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OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

No es un número al azar, ni tampoco el resultado de la rifa de $ 50,000 que hacen algunos para recabar fondos para escuelas con problemas de estructura por ser mal construidas. Ni tampoco es el número de mi casa, mucho menos los cuatro últimos dígitos de mi tarjeta de débito. 3303 es el número que publica Noroeste de jóvenes asesinados en 6 años, entre el 2011 y el 2016. Cifra nada despreciable, aun tratándose de actos de violencia donde el narco o cualquier otro movimiento ilícito tienen resultados desastrosos. Son jóvenes que tienen papá y mamá, hermanos y hermanas, son jóvenes que por alguna razón inexplicable estuvieron en el lugar y en el momento menos indicado. Noroeste dice que 815 de ellos estaban entre los 11 y 20 años de edad. Imaginémonos por un instante que uno de ellos fuese nuestro hijo o hija. Probablemente nadie se ponga en los zapatos de ellos, y estoy seguro que nadie lo desea hacerlo. Pues tampoco los padres de esos jóvenes lo quisieron ni lo desearon. Simplemente fueron víctimas y con ello padecer el dolor de ser padres. Ellos no quieren saber los motivos de sus muertes, porque a un padre o madre no le interesa saber por qué su hijo ya no está con ellos, solo vive el dolor de saberse lastimado y ultrajado en la parte más íntima de su ser. Las cifras estadísticas no incluyen el sentimiento de nadie, son números que informan el estado de cosas que guarda una situación en particular. Los números deben alertar a las autoridades de que algo malo está pasando y algo importante está fallando. No necesitamos ver una tendencia para dar cuenta de que aquello sigue avanzando. Un dato es suficiente para la intervención de todas las autoridades competentes. Por qué esperar a ver una tendencia como la que publica este diario; 2011 (854), 2012 (641), 2013 (500), 2014 (406), 2015 (400) y 2016 (502). ¿Acaso somos masoquistas que nos agrada ver cómo las cifras van en aumento o en disminución? Señores, son jóvenes que perdieron la oportunidad de ser alguien mejor de lo que eran, jóvenes con sueños y realidades difíciles, pero que estaban en la lucha por algo. No podemos seguir soportando el dolor de la ausencia del futuro de nuestra nación. Nos guste o no, serán los representantes de nosotros en este futuro incierto que se nos avecina y debemos tener a los mejores jóvenes para que puedan enfrentar ese futuro. Si alguien presume que las cifran han ido a la baja, tengan cuidado, pues no sabemos si nuestros hijos serán los próximos hasta que se alcance la cifra 0. Así sea. 

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