunicación, por un lado lo quieren de candidato pero por el otro, bajo y so pena de la “libertad de expresión” sugieren de muy diversa forma a sus empleados que critiquen los resultados de la gestión presidencial?

Yo creo que lo que sí podemos esperar, en caso de que gane el proceso electoral, es que se mantendrá la misma línea económica, lo que sea que eso signifique y como lo interprete cada quien en su propia realidad o irrealidad que viva.

Aquí a quien se critica es a quienes desde sus posiciones de poder acomodan sus argumentos para salir siempre bien librados, y hacen de su incongruencia, una forma de ejercicio del poder, para construir “verdades a medias” y promover sus intereses ante cualquier circunstancia.

Lo mismo sucede con los comunicadores que después de semanas y hasta meses, de cuestionamientos, críticas y descalificaciones, hoy celebran las decisiones y se suman a la fila de aduladores de los candidatos. Los mexicanos no dejamos de ser una sociedad de rituales, formalismos y ceremonias; el problema estriba en que criticamos en los otros lo mismo que nosotros practicamos.

Y que decir de quienes desde las trincheras políticas y otros espacios públicos se rasgan las vestiduras y ejercen la crítica a los rituales del partido en el poder para elegir a su candidato o para designarlo en este caso, cuando dentro de sus partidos aplican las mismas prácticas, quizá con menos pompa, pero con los mismos objetivos. O ¿qué no sabemos quiénes serán los candidatos presidenciales del PAN o del Frente en su caso, y de Morena?

¿A poco los demás partidos elegirán a sus candidatos a través de procedimientos de consulta interna amplios, o sólo se simulará para aparentar lo que no es y justificar lo que ya se tiene decidido con antelación?

Todo indica que las experiencias con las democracias internas de los partidos, no han logrado buenos resultados y se han reflejado más bien en divisiones internas que en éxitos electorales. Hoy todos optan por acuerdos internos entre las diversas corrientes, por repartirse el pastel, en aras de la unidad, o en imponer condiciones en beneficio de personas o de grupos. ¡Que triste realidad, pero a todas luces cierta!

No nos engañemos, la contienda electoral no se tratará de propuestas y programas de beneficio social, sino de quien tiene las mejores estrategias para ganar y tiene más eficiencia para operarlas. Los ciudadanos nos encontramos atrapados en una red de intereses, en donde lo más seguro es que no estemos representados y sólo importamos en función del voto.

Mientras los ciudadanos nos decidimos a jugar más activamente en política y convertirnos en los verdaderos protagonistas de los procesos electorales, seguimos presenciando las incongruencias de los grupos de poder y viendo cómo se ajustan las opiniones y los argumentos a las conveniencias. Yo ya me cansé de estos juegos ¿ustedes no?

¡Ah! Sobre José Antonio Meade escribí hace 3 años (aproximadamente) que pienso de él como persona y de su desempeño como servidor público y lo escribí en el periódico Noroeste de Sinaloa antes de que me censurara y cortara el espacio (14 años aproximadamente [ininterrumpidos])  porque no gustó la crítica al solapamiento de la corrupción selectiva desde algunos transitorios ejecutivos y dirigentes en COPARMEX, pero estoy seguro que tanto ese diario como el sindicato empresarial, más pronto que tarde volverán a manos plurales, demócratas y libres.

¡Muchas gracias y sean felices!

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