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ALFONSO ARAUJO

AlfonsoAraujo

LA NUEVA NAO

Mi lector que ya me conoce sabe dos cosas: que los chinos para todo tienen una anécdota, y que cada mes o mes y medio me dedico a traducir un segmento de los Anales de Lu Buwei, un libro clásico que a este paso espero terminar para antes de cumplir 90. En fin, que el capítulo que he escogido para hoy tiene algo que ver con lo que estamos viviendo actualmente con este estrés electorero pre-2018 donde nos preguntamos, ¿cómo es que los poderosos escogen a alguien para promocionarlo? Veamos:

“Todo mundo está de acuerdo en que alcanzar la perfección es imposible: usar el estándar de ‘perfección’ para promover oficiales va contra la esencia misma de las cosas. El rey Yao tuvo reputación de desdeñar a su padre, el rey Yu de ser demasiado ambicioso, y los reyes Tang y Wu fueron acusados de maquinar la expulsión de sus pares. Todos ellos durante sus administraciones son recordados como grandes reyes, pero viendo estas otras cosas, ¿qué diremos de la idea de ‘perfección’ para un puesto de autoridad?

“El sabio hace esto: a los demás hombres, los juzga y los hace responsables de sus acciones, basándose en los estándares aceptados de talento; pero al juzgar sus propias acciones, usa la vara de la rectitud moral. Ya que a los demás hombres los juzga respecto a los estándares comunes de capacidad y talento, es fácil encontrarlos y asignarlos a todos los puestos que necesita. Ya que él mismo se juzga en base a la rectitud moral, su actuación será escrupulosa y no se permitirá desviarse de lo que se considera correcto. Así, se le pueden encargar grandes responsabilidades y no fallará, pues su conducta será honrosa y las de sus subordinados, efectivas.

“Un hombre necio no actúa de la misma forma. Al juzgar a los otros, usa la moralidad, y al juzgarse a sí mismo usa las medidas comunes. Si juzga a los demás de esa forma y así lo hace ver, nunca serán suficientes para ningún cargo y los irá perdiendo a todos, uno por uno. Si se juzga a sí mismo sólo por capacidades, puede definir sus capacidades como mejor lo desee y sus acciones nunca serán más que mediocres: actuando así invita el peligro para sí y el caos para su nación.

“Un trozo de madera tendrá nudos, y un pedazo de jade, imperfecciones. Aun así, es posible seleccionar madera y jade para crear piezas hermosas y útiles. Cuando Ji usurpó el trono de Lu, aún entonces Confucio se acercó a él para instruirlo, dejando de lado su acción primera. Para salvar al que se ahoga, hay que mojarse”.