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ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Ernesto alcaraz v

COLUMNA VERTEBRAL

El descrédito ciudadano hacia los partidos políticos y la persistente crítica mediática junto a la rudeza en redes sociales contra el gobierno y los partidos políticos, parecían motivos suficientes de un quiebre a favor de las candidaturas independientes. Pero no se ve entusiasmo y los aspirantes independientes no prenden, no movilizan y se aprecia una precaria adhesión ciudadana en la recolección de las 896 mil 296 firmas de apoyo que requieren para poder ser acreditados candidatos. Esta figura electoral tenía décadas fraguándose entre grupos de apoyadores políticos e intelectuales motivada por el descontento social y la exigencia que los partidos se comportaran cono verdaderas Instituciones de Interés Público.

Correcta en principio la demanda, aún y cuando dudáramos de sus promotores que si bien dicen luchar para proteger intereses sociales, igual encauzan otros de orden privado o de grupo de interés político y económico. Y si lo ocultaban, se corroboró. La iniciaron con la ciudadanización del IFE para luego ser notables integrantes. Y después, los Organismos No Gubernamentales (ONG´s). Y así, hasta ahora. Revise y recuerde el “Grupo San Ángel”, que con el respaldo de analistas, intelectuales y opinadores de los diversos medios de comunicación programaron foros ciudadanos, escribieron ensayos políticos y libros sobre el tema. Incidieron en la figura independiente, incluida ahora el proyecto “Gobierno de Coalición”. Generaron  tal influencia y presión ciudadana que el proceso legislativo siguió su curso. Se debatió y se legislaron y proclamaron ambas iniciativas.    

En aquellos años Jorge Castañeda, su impulsor principal solicitó su registro por esa vía y fue rechazado por no estar contemplado en la Constitución ni en la legislación electoral. Impugnó y obtuvo el beneplácito de instancias internacionales y se dio la presión para su instauración. Hoy la Candidatura Independiente es constitucional y legal. Y se pensaba que para el 2018 el candidato independiente ideal sería él mismo. Pero visualizó que múltiples aspirantes al mismo cargo presidencial iba a dar al traste con la idea original: Ser espacio de atención y derecho ciudadano y compromiso de quién deseara participar ajeno a partidos políticos. La disidencia, pues.  

Hoy, con tanta crítica y denuncia contra la legislación y la autoridad electoral ejercida por los propios aspirantes independientes, se piensa que los promotores fueron “chamaqueados”. ¿Hubo inexperiencia e interés por desatender lo básico?: ¿Equidad y proporcionalidad? A la mejor las dos. ¿O una intencionalidad legislativa adversa? También. Porque es cierto que la vara para salvar los obstáculos está muy alta (firmas de apoyo), los requisitos fiscales y de operación complicados y financiamiento escaso.

Pero en fin, la ley así está y los requisitos se tienen que solventar. Y si prospera la protesta independiente, pues programar para el próximo año una reforma más. Lo que trasciende es que a pesar de la inconformidad generalizada de la ciudadanía por la baja aceptación y corrupción de los gobiernos en sus tres niveles y el descrédito hacia los partidos políticos, los independientes no conectan ni ilusionan. Y visto desde el elevado índice de abstención se creería natural y lógica una tumultuosa adherencia ciudadana. Pero no. A casi un mes de la búsqueda de los registros de apoyo, no logran avanzar con certeza para garantizar las firmas necesarias y acreditarse candidatos independientes. Sus expresiones políticas y declaraciones públicas no levantan entusiasmo, las simpatías son escasas y la confianza esperada no se da. Ante ello, se expande la idea que esos espacios de inconformidad, no van a ser llenados por ellos.   

            Igual me imaginaba que los que reniegan de los partidos políticos saldrían de a montón para apoyar a los aspirantes independientes, y pensé que finalmente los electores reacios y abstencionistas tenían ante sí una nueva opción que les cuadrara. Pero tampoco sucedió y creo que seguirán en su misma actitud. Se comprueba que los ciudadanos son inteligentes, pero también indolentes y desconfiados.

Sólo hay que analizar el extraño comportamiento de las encuestas y la actitud de los encuestados: Resulta que mientras los sondeos dicen que Margarita Zavala tiene entre 10 y 12 por ciento de preferencias electorales, a un mes de distancia apenas lleve poco más de 150 mil firmas recaudadas. Con esa preferencia de los electores, hecha acción ciudadana, Zavala hubiera resuelto holgadamente, ya, el problema del registro de firmas. Sí, somos buenos para opinar, pero descreídos y desinteresados hacia toda propuesta. E insisto. Si se dicen representar la esperanza por un México Mejor, ¿por qué la ciudadanía no abraza esa aspiración tan deseada y esperada?

¿O ya advirtieron que Margarita Zavala compite como independiente porque era rival de peligro para Ricardo Anaya, o porque Armando Ríos Piter rechaza los  procedimientos de su ex partido? O que Jaime Rodríguez crea repetir el éxito estatal cuando el reto es gobernar el territorio nacional. ¡Y bien! A veces me pregunto: ¿Por qué se desvaneció el impulso mediático inicial que tuvo Armando Ríos Píter, a quien catalogaban como el “Macron Mexicano”? muy sencillo, porque en ningún caso, el estigma modificó la percepción.

No engañan al electorado, pero éste sí los está desengañando. Sus intenciones por figurar y la realidad de la respuesta ciudadana, es elocuente. Pero sin duda, conviene vivir esta experiencia electoral y que alguno de ellos se acredite y oficialice candidato independiente. ¡Qué tanto esfuerzo, no sea una quimera!